OPINIÓN

¿Tenemos un proyecto político para Europa?

Ha llegado, pues, nuestro momento, porque la nueva América de Trump, cuyo objetivo es preocuparse, exclusivamente de lo suyo, quiere distanciarse de las alianzas de siempre con el viejo continente. Europa ha de hacerse mayor. Construir su propio futuro.

¿Tenemos un proyecto político para Europa?
¿Tenemos un proyecto político para Europa? EFE

Bajo el título de “La Europa cainita del siglo XXI” escribía en este mismo blog, hace más de cinco años, que Europa debía refundarse. La tesis de aquella reflexión no era otra que subrayar que si no concebíamos un nuevo proyecto europeo era imposible dar respuesta a su futuro amenazado por los nacionalismos locales y por la ausencia de ambición de las instituciones políticas continentales. Sostenía que era necesaria una Europa unida, y fuerte, para que no se hiciese realidad la frase que, desde 1985, se adjudica a Den Xiao Ping, máximo líder de la revolución Popular China: “En el siglo que viene los EEUU nos dirán lo que hay que fabricar, los hindúes y los chinos lo fabricarán e irán todos de vacaciones a Europa”. Hoy poco ha cambiado la situación y han pasado 60 años desde el Tratado de Roma.

¿Tenemos un proyecto político Europeo? La contestación es fácil: no

En España, siguen siendo muchas las voces que reiteran que nuestro problema actual no es la crisis, que también, sino la falta de un proyecto estructural de país. En ese contexto, yo soy de los que creen que, si Europa va mal a nosotros nos ira también mal, y es entonces cuando hay que preguntarse: ¿tenemos unproyecto político Europeo? La contestación es fácil: no. Y no lo tenemos porque nos falta voluntad para ello. Sólo reaccionamos cuando nos surgen determinados problemas, puntuales y concretos como ocurrió con la crisis bancaria. En la que, por cierto, no se tenían las medidas adecuadas para solucionarlas sin cargo a los contribuyentes. Como se tienen ahora con el MUS (Mecanismo Único de Supervisión), ni con el JUR (Junta Única de Resolución), a la vista de lo que ha pasado con el Banco Popular cuyos activos problemáticos (fundamentalmente activos adjudicados de suelo) ya existían en 2012 y el BCE había asumido la supervisión bancaria. En aquél momento se autorizó una ampliación de capital que fue, fundamentalmente, cubierta por clientes no institucionales, a quienes la propia entidad prestaba dinero para suscribir las acciones nuevas. Menos mal que ha intervenido el Santander para poner orden a la situación, al igual que hizo José Ignacio Goirigolzarri con Bankia.

Por todo ello, y para la pronta realidad de una UE fuerte y unida, es necesario fundamentalmente:

  • Tener voluntad de aplicar, de verdad, los mecanismos existentes en la UE. Su legislación cuenta con multitud de instrumentos que no han sido puestos en marcha y que resolverían muchos problemas.
  • Una política económica única con un presupuesto propio para la Eurozona, gestionado por un Tesoro Europeo. El euro es un gran logro pero necesita de una política económica común. Hace falta un sistema de protección de las inversiones públicas, un reaseguro de prestaciones por desempleo y un fondo de reserva. En definitiva, una política económica única al frente de la cual estaría una suerte de ministro de finanzas de la Eurozona. Desde ese Tesoro Europeo se aplicarían y dirigirían las políticas anticíclicas, sin perjuicio de desarrollos legislativos que lo hicieran, igualmente, útil y necesario para las etapas de mayor expansión. Al mismo tiempo es necesaria la unión de los Mercados de Capitales con el objetivo de estimular la inversión. 
  • Llevar a cabo, y con valentía, una mutualización de la deuda, es decir crear un Fondo de amortización de deuda mediante la emisión de bonos europeos para compartir riesgos. Se trataría de títulos de deuda respaldados por todos los países de la zona euro. Tendrían un tipo único y serían emitidos por un organismo central europeo. Con ello se abarataría el coste de la financiación, se evitaría la especulación y desaparecería la prima de riesgo, que sería única para sus estados miembros. Los eurobonos en principio beneficiarían a los países periféricos que son los que tienen una prima más alta, pero a larga serian buenos para el conjunto de la Eurozona. Por ello la importancia de que se regule y ponga en marcha su emisión. No será fácil lograrlo. Habrá que vencer importantes resistencias, en particular, la de la Alemania de Merkel, siempre opuesta a dar este necesario, a mi juicio, paso.
  • Desarrollar una política fiscal europea, con una hacienda común y una legislación fiscal uniforme. No podemos tener una Europa única y 27 políticas fiscales. Es necesaria una armonización fiscal en la imposición sobre sociedades; en materia de IVA y su mejora; en la introducción del elemento ambiental en la imposición de los productos energéticos; en la implantación de una misma Base Imponible. En definitiva, una armonización de la imposición directa e indirecta. Para ello es necesario que los Estados renuncien a parte de su poder tributario.
  • Implementar políticas laborales propias de la Unión con el objetivo de crear más puestos de trabajo, y de mayor calidad, en toda la UE. Un crecimiento inteligente, sostenible e integrador orientado a reforzar el empleo, la cohesión social y territorial. Y, además, necesitamos una propuesta para sentar las bases de un mercado europeo de pensiones personales voluntarias.
  • Desarrollar una política energética común, que unifique el marco regulatorio, y que favorezca las interconexiones tanto eléctricas como de gas; una política común en materia de emisiones de CO2 y unificar el espacio digital y de las telecomunicaciones. 
  • Aceptar la cesión de soberanía al gobierno europeo. Donald Tusk presidente del Consejo Europeo ha recordado recientemente a los Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 que una Europa como entidad política, o permanece unida, o no existirá. O se asume como irrenunciable ese postulado o jamás disfrutaremos de una Europa verdaderamente soberana respecto al resto del mundo, y sólo una Europa soberana garantizará la independencia de sus naciones y la libertad de sus ciudadanos. 

Ha llegado, pues, nuestro momento, porque la nueva América de Trump, cuyo objetivo es preocuparse, exclusivamente de lo suyo, quiere distanciarse de las alianzas de siempre con el viejo continente. Europa ha de hacerse mayor. Construir su propio futuro. Como dice, entre muchos otros, José Carlos Diez, lo de Trump es proteccionismo igual de rancio que el de José Antonio Primo de Rivera y Franco que los españoles sufrimos durante décadas. Esa vuelta a los nacionalismos caducos, como propone el nuevo presidente norteamericano, son, en sí mismos, un no desdeñable riesgo y foco de inestabilidad financiera mundial. No perdamos pues la oportunidad que nos brinda la Historia y dejemos a las generaciones futuras, no el proyecto, sino la realidad de una sola Europa unida y fuerte.


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