Foro de la Sociedad Civil

La demagogia y los hechos

Se atribuye a Joseph Goebbels –ministro de propaganda de Hitler– la frase: “una mentira suficientemente repetida termina convirtiéndose en verdad” y por tanto la fama asociada a tal supuesto. Es menos conocido que el verdadero autor intelectual y material de tan inmoral planteamiento fue Willi Münzemberg*  que trabajó hasta que fue asesinado para y por Stalin.

Viene al caso lo dicho porque en los últimos tiempos y aún más en vísperas electorales los populistas repiten frases tales como: los desahucios, la corrupción generalizada, el paro derivado del neoliberalismo,  el “austericidio” , la desigualdad y la crisis del sistema obligan a cambiar las cosas. Son frases hechas para ser repetidas demagógicamente, es decir sabiendo que son falsas pero asumiendo que suficientemente repetidas terminarán dominando el pensamiento acrítico de mucha gente.

Es cada vez más imperativo que se alcen voces desde la sociedad civil que sin dejar de criticar lo que está mal se enfrenten a quienes quieren hacer tabla rasa de la realidad

Frente a tamaña impostura es cada vez más imperativo que se alcen voces desde la sociedad civil que sin dejar de criticar lo que está mal se enfrenten a quienes quieren hacer  tabla rasa de la realidad para cambiarla por otra bien consabida: la Alemania de Hitler, la URSS de Stalin y la Grecia y Venezuela de hoy.

En un reciente y muy recomendable trabajo titulado Los populismos marxista e independentista: raíces y mecanismos de propagación comunes, José Luís Feito con la extrema perspicacia y rigor que le caracterizan desmonta las mentiras populistas con hechos tan contundentes como claros que es preciso divulgar para que la propaganda no alcance, al menos, a quienes tengan voluntad de informarse y actuar en consecuencia.

Es cierto que España está padeciendo la más grave crisis económica desde nuestra Guerra Civil; pero también es cierto que habiendo coincidido con las de otros países se ha prolongado mucho más, precisamente por las políticas populistas que nos endeudaron hasta dejar sin margen de maniobra y en manos de nuestros acreedores al país. El último Gobierno sin apenas dejar de gastar hizo algunas reformas que han posibilitado regresar al crecimiento económico y sobre todo del empleo que estarían en grave peligro si la política populista llegara a gobernar España, pues se basa en deshacer lo que funciona para regresar a un “cuanto peor, mejor”.

También es cierto que la corrupción se terminó por convertir en un hecho tan grave como socialmente irritante, pero analizada con rigor nos lleva a conclusiones muy alejadas de la mitología populista. En primer lugar, ha estado asociada a tres fenómenos muy concretos: creciente y desmesurado gasto público sin control administrativo en el que siguen insistiendo los populistas; descentralización política-administrativa en comunidades autónomas y ayuntamientos donde se ha extendido una corrupción de la que está felizmente libre el Estado central, que no ha sido criticada tampoco por los populistas; y proliferación de sedes de partidos políticos subvencionados por el Estado, que los populistas quieren seguir manteniendo. Por otra parte, remedios a la corrupción como persecución por la Justicia y mayor transparencia de las actuaciones de las administraciones públicas ya están marcha sin que los populistas cuando han comenzado a gobernar en algunos ayuntamientos se hayan querido dar por enterados. Pero en última instancia la extirpación de la corrupción pasa por el rearme ético y moral de la población que la escuela pública ha envilecido, la disminución del gasto público y del despilfarro en infinidad de entes hechos a la medida de los ganadores de las elecciones que tanto gusta a los populistas, el rigor administrativo propiciado por funcionarios por oposición y la meritocracia ajenos a las colocaciones a dedo de los políticos entre gentes sin méritos pero de confianza también de los populistas y la centralización administrativa de los actos relacionados con importantes consecuencias económicas como el urbanismo y las infraestructuras.

Todo el discurso populista consiste en asociar riqueza a corrupción para a continuación plantear impuestos a los ricos para financiar sus imposibles sueños

Ningún arreglo posible de la corrupción como los que se acaban de argumentar forman parte del discurso populista, que partiendo de una descalificación genérica no llegan a analizarla con rigor ni a proponer soluciones serias; más bien se supone que piensan que a ahora les toca a ellos, como fue el caso de Venezuela. Todo el discurso populista consiste en asociar riqueza a corrupción -cuando es  bien sabido que los países ricos son menos corruptos- para a continuación plantear impuestos a los ricos para financiar sus imposibles sueños.

Cuando los populistas tratan del mercado de trabajo se les olvida por completo que los empleos abundantes y bien remunerados los crean los empresarios,  no el Estado ni soviético, ni cubano ni venezolano ni el español en sus manos. Y que los empresarios crean más y mejores puestos de trabajo allá donde se dan más facilidades para ello: EE.UU., Alemania, Holanda, Dianamarca, etc países todos ellos en los que los impuestos al trabajo y al ahorro son mucho más bajos que en España y los marcos laborales más flexibles; justo lo contrario de lo que pretenden los populistas. No es el libre mercado lo que genera desempleo sino su intervención y rigidez, que ellos amenazan con aumentar.

Los populistas ya han conseguido un triunfo “goebbeliano”: se han inventado una palabra y la han puesto de moda de tanto repetirla, el “austericidio”. Por tal ridículo concepto entienden que el Gobierno español ha gastado poco y por tanto la gente es cada vez más pobre y desgraciada, lo que es literalmente falso. El gasto público español como muy bien nos dice Feito –que sabe de lo que habla, lo que no es el caso de los populistas- lejos de disminuir durante la crisis ha seguido aumentando hasta el punto de colocar a España –indiscutible mérito de Zapatero- al borde la intervención extranjera de nuestra economía. Porque un país que gasta mas de lo que produce y lo financia pidiendo prestado al extranjero, como España, termina siendo una democracia fallida  -ha escrito Manuel Conthe- como Grecia; justamente el ejemplo que los populistas quieren para España. Nuestro país a pesar de la gran crisis padecida y de las infundadas críticas populistas sigue disfrutando de uno de los mejores estados de bienestar del  mundo: sanidad, educación, desempleo, pensiones, servicios públicos,… que sería impensable  con el populismo en el gobierno.

Junto con el austericidio, los desahucios han sido otro de los mas populares argumentos de los populistas: de nuevo los hechos reales se imponen a su infundada propaganda, como muy bien demuestra Feito con datos extremadamente rigurosos que ponen de manifiesto que en el periodo 2012 -2014 solo se produjeron 380 desahucios con intervención policial y que, hoy por hoy, el 80% de los españoles disfrutamos de vivienda en propiedad frente a un 60% de media de la UE por mucho que les pese a quienes están en contra de la propiedad privada.

La desigualdad tiene muchos seguidores en España y, cuando se producen crisis como la actual, tiende a convertirse en un argumento de moda con todos los peligros que encierra

La desigualdad tiene muchos seguidores en España y cuando se producen crisis como la actual –acentuada por las políticas populistas de Zapatero- tiende a convertirse en un argumento de moda con todos los peligros que encierra. No olvidemos que la China de Mao era muy igualitaria en la miseria y que la actual es muy desigual en la riqueza, porque es bien sabido que es posible igualar –a la fuerza- por abajo pero no por arriba. Nunca ha existido en España una mayor igualdad de oportunidades –no de resultados porque es imposible- que en nuestro tiempo, aunque las desigualdades de renta se sigan naturalmente manifestando. En todo caso, dos evidencias empíricas cuestionan la valoración victimista de la desigualdad por parte de los populistas: en primer lugar el aumento de la desigualdad en España está estrictamente asociada al paro ocasionado por las políticas populistas y en segundo lugar comparados internacionalmente –como muy bien demuestra Feito- resulta que la situación española es francamente muy buena incluso si lo hacemos –renta+patrimonio- con los igualitarios países escandinavos.

Cuando los populistas, no contentos con contar las anteriores mentiras, se acercan a la valoración de nuestro actual Estado de Derecho se dedican a descalificarlo junto con la Transición sobre el trasfondo mitológico de la 2ª República. Nunca ha disfrutado España de un mejor Estado de Derecho ni ha registrado mas y mejores avances políticos, económicos y sociales que bajo el amparo de nuestra Constitución; que a diferencia de la republicana no fue un apresurado copia y pega de la soviética y búlgara aprobada a toda prisa  por un parlamento –en realidad solo medio-  elegido sin voto femenino y puesta en vigor sin refrendo alguno de los españoles, sino una verdadera obra de orfebrería política parlamentaria luego ratificada por los ciudadanos con una participación y aprobación únicas en nuestra historia democrática.

España necesita reimpulsar sus instituciones y su economía, pero justamente en la dirección contraria de los populismos

Por supuesto que la Constitución puede y debe ser reformada, sobre todo en lo que concierne al sistema de partidos, el sistema electoral, la justicia, distribución de competencias administrativas, el Estado de Bienestar, etc, pero mediante enmiendas parciales que puedan contar con mayorías suficientes para llevarlas a cabo; un  ningún caso puede aceptarse el “borrón y cuenta  nueva” populista.

España necesita reimpulsar sus instituciones y su economía, pero justamente en la dirección contraria de los populismos a los que hay que vencer dialécticamente con argumentos contrastados y por tanto veraces –la luz del día, que según recuerda Feito, tanto temía Drácula- frente a su infundada propaganda.

__

*Muy recomendable leer El fin de la inocencia. Willi Münzemberg y la seducción de los intelectuales (STEPHEN KOCH. Tusquets, 1997), aunque difícil de encontrar.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba