OPINIÓN

La patada a la escalera

El mayor y definitivo impulso de la leyenda negra vino de la Reforma protestante que usó magistralmente la naciente imprenta para contar con imágenes las mas ridículas y exitosas mentiras que el mundo había conocido hasta entonces.

La patada a la escalera.
La patada a la escalera. Wikipedia/ Creative Commons

La mala fama y la leyenda negra –propiedad en exclusiva de España– que se originó inicialmente en Italia, para luego trasladarse a los Países Bajos y pasar más tarde a Inglaterra y Francia tuvo inicialmente un origen antiimperialista –todos los imperios, EE.UU. ahora, la han padecido- para mas tarde adoptar un sesgo despectivo: se comenzó criticando –con argumentos racistas-  al imperio para asumir luego, en su decadencia, argumentos despreciativos también racistas.

El primigenio racismo nos acusaba –no importaba la contradicción- de ser o judíos o moros, luego católicos y más tarde degenerados

El primigenio racismo nos acusaba –no importaba la contradicción- de ser o judíos o moros, luego católicos y más tarde degenerados. A la luz de la verdad histórica los originales los argumentos racistas se contestan –tristemente– solos, los anticatólicos se han visto ridiculizados por los hechos históricos –como ahora veremos- y la doctrina frenológica de la degeneración -tan del gusto de los liberales de la época– fue sepultada con el holocausto judío de la 2ª Guerra Mundial.

El mayor y definitivo impulso de la leyenda negra –que ya solo se creen los españoles poco leídos- vino de la Reforma protestante que usó magistralmente la naciente imprenta para contar con imágenes –una soberbia y pionera lección de comunicación de masas– las mas ridículas y exitosas mentiras que el mundo había conocido hasta entonces; y que luego replicarían dos brillantes y totalitarios epígonos: el comunista Willi Muzenberg  y el nazi Joseph Goebbels.

El éxito de la propaganda protestante contra España ha gozado de buena salud hasta ahora, como demuestra el hecho de la muy acrítica celebración –aquí y ahora–  del 5º centenario del desafío de Lutero contra la iglesia católica, que con la salvedad de algunos análisis históricos como el recientemente publicado en El País* ha sido tratado hagiográficamente. 

El pensamiento escolástico español defendía la limitación del poder real y la división de poderes

Viene al caso recordar que frente a la monarquía absoluta concebida por las “sectas religiosas ” —al decir del historiador del pensamiento Murray N. Rothbard— de Lutero y Calvino, que prescindieron del derecho natural que permitía criticar las actuaciones despóticas del Estado, el pensamiento escolástico español defendía la limitación del poder real y la división de poderes.

Sirva esta cita del muy autorizado historiador norteamericano para dejar claro que la supuesta superioridad institucional civilizadora del mundo protestante frente a la decadente, retrasada y católica España carece de fundamentos respetables como muy bien han demostrado recientemente Mª Elvira Roca en su Imperiofobia y leyenda negra** y Ángel Fernández en La escuela española de economía***.

Aunque todavía parezca increíble –lamentablemente- a muchos españoles, la monarquía absoluta sometida al exclusivo dictado de un príncipe investido de poder no sólo político, también religioso, fue un invento institucional Luterano que jamás se llegó a a dar en España; sí en los países protestantes.

España fue patria de las mas avanzadas, modernas y todavía vigentes teorías políticas y económicas

Pero además de esta irrefutable verdad histórica, España y mas concretamente su excepcional Universidad de Salamanca y  el pensamiento escolástico generado en torno a ella, fue patria de las mas avanzadas, modernas y todavía vigentes teorías políticas y económicas que sirvieron de axiomáticas raíces del liberalismo y por tanto de las democracias contemporáneas.

Ya sabíamos que el escolástico y español Derecho de gentes, que sentó –al hilo del descubrimiento de América– las bases de los derechos humanos más de cuatro siglos antes de su proclamación internacional, fue una institución crucial de nuestra civilización occidental y que los fundamentos de la Teoría económica –glosados por Shumpeter, Hayeck y Rothbard, entre muchos otros grandes economistas– también nacieron y se desarrollaron en la España de la escolástica tardía de principios del siglo XVII –dos siglos antes que Adam Smith– para mantener su plena vigencia doctrinal.

Por si no fuera suficiente con tales grandezas intelectuales vertebradoras de nuestra civilización, la muy reciente publicación del citado Ángel Fernández demuestra –con una minuciosa investigación empíricamente soportada- la influencia directa e indiscutible del pensamiento político español de mediados del siglo XVI liderada por el escolástico tardío Juan de Mariana en las acciones políticas de Oliver Cromwell y las obras de filosofía política de John Locke, John Adams y muchos otros influyentes “padres del liberalismo”.

Es impresionante la cantidad de ideas –las mas importantes- del liberalismo político inglés y norteamericano que fueron importadas de España

Es impresionante la cantidad de ideas –las mas importantes- del liberalismo político inglés y norteamericano que fueron importadas de España, para que luego la ilustración francesa –en particular Voltaire y Montesquieu–  diera una patada a la escalera –frase copiada de Mª Elvira Roca**– de la historia del pensamiento occidental despreciando, por degenerados, a los españoles.

Es cierto que tras una historia única en el mundo:

  1. Con Italia el único país amplia y profundamente romanizado: económica, política y culturalmente.
  2. Puente cultural y tecnológico entre oriente y occidente durante la dominación árabe.
  3. La Reconquista –unánimemente asumida por toda España- que sentó las bases del humanismo cristiano y cimentó la civilización occidental.
  4. La conquista civilizadora de América –caso único en la historia- que ensanchó para siempre las fronteras de la civilización occidental.

Como es natural –todo envejece, incluso los más grandes imperios– España padeció una decadencia histórica a partir del siglo XVIII que alcanzó su cénit con la desgraciada desconexión con la Ilustración a principios del siglo XIX, a pesar –paradójicamente!– de nuestras grandes contribuciones filosóficas a su concepción institucional y el avanzado,  efímero y vano intento modernizador que significó la Constitución de Cádiz de 1812.

Muchos años después y tras sufrir una dramática guerra civil, España fue capaz de reconstruir su perdida dignidad democrática mediante una modélica Transición  –aunque unos pocos malintencionados la critiquen- y consolidar una era de prosperidad económica y social –con sus altibajos– sin parangón en Occidente.

Aunque haya gente en España –fuera no– que duden que somos una nación y quieran tergiversar nuestra historia –como si se pudiera reescribir-, es tiempo de defender y sentirnos orgullosos de nuestros logros civilizadores que obras como las citadas ponen tan incuestionablemente de relieve.

* Martín Lutero: motos y realidades”. Mª Elvira Roca. El País 23 julio 2017.

**Imperiofobia y leyenda negra. Mª Elvira Roca. Editorial Siruela, 2016

***La escuela española de economía. Ángel Fernández. Unión editorial, 2017


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