Game Over

La paranoia de Rajoy como preludio de su salida

Se ha propagado desde la sede del PP en la calle Génova, a través de periodistas “amigos”, que hay en marcha una conspiración mediática para liquidar a Mariano Rajoy, operación en la que los mass media y el IBEX 35 se habrían coaligado. Tal conspiración aspiraría a torcer la voluntad no ya del aludido, sino del propio Partido Popular, de sus bases, simpatizantes y votantes. Y desde el entorno más cercano a Rajoy se da por supuesto que todos, de la ejecutiva hacia abajo, hacen piña con el amado líder, porque no se les ocurre mejor presidente para el partido y para el Gobierno de España que Mariano.

No es conspiración sino hartazgo

Según la Real Academia Española (RAE) “Conspirar”, del latín conspirāre, significa en su primera acepción unirse contra su superior o soberano. Y en la segunda, unirse contra un particular para hacerle daño. Por lo que al hablar de conspiración se está aludiendo a acciones cuando menos malintencionadas, y cuando más, a una rebelión encubierta, pues se pretendería destruir la autoridad establecida de manera artera, subterránea, ilícita. Sin embargo, no parece que este sea el caso.

Por más que en España baste añadir a cualquier teoría conspirativa las palabras mágicas “IBEX 35” para que los incautos traguen, no hay conspiración como tal contra Mariano

Por más que en España baste añadir a cualquier teoría conspirativa las palabras mágicas “IBEX 35” para que los incautos comulguen con ruedas de molino, no hay conspiración como tal contra Mariano. No ver en este personaje al líder idóneo para enderezar el rumbo de España, ni tampoco al político que el partido de referencia del centro derecha español necesita para reconstruirse -si ello es posible-, es algo que a estas alturas cualquiera puede compartir. Que así opinen, además de la mayoría de españoles (incluso de los militantes del PP), los directivos del IBEX 35, y que, lejos de callarse, lo digan abiertamente, sería algo perfectamente legítimo, no ya en nuestra pobre democracia sino en las alicatas hasta el techo. Nos guste más o menos, de las empresas que integran el IBEX 35 penden cientos de miles de empleos directos y otros tantos o más indirectos, además de los ahorros de cientos de miles de pequeños ahorradores convertidos en accionistas minoritarios. Y podría suceder que, para variar, sus responsables actuarán movidos por intereses legítimos. O quizá, sencillamente, que estén “hasta los cojones”, como afirma Antón Damoreana que están muchos en el partido.

Es verdad que sería deseable que en España contáramos con muchas más grandes y medianas empresas, para que al menos el poder económico estuviera más repartido. Y también es cierto que en el IBEX 35 no es oro todo lo que reluce, ni mucho menos. Desde estas mismas páginas hemos venido señalando al sistema de acceso restringido (económico y político) impuesto de facto en España como razón principal de una crisis que tiene mucho más de estructural que de coyuntural y en la que nadie es ya inocente, ni siquiera el ciudadano medio. De hecho, la confusión entre lo público y lo privado es un grave problema del que las grandes empresas han sido parte y no solución. Pero ahora no se trata de eso, sino de un bloqueo político que empieza a pasar factura. Y todos los caminos conducen a Rajoy, no a los a los grandes empresarios.

La teoría de la corrupción heredada  

Mariano siempre ha presumido de no dejarse influir por el poder económico. Es sabido, por ejemplo, que evita la excesiva cercanía con los señores del dinero. Y que cuando algún asunto ha necesitado de la mediación del Gobierno, ha delegado en el ministro de turno o en su todopoderosa vicepresidenta. Porque, eso sí, tiene la convicción de que el político, entendido como burócrata y no como ideólogo, debe ser omnipresente. En un país acostumbrado a que política y grandes negocios vayan de la mano, la lejanía es un lujo que puede pagarse muy caro. Y cualquiera puede entender que quien que no se muestre sensible a determinados requerimientos no le lloverán los elogios sino más bien lo contrario. Sin embargo, no es ese el problema sino la parálisis y una corrupción que se manifiesta con toda su crudeza en el partido que preside Rajoy y que le persigue como una sombra de la que no puede zafarse.

Aunque la corrupción fuera heredada, es inverosímil que Rajoy no tuviera siquiera noticia de lo que estaba pasando

Aunque la corrupción fuera heredada, es inverosímil que Rajoy no tuviera siquiera noticia de lo que estaba pasando. Hay quien intenta justificar su indolencia en que el problema era tan profundo, tan capilar, tan orgánico, que el PP se habría venido abajo con el más leve movimiento como un castillo de naipes. De ahí que se optara por dejar caer por su propio peso a las ramas podridas, dándoles si acaso el golpe de gracia cuando fuera posible. Sin embargo, tanta pasividad no deja de der sospechosa. Pensar y no actuar es manantial de miedo, decía Unamuno. Y en el PP miedo hay en abundancia. A lo peor es que la corrupción está en todas partes y nadie está libre de pecado.

Aun siendo el más inocente entre los inocentes, la corrupción seguiría tocándole de lleno, porque no en vano Mariano Rajoy Brey es el máximo responsable del PP desde octubre de 2004; es decir, desde hace 11 años. Y cuando se lleva más de una década siendo el supremo líder, hacer como que uno simplemente pasaba por ahí no tiene ni medio pase.

¿Hay vida más allá de la salida de Rajoy?

Puede que Rajoy sea el menos culpable de todos cuantos han tenido algún poder en el PP desde que se refundó y cambió de nombre. Y puede que hacerle pagar por las tropelías de tanto golfo con ínfulas, de anto virrey con derecho de pernada, sea una clamorosa injusticia. Pero la política tiene sus reglas, y la justicia tiene muy poco que ver con ellas. Consiste en tomar decisiones y asumir riesgos. Equivocarse o dar en el clavo, actuar y no hacer la estatua. Ese es el juego. Quien cree que "a veces la mejor decisión es no tomar ninguna " está cavando su propia tumba. Y Rajoy empezó a cavar la suya desde el mismo instante en que Aznar le señaló con su divino dedo. Creyó que como mejor servía a su partido –con España en segundo plano, por supuesto- era procrastinando los problemas, dejando que sus enemigos se cocieran a fuego lento en el caldo de sus propias corruptelas y que el tiempo hiciera el resto. Se equivocó de cabo a rabo. Lo que hagan o digan ahora los señores del IBEX 35 importa poco o muy poco. La culpa es de Mariano. Lo cierto es que ya nadie le apoya y se empieza a descontar su marcha. La paranoia suele ser síntoma que antecede a los finales abruptos de los malos gobernantes.

En la URSS disfrutaron de un gobierno estable que duró 74 años. Y no les sirvió de mucho

Una vez el tapón Rajoy salga despedido por la suma de presiones, será el momento de comprobar si hay alguna hoja de ruta que vaya más allá de constituir un gobierno estable que suba los impuestos, vuelva a hacer girar la manivela del BOE y aplique alguna que otra reforma económica de menor cuantía. Y es que conviene recordar que en la URSS disfrutaron de un gobierno estable que duró 74 años. Y no les sirvió de mucho a los pobres rusos. Quizá haga falta algo más que estabilidad para salir con bien del trance. Es sólo una humilde advertencia.


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