OPINIÓN

¿De izquierdas o de derechas? La simpática teoría del “punto gordo”

Hace ya unos años, en un tiempo en el que me dio por la Sociología Política, me hizo mucha gracia un autor que, para demostrar que el “centro” no existe, explicaba lo que llamaba la teoría del “punto gordo”.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Gtres

Hay gente que dice que eso de ser de “izquierdas” o ser de “derechas” ya no se lleva, que es algo pasado y que, en el fondo, todo es lo mismo, que ahora ya todo es “centro”. Y uno, con algunos años de experiencia deambulando por las ideologías, no está de acuerdo con ese simplismo tan cómodo como irreal. Sigo creyendo que hay que profundizar en las diferencias para, habiéndolas, encontrarlas y, con ello, permitirnos saber que representa ser de una u otra ideología. Si tenía alguna duda, hace unos días me enteré de que, incluso, existen diferencias hasta en las olas del mar, que hay olas de “derechas” y olas de “izquierdas”. ¡Qué cosas! Porque, aunque la mayoría de la gente piense que no nos habíamos enterado, parece, y por lógica debe ser así, que los “surfistas”, esos deportistas que navegan en paralelo a la playa haciendo piruetas encima de una tabla, distinguen muy bien entre las olas que les vienen por la derecha y las que les sorprenden por la izquierda. Y, naturalmente, como en la vida misma, hay especialistas en “olas de izquierda” y otros en “olas de derecha”. Es entonces cuando el ejemplo abre mis ojos y me convenzo de que, tanto en el mar como en tierra, no es lo mismo que las “olas” te vengan por la derecha o lo hagan por la izquierda, y que ni en el mar, ni en tierra, existen “olas de centro”.

Hace ya unos años, en un tiempo en el que me dio por la Sociología Política, me hizo mucha gracia un autor, no recuerdo ahora su nombre, que para demostrar que el “centro” no existe, explicaba lo que llamaba la teoría del “punto gordo”

Esta reflexión sobre, tan eterna como estéril, disquisición, viene a propósito del curso político recién iniciado que aventura acabar en inevitable “curso electoral”. Así las cosas, puede que sea conveniente que cada uno de nosotros reflexionemos sobre “dónde estamos”. Hace ya unos años, en un tiempo en el que me dio por la Sociología Política, me hizo mucha gracia un autor, no recuerdo ahora su nombre, que para demostrar que el “centro” no existe, explicaba lo que llamaba la teoría del “punto gordo”. Sostenía aquella simpática teoría que si trazamos una línea recta en un papel e imaginamos que situamos sobre ella a todas las personas de una sociedad, inevitablemente habrá unos, más o menos, situados a la derecha y otros a la izquierda de la misma. Los de la derecha y los de la izquierda se juntarán en un punto, que sería el “centro”, de la recta. Pero en un punto, por ser muy pequeño, no cabe nadie, y los individuos, por muy cerca que estén, se situarán a un lado u otro del mismo. Sólo si cogemos la pluma, o el bolígrafo, y emborronamos el punto, si lo hacemos “gordo”, podremos empezar a incluir en él a más personas, pero entonces ya estarán a un lado u otro del mismo. A medida que vayamos haciendo crecer artificialmente ese “punto gordo”, en el “centro”, irá cabiendo mas gente. Al final el disparatado, conceptualmente hablando, “punto gordo” puede terminar acogiendo a todos aquellos que se vean absorbidos por su insaciable expansión y aquellos que se encontraran en el mismo podrían sostener que son de “centro”, con independencia de su real situación más a la derecha, o a la izquierda del mismo. Seguiremos siendo “de derechas” o “de izquierdas”.

Al emborronar el “punto” sobre la línea, al hacerlo “gordo”, no sólo crece a derecha e izquierda, si no que también lo hace por su parte superior y por su parte inferior

Pero hay más. Al emborronar el “punto” sobre la línea, al hacerlo “gordo”, no sólo crece a derecha e izquierda, si no que también lo hace por su parte superior y, de igual forma, por su parte inferior. El “punto gordo” se convierte en una especie de elipse, en una representación simple, pero más exacta, de la Sociedad, y en la que, además de diferenciar a la gente de “derechas” e “izquierdas”, permitiría distinguir a los “nacionalistas” de los “no nacionalistas” según estén situados arriba o debajo de la línea. Tendríamos así a la elipse, al “punto gordo”, a la Sociedad, al fin y al cabo, dividida en cuatro cuartos. Arriba: “nacionalistas de derechas” y “nacionalistas de izquierdas”; y debajo de la línea, “no nacionalistas de derechas” y “no nacionalistas de izquierdas”. La teoría del “punto gordo” da mucho juego. 

La acción política debe estar dirigida a favorecer la vida de las personas concretas, que son las importantes, y que los colectivos se beneficiarán a través de ellas

Pero ahora viene la “pregunta del millón”: ¿Dónde nos situamos? Vd., yo, ¿en cuál de los cuatro cuartos del “punto gordo” nos colocamos? A mi no me importa autosituarme, esencialmente, porque creo en el hombre, en la persona, por encima de los colectivos y de las simples etiquetas. Creo en aquello de que “el hombre, la persona, es principio y fin de todas las cosas”. Asumo, por tanto, que la acción política debe estar dirigida a favorecer la vida de las personas concretas, que son las importantes, y que los colectivos se beneficiarán a través de ellas. No creo en las revoluciones, y menos aún en las “revoluciones pendientes” de cualquier signo, y si en que las sociedades que evolucionan y cambian porque las personas, cada uno de nosotros, piensan, trabajan, se esfuerzan por hacerlo. Yo, personalmente, apuesto por la idea, y la concepción, de España como una Nación, y ello porque tenemos una indiscutible, para mi, base religiosa y cultural común. Y, para acabarlo de complicar, me considero “europeísta”, porque también creo en el futuro de Europa como garantía de nuestro modo de vida, de nuestros conceptos del bien y del mal. Sin embargo, me resisto a acotar mi existencia al tópico de moda de ser, o sentirme, “ciudadano del mundo”.

Algo habremos de reflexionar para, saber dónde encajamos mejor

Algo habremos de reflexionar para, saber dónde encajamos mejor. Si identificándonos con alguno de los dos tipos de “olas del mar”, o para encajarnos, libre y voluntariamente, dentro del “punto gordo”. O, quizá, simplemente, para ejercer nuestra libertad de elegir y autosituarnos, sin más. Dónde más felices nos encontremos. Prescindiendo de las etiquetas que otros, ajenos a nosotros, querrán colgarnos. A partir de ahí, y también prescindiendo de ataduras irreversibles, disponer de la capacidad de elegir. De optar entre una u otra opción. Sin sentirnos obligados a ser, toda la vida, desde que naciéramos, de izquierdas o derechas y, por ende, cautivos de nuestra incapacidad de libre elección. Pudiendo adaptarnos, en cada caso, a la realidad de nuestro país, de quienes nos gobiernan y de sus capacidades.

Pero les aseguro que se me plantea un grave problema de conciencia, tan grave que casi es de obligada confesión, cada vez que tengo que votar.


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