Foro de la Sociedad Civil

Fin de trayecto: hacer las cosas bien es posible

A principios del pasado mes de agosto en un tan oportuno como riguroso artículo titulado “La nulidad de las promesas electorales” (publicado en El Mundo puede leerse en: www.forosociedadcivil.org) su autor Manuel Conthe sostenía que España ha devenido una “democracia fallida”. Tal vez sea una afirmación que va demasiado lejos pero que se inscribe en la creciente percepción de que España es un país difícilmente gobernable. Todos los partidos políticos y a todos los  niveles de administración política, en mayor o menor grado siguen insistiendo en algo literalmente imposible: gastar lo que no tenemos ni nos van a prestar, lo que implica desatender, como sería razonable, los intereses generales de la nación.

Recientemente se ha publicado un ensayo, “La cuarta revolución”, escrito por dos prestigiosos analistas –Micklethwait (director) y Wooldridge (editor) de la revista The Economist– que no puede ser más oportuno para España aunque su alcance es obviamente global. Su tesis central es que los obesos estados occidentales, convertidos en niñeras omnipresentes y gobernados por políticos convertidos en avestruces, tienen que cambiar para llegar a ser más pequeños, menos intervencionistas y más eficientes. Algo que en contra de los los progresistas e incluso de prestigiosos académicos como William Baumol –la baja productividad de los servicios públicos no favorece la disminución de la dimensión del Estado–, es posible.

El argumento central que justifica la imposibilidad de sostener Estados desmesurados está basado en la deuda y la demografía

El argumento central que justifica la imposibilidad de sostener Estados desmesurados está basado en la deuda y la demografía. Para justificar dicho argumento se refieren los autores  a la tabla estadística 13 del Monitor Fiscal del Fondo Monetario Internacional titulada: “Economías desarrolladas: ilustración de las necesidades de ajuste basadas en los objetivos de deuda a largo plazo”. El objetivo de esta estadística es medir la reducción de gasto público o aumento impositivo de los gobiernos para poder reducir su deuda a niveles razonables –60% del PIB– en 2030 y las conclusiones son muy severas.

Angela Merkel, por su parte, ha popularizado una estadística muy contundente: la Unión Europea representa el 7% de la población mundial, el 25% de su PIB y el 50% de su gasto social. Es de suponer que nadie defenderá que este statu quo se pueda sostener a medio y largo plazo.

En el caso español la situación es especialmente clara: habiendo gastado de más con deuda externa el equivalente a nuestro PIB y siendo imposible que nos presten más –porque somos una democracia fallida– en los próximos y muchos años el gasto público deberá ser menor que los ingresos –fundamentalmente impuestos– para destinar siquiera sea una pequeña parte amortizar la enorme deuda contraída.

Cabe recordar respecto a la situación económica de España que como consecuencia de la crisis financiera que seguimos padeciendo, nuestra renta per cápita de 2009 quizás la podamos recuperar en 2017, y que por tanto nuestro principal desafío es el crecimiento sin desequilibrios de las cuentas públicas.

Una situación parecida –decrecimiento económico e insostenibilidad del gasto público– se dio en Suecia hace más de una década y la reacción no ha podido ser más ejemplar. La metamorfosis del Estado de Bienestar sueco –ampliamente glosada en esta sección el pasado 23 de junio– estuvo basada en la aplicación a la gestión de lo público de los mejores principios de la gestión de las mejores empresas.

Según los autores de “La cuarta revolución” –la que ya ha hecho Suecia– el Estado occidental es ajeno a la era Google, porque:

1. No externaliza sus funciones2. No descentraliza sus decisiones3. Cultiva la igualdad y se asciende por edad3. Nunca hace nada por primera vez

Las tres fuerzas que han reconvertido por completo el mundo empresarial: las nuevas tecnologías (TIC), la globalización y la capacidad de elección del consumidor siguen siendo ignoradas por la política.

En las circunstancias descritas o el Estado abandona sus anacrónicas prácticas y asume, como el mundo empresarial, los nuevos factores que determinan la optimización de la gestión de los recursos o se convertirá en un artefacto cada vez mas inútil para la sociedad a la que debe servir.

La dimensión de los gobiernos cuando es muy grande genera productividades negativas lo que conlleva a que cualquier función adicional que asuma hace mas daño que bien

En una entrevista en The Economist con el primer autor del citado libro el líder laborista inglés Blair sostenía en 2011 que “a medida que los consumidores, y no los políticos, sean quienes toman más y más decisiones, reduciremos el tamaño del Estado”.

Como nos enseñó el prestigioso premio Nobel de economía Ronald Coase “la dimensión de los gobiernos cuando es muy grande genera productividades negativas lo que conlleva a que cualquier función adicional que asuma hace mas daño que bien”. Algo que ignoran continuamente nuestros políticos.

La “cuarta revolución” –una imperiosa necesidad para que occidente sobreviva con éxito– implicará que el Estado:

1. Deje de hacer lo que pueden hacer otros mejor (privatizaciones)2. Recorte los subsidios que pagan muchos en beneficio de pocos3. Reforme los derechos a prestaciones: sostenibles a largo plazo y dirigidas a las personas que realmente las necesitan

Desde el Foro de la Sociedad Civil nos preguntamos porqué los partidos políticos españoles no comienzan a operar en la dirección descrita en vez de querer seguir avanzando hacia el precipicio con ofertas de gastos públicos que desafían el sentido común de los electores y que carecen de fundamento lógico. Es perfectamente posible hacer más por menos, como se ha demostrado en el mundo empresarial, pero para eso hay que hacer las cosas bien. Y eso, a pesar del escepticismo generalizado de quienes creen que solo podemos ir a peor, es posible.

Como sucede en el mundo biológico y en el mercado, los pioneros en buscar nuevos nichos ecológicos y descubrir nuevas  y mejores maneras de hacer las cosas consiguen adelantar a los demás, en este caso consiguiendo mejores beneficios sociales compartidos.

¡A lo mejor los políticos que giren su volante hacia la nueva dirección y se atrevan a hablar con los ciudadanos como adultos y no como niños malcriados se llevan la sorpresa de que les votemos!


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