OPINIÓN

Lo que de verdad importa

España podrá conllevar el problema catalán pagando el precio de un menor dinamismo económico, especialmente en Cataluña, hasta que una mayoría de catalanes despierten de su hueca ensoñación, pero no puede seguir perdiendo el tiempo sin afrontar nuestro verdadero desafío: crecer en riqueza, empleo y sobre todo en salarios.

Lo que de verdad importa.
Lo que de verdad importa.

El medio siglo que media entre 1959 y 2009 ha sido el mejor de nuestra historia desde el punto de vista de la prosperidad económica, algo inigualado en Occidente. Dos tercios de dicho periodo se han correspondido, además, con el mejor sistema político que hemos conocido.

En la cumbre del éxito dos circunstancias, una económica y otra política –quizás relacionadas*-  pusieron en crisis nuestros mejores logros y sembraron serias dudas sobre nuestro porvenir.

La crisis económica que tuvo inicialmente un alcance internacional se agudizó y prolongó especialmente en España –a diferencia de la mayor parte de países avanzados que pronto salieron de ella— por una pésima gestión política de la misma –que se quiso, aunque obviamente no se pudo, negar– que se tradujo en la mayor caída de la renta de nuestra historia moderna y en un dramático crecimiento del desempleo.

La crisis económica y sus consecuencias sociales fueron capitalizadas por el populismo de izquierdas y sus demagógicos y mentirosos programas de salvación

La crisis económica y sus consecuencias sociales fueron capitalizadas por el populismo de izquierdas y sus demagógicos y mentirosos programas de salvación y seguramente* fue aprovechada por los secesionistas catalanes para dada la debilidad de nuestra nación tratar de operar cual virus que atacan los organismos cuando sus defensas están bajas.

Afortunadamente para España y infaustamente para los populistas de izquierdas  y los secesionistas catalanes el tiro les está saliendo por la culata. España ha salido de la crisis económica con un vigoroso y recurrente crecimiento económico y del empleo que están arrebatando clientela a los populistas. Los secesionistas catalanes, por su parte, se han dado de bruces con la realidad y han fracasado estrepitosamente en el logro de sus absurdas ensoñaciones.

Por supuesto que todavía padecemos desequilibrios macroeconómicos –la deuda pública exterior sigue siendo una gran amenaza para nuestro futuro- mientras que nuestro nivel de productividad es bajo y apenas crece lo que limita la subida de los salarios y de la renta per cápita, pero estamos en el buen camino. Los populistas todavía gobiernan – es un “decir”– a su deconstructora manera  muy importantes ayuntamientos, pero podríamos esperar que no siguieran haciéndolo en un próximo futuro. Quienes protagonizaron el reciente intento de golpe de Estado en Cataluña es de suponer que serán tratados como merecen por la justicia y quienes les han venido votando quizás comiencen, poco a poco, a cansarse de sus vanas y ridículas utopías a la vista de los desastres que ocasionan con sólo intentar llevarlas a cabo.

Salvadas las crisis económica y secesionista que nos recordaron nuestro peor pasado, España ha recuperado la normalidad –por supuesto que relativa- y puede encauzar su futuro con esperanza. 

En Cataluña, ningún partido secesionista podrá a partir de ahora declararse mesías de la sociedad catalana porque el mas votado ya no es nacionalista

En Cataluña, ningún partido secesionista podrá a partir de ahora declararse mesías de la sociedad catalana porque el mas votado ya no es nacionalista. Si como cabe esperar los principales responsables del frustrado golpe de Estado son tratados por la justicia como se merecen, es probable que a sus posibles epígonos se les quiten las ganas de repetir sus delitos.  El famoso –sólo por su mención, no por su aplicación- artículo 155 de la Constitución sigue vigente con todo su enorme poder disuasorio contra las prácticas secesionistas….eso si, si el Gobierno de la nación  estima oportuno aplicarlo. Algo que habrá que hacer para restablecer la presencia del Estado en Cataluña, corregir los disparates en la educación y en el uso de la lengua, y suspender las subvenciones a organizaciones independentistas incluidos los medios –todos-  de comunicación, para recuperar en lo posible además la confianza perdida en la economía.

Es la hora de la reconciliación social de los catalanes, que tardará en lograrse, pero es preciso iniciar cuanto antes: la sociedad civil tiene una gran responsabilidad en promoverla. Los empresarios no independentistas que son una gran mayoría en creación de riqueza y empleo tendrán que emplearse también en hacer pública pedagogía de las grandes ventajas de una Cataluña unida, española y europea, porque la “tercera vía” de un arreglo consistente en nuevas concesiones políticas y económicas, como en el pasado, no sería aceptable para la mayoría de españoles.

Mientras seguimos conllevando –al decir de Ortega y Gasset- el problema catalán, la economía española sigue creciendo y creando empleo con vigor, aunque por debajo de nuestra capacidad potencial por el decaimiento de la economía catalana.

En las circunstancias descritas el gran desafío de España es afrontar el crecimiento de nuestro nivel de productividad para hacer posible el objetivo que –bien planteado y explicado- más debiera unificar las aspiraciones de los españoles: aumentar de verdad –sostenidamente- los salarios y la renta per cápita sin menoscabar el crecimiento económico a largo plazo.

Se puede estar perpetrando un nuevo engendro: facilitar que el título de profesor se pueda conceder con las peores notas

Es este y no el aumento del salario mínimo** o una impracticable “renta básica” desincentivadora del esfuerzo personal, el objetivo que debiera guiar el gobierno de la nación, y del que sin embargo nadie habla; y de hecho en vez de afrontarlo y cuanto antes, los políticos andan discutiendo como hacerlo imposible.

Es una condición “sine qua non” para mejorar la productividad que la educación vaya por delante porque sin trabajadores de elevada cualificación no es posible llevarla a cabo. Pues bien, si  la ya mediocre educación pública consumó hace poco el solemne disparate de dar títulos académicos con suspensos, estos días puede estar perpetrando un nuevo engendro: facilitar que el título de profesor se pueda conceder con las peores notas. De este modo se consagraría la imposibilidad de mejorar seriamente los salarios a largo plazo, para a cambio predicar la limosna de la renta básica….que no habría como pagar.

Tras las reformas que hicieron posible la recuperación económica y que explican buena parte del éxito de nuestra competitividad exterior –liderada por el sector del automóvil y el agroalimentario sin convenios sectoriales- hay que seguir promoviendo la mejora de la productividad mediante: el aumento en vez del decaimiento de las exigencias educativas, la eliminación de obstáculos –administrativos y laborales–  a la innovación y una reforma fiscal que reduzca las cotizaciones sociales con aumentos del IVA.

España podrá conllevar – ¡qué remedio!- el problema catalán pagando el precio de un menor dinamismo económico, especialmente en Cataluña, hasta que una mayoría de catalanes despierten de su hueca ensoñación, pero no puede seguir perdiendo el tiempo sin afrontar nuestro verdadero desafío –que está en nuestras manos resolver con éxito–: crecer en riqueza, empleo y sobre todo en salarios; algo de lo que ni los políticos ni los medios de comunicación suelen ocuparse, quizás porque es lo que realmente importa.

**Todo el mundo sabe que cuando un precio sube la demanda baja y que los gobiernos pueden establecer salarios mínimos pero no obligar a las empresas a contratar a nadie.


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