En los guisantes con jamón encontramos un ejemplo perfecto de receta fácil y muy rica. Fácil porque su elaboración no te llevará más de media hora y rica porque el sabor de los guisantes casa a la perfección con el jamón (y con la cebolla y el huevo escalfado que realizamos para redondear la elaboración).

¿Qué tipo de guisante elegir? En el mercado podemos encontrar varios tipos de esta verdura: frescos, congelados y en bote. Obviamente la mejor elección siempre va a ser elegirlos frescos, sobre todo ahora, que estamos en la mejor época para su consumo (de noviembre a marzo). Eso sí, hoy en día podemos encontrar guisantes congelados de muy buena calidad.

La misma pregunta nos podemos hacer con el jamón. Obviamente no vamos a usar un jamón ibérico de bellota, pero tampoco el jamón más barato que encontremos en el mercado. Tenemos que utilizar un buen jamón, pero sin pasarnos de precio.

Valor nutricional de los guisantes

Tal y como explica la Fundación Española de la Nutrición (FEN) "una ración media de guisantes tiene casi tanta proteína como un huevo entero (aunque es de menor calidad), menos de un gramo de grasa, y nada de colesterol. Además es fuente de minerales tales como el fósforo y el potasio".

La FEN especifica, respecto a las vitaminas con las que cuentan los guisantes, que "hay que destacar su contenido en tiamina, niacina, folatos, y fundamentalmente en vitamina C (si bien una parte considerable de la misma puede perderse durante el proceso de cocción). Los folatos contribuyen al proceso de división celular y a la formación normal de las células sanguíneas. Además, contribuyen al crecimiento de los tejidos maternos durante el embarazo. De ahí la importancia de ingerir alimentos con altos niveles de ácido fólico en este periodo tan crítico. El consumo de una ración de guisantes cubre el 38% y 23% respectivamente de las ingestas recomendadas de tiamina y niacina en hombres de 20 a 39 años con actividad física moderada".

"Tampoco podemos olvidar su aporte a la dieta de aminoácidos como la leucina, la lisina, la fenilalanina, la arginina o la alanina", destaca la Fundación Española de la Nutrición.

Ingredientes para dos personas

  • 250 gramos de guisantes finos
  • Media cebolla
  • Un diente de ajo
  • 100 gramos de jamón
  • Dos huevos
  • Sal, pimienta y aceite de oliva

Pasos para su elaboración

  1. Comenzamos la receta cortando la cebolla en brunoise (primero en horizontal y luego en vertical). Ponemos una sartén grande (de unos 28 centímetros de diámetro) al fuego y añadimos tres cucharadas de aceite, cuando esté caliente, introducimos la cebolla, echamos una pizca de sal, removemos, bajamos el fuego a medio-bajo y tapamos. Queremos que se poche poco a poco. Pasados unos minutos cortamos finamente el ajo y lo añadimos a la sartén.
  2. Mientras la cebolla se va haciendo, vamos con los guisantes. En nuestro caso hemos elegido guisantes finos congelados, por lo que para hacerlos debemos seguir las instrucciones del fabricante. Este tipo de guisantes estarán tiernos con una cocción lenta, tres minutos como mucho, pero vamos a darles sólo un par de minutos con el agua hirviendo. Luego finalizaremos su cocción para que estén muy tiernos.
  3. Si no hemos comprado el jamón picado, es el momento de cortarlo y picarlo en trozos muy pequeños. Cuando la cebolla esté dorada, subimos el fuego a medio-alto y añadimos el jamón. Damos un par de vueltas, salpimentamos levemente (hay que recordar que el jamón ya aporta un toque salado a todo el plato) y dejamos rehogar a fuego medio durante unos minutos.
  4. Es el momento de juntar los guisantes con la cebolla, el ajo y el jamón. Agregamos además unas cuatro cucharadas soperas del agua de la cocción de los guisantes. Hacemos un par de huecos en los que echamos dos huevos (uno en cada hueco). Tapamos y dejamos que se consuma el agua y se hagan los huevos. Buscamos un punto como de huevo pasado por agua (sin que la yema esté totalmente cocida). Salpimentamos los huevos y tenemos listo nuestro plato.