Foro de la Sociedad Civil

Lo que de verdad debería importar

Caminamos inexorablemente a unas nuevas elecciones como consecuencia de un sistema electoral obsoleto y la incapacidad de suplirlo por un acuerdo de gobierno de los partidos mas votados.

Tras un largo tiempo perdido en “marear la perdiz” de la investidura por quienes sin posibilidades ciertas de formar gobierno lo han intentado tan vana como irresponsablemente, toca volver a las urnas para votar aquellos programas políticos que más se parezcan al gusto de los votantes.

Por lo que ya vimos en la última campaña electoral e incluso en su prolongación hasta ahora, los temas que de verdad debieran interesar a los españoles tienen poco que ver –incluso están en las antípodas–  con lo que está de moda política: gastar mas de lo que producimos esperando que el ahorro extranjero lo financie, como si ello fuese posible.

Querer seguir manteniendo a toda costa los intereses creados del pasado de unos pocos para perjudicar a la inmensa mayoría es justo lo contrario de lo que se debería hacer

Es doctrinalmente incuestionable y de sentido común que el primer desafío de la España de nuestros días es el crecimiento económico y del empleo. Sólo el crecimiento económico puede hacer posible la devolución de nuestra enorme y lastrante deuda pública y la disminución del desempleo.

Para crecer es imprescindible liberalizar la economía para que pueda desplegar todo su potencial y sobre todo facilitar que las nuevas empresas y sus trabajadores no vean constreñidas sus actividades por restricciones a la competencia impuestas por las empresas y sectores mas añejos.

En una economía que se está “uberizando” –al decir The Economist- querer seguir manteniendo a toda costa los intereses creados del pasado de unos pocos para perjudicar a la inmensa mayoría es justo lo contrario de lo que se debería hacer.

He aquí un posible catálogo de cuestiones que siendo realmente importantes tienen en común que no formarán parte de la próxima campaña electoral: 

Reformas institucionales:

  • Sistema electoral que garantice la formación de gobiernos estables por los ganadores de las elecciones al estilo de EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania a elegir.
  • Justicia despolitizada, rápida y de calidad mediante una carrera judicial semejante a la militar que tan bien funciona y el desvío de casos a la jurisdicción voluntaria
  • Regeneración de los partidos políticos: autofinanciados y con democracia interna.
  • Adelgazamiento de las administraciones públicas mediante la racionalización de sus competencias.

Reformas económicas:

  • Liberalización del comercio, los servicios y la industria.
  • Eliminación de barreras a las nuevas empresas y a su crecimiento.
  • Relaciones laborales sin convenios superiores al ámbito empresarial, voto secreto de los trabajadores y liberalización del trabajo a tiempo parcial.
  • Fiscalidad favorable al ahorro y a la creación de empleo y mas basada en la imposición indirecta que la directa.

Ciencia & Innovación:

  • Plan de conversión de la ciencia en tecnología mediante incentivos a la carrera académica y fiscalidad favorable al capital riesgo.
  • Atracción de talentos tecnológicos extranjeros e inversiones en centros de competencia tecnológica multinacionales.

Sistema educativo:

  • Regreso a la disciplina, el rigor, la jerarquía del saber, el esfuerzo y el mérito.
  • Programas educativos con contenidos tecnológicos de su tiempo
  • Profesores seleccionados de élite, bien remunerados y con autoridad.

Estado de bienestar:

  • Mejora de la eficiencia, ya alta, de la gestión de la sanidad pública frente al desafío de una creciente demanda.
  • Restructuración de las pensiones para hacerlas viables a largo plazo: retraso edad jubilación, derechos pasivos acordes con las contribuciones, prohibición de traslado de costes a las siguientes generaciones.

Buena parte de los temas que se acaban de plantear forman parte de las preocupaciones de todas las naciones desarrolladas y han sido objeto de diversos ensayos entre los que cabe reseñar dos recientes: Orden y decadencia de la política de Francis Fukuyama y La cuarta revolución de John Micklethwait y Adrian Wooldridge.

Del primero ha hecho fortuna mediática la frase:  Ser como Dinamarca, que el autor describe como “una trayectoria hacia una sociedad próspera, democrática, segura, bien gobernada y con baja corrupción lo que se consigue con una burocracia subordinada al interés general –no politizada por tanto- compuesta por técnicos competentes operando con una clara división del trabajo y reclutados exclusivamente por méritos profesionales”.

Del segundo cabe señalar la denuncia de los excesos de gastos de los Estados y la perentoria necesidad de frenarlos por su imposible financiación, lo que exige una ineludible mejora de la eficiencia del gasto público y la reestructuración –la cuarta revolución- del Estado de bienestar que es posible porque ya la ha hecho con éxito Suecia.

Es fácil vaticinar que poco o nada –siendo lo verdaderamente importante- de lo dicho aquí formará parte de la próxima campaña electoral, que volverá a tratar como niños –pequeños- a los votantes; porque, lamentablemente, a lo mejor lo somos. (Unos más que otros, claro!)


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