Foro de la Sociedad Civil

Sin vuelta atrás

Sostenía Gregorio Marañón hace casi un siglo en su Raíz y decoro de España que “el afán de acumular derechos ha socavado y sofocado el sentimiento del deber, que es un eje esencial de nuestra vida”. Y así hemos derivado en la situación actual, caracterizada porque demasiados españoles “están educados en evitar cuidadosamente toda inseguridad y en no asumir ningún riesgo…. creen que su destino no depende de ellos mismos, sino del Estado” según sostiene el también doctor Enrique Baca.

La educación pública española ha contribuido en las últimas décadas a la creación de ese mito del Estado protector

En este sentido la educación pública española ha contribuido en las últimas décadas a la creación de ese mito del Estado protector a través del destierro de las aulas del esfuerzo, el mérito, la disciplina, los conocimientos, la autoridad del profesor… y hasta de los exámenes por “darwinistas”.

Sin embargo, si hemos llegado a nuestra situación actual ha sido precisamente por lo contrario. Han sido el esfuerzo, el mérito, la disciplina, los conocimientos y la libre competencia de los seres humanos lo que ha permitido, junto con marcos institucionales favorables a los derechos de propiedad, al cumplimiento de los contratos y el respeto de la ley, alcanzar los enormes avances conseguidos en los últimos siglos.

En términos históricos las evidencias no pueden ser mas abrumadoras, no sólo de los hechos positivos, también de los negativos. Cuando la libre actuación de las personas ha sido interrumpida por los populismos –Rusia, China, Cuba, Venezuela, Argentina, etc. – los resultados no pudieron ser más desastrosos.

Por lo contrario, cuando tras los fracasos colectivistas la economía mundial se globalizó merced a la libertad económica los resultados no pudieron ser mas brillantes:

  • Crecimiento de la población,
  • Aumento de la esperanza de vida,
  • Disminución de la mortandad infantil,
  • Mejora constante de la salud,
  • Acceso casi universal a la educación,
  • Aumento de la riqueza personal,
  • Disminución de la pobreza.

La muy amplia desaparición de fronteras económicas y el libre mercado –incluso con restricciones– ha posibilitado que una ingente cantidad de personas hayan abandonado la pobreza extrema para integrarse en un círculo virtuoso de prosperidad que puede y debe seguir ampliándose y que nunca aconteció anteriormente.

La gran crisis financiera y ha abierto la puerta a un revisionismo de carácter populista

Pero la gran crisis financiera de estos últimos años ha generado una gran inseguridad en amplias capas de la población, no solo en España, y ha abierto la puerta a un revisionismo de carácter populista que manifiesta disponer de soluciones “ideológicas” para invertir el rumbo de las economías modernas.

Aparte la siempre peligrosa tendencia a abogar por soluciones “globales” o sistémicas en lugar de resolver los problemas concretos, propias de los populismos de todo signo, la realidad es bastante terca en cuanto al diagnóstico de nuestra situación.

Si prestamos atención a la veintena de países mas ricos del mundo entre los que está España, en el periodo 2008-2015 se observa una muy robusta relación inversa entre el crecimiento de la renta per cápita y la del endeudamiento. Los países que menos se endeudaron –o incluso se desendeudaron– como Singapur, Australia, Israel, Corea, Suecia y Canadá aumentaron su renta personal más de un 20%, mientras que los que más se endeudaron como España e Irlanda todavía no han  recuperado su nivel de renta del comienzo de la crisis.

Que en las presentes circunstancias el populismo de izquierdas proponga recetas que sin excepción o son nocivas o inviables* y que por tanto sólo pueden conducir a empeorar las cosas, puede tener el sentido político –perverso– para sus propagandistas de que “cuanto peor, mejor”, pero que puedan seducir a millones de españoles solo puede explicarse en el marco de las conductas sociales descritas por Marañón y Baca.

En la próximas elecciones España se juega mucho, una vuelta aún mas atrás que la que desgraciadamente hemos experimentado en los últimos años y de la que nos estamos recuperando con cordura económica –aún siendo criticable su falta de ambición- y el esfuerzo de los españoles, sobre todo de aquellos que confían más en si mismos que en el Estado para resolver sus problemas.

La creciente abolición de los deberes está ganado eco mediático

Suelen sostener los populistas españoles, siguiendo al pensador comunista italiano Antonio Gramsci, que hay que ganar la batalla de la hegemonía social –es decir, de la propaganda– y hay que reconocer que pueden estarla ganando: el falso “austericidio”, el ridículo mito de que unos pocos ricos se van a hacer cargo de todos los impuestos que se van a subir, la universalización de los derechos y la creciente abolición de los deberes –salvo los fiscales de los ricos– están ganado eco mediático sin que los partidos políticos no expresamente populistas lo denuncien; mas bien los modulan.

A lo largo de la historia lo que siempre ha diferenciado a los países ricos de los pobres ha venido siendo la longitud de los episodios de decrecimiento; en los primeros escasos y cortos y en los segundos frecuentes y largos. Los españoles a la hora de votar el 26 de junio harán bien en valorar los riesgos populistas de una vuelta atrás que nos retrotraería a unos pésimos tiempos pretéritos felizmente abandonados.

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* Según relata Maurice Diverger en Los naranjos del lago Balatón (1981), cuando los comunistas alcanzaron el poder en Hungría tras la IIGM decidieron conmemorar tal acontecimiento histórico ordenando cultivar naranjos –un gesto para la posteridad- en las orillas del lago Balatón situado en las afueras de Budapest. El ingeniero agrónomo encargado de la empresa expuso con valentía que ésta era quimérica. Fue en balde. Intérprete del materialismo histórico, fiel expresión de la verdad científica, el partido no podía equivocarse. Se plantaron millares de árboles…que murieron. Por consiguiente el agrónomo fue condenado por sabotaje.

Las promesas populistas españolas no son sino “naranjos” que por muy democráticamente que quieran ser plantados nunca florecerán.


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