Europa, parque temático

Gratis total no hay nada

En España tenemos un déficit público disparatado y que continua creciendo, dígase lo que se diga, con nuestras políticas expansivas. Cada año gastamos alrededor de 70.000 millones de euros más de lo que ingresamos. Alguien los tiene que poner y no hay otra salida que acudir a los mercados financieros a solicitar fondos con los que refinanciar ese diferencial. ¿A qué coste?, al que los mercados nos establecen en función del comportamiento de la tan denostada, como mal entendida, “prima de riesgo”. Por otra parte, no podemos olvidar que este año vencerán 400.000 millones de deuda pública que habrá que atender con la puntualidad que exigen las reglas de juego si no queremos atentar contra los pilares de la recuperación que son la inversión y el empleo. Nuestra deuda pública se sitúa ya ligeramente por encima del 100% de PIB y según la UE no dejará de crecer, al menos, hasta 2020. Está previsto, en los Presupuestos Generales del Estado para 2016, qué por el concepto de intereses al servicio de la deuda, tengamos que hacer frente a la escandalosa cifra de 33.500 millones de euros, es decir casi 92 millones de euros diarios.

Tras el paso de la crisis somos significativamente menos ricos y la distribución de nuestra renta ha empeorado, lo que equivale a decir que constituimos una sociedad más pobre y menos justa.

El gratis total

Para bajar nuestro déficit público sólo conozco dos fórmulas: o subir los impuestos o bajar los gastos públicos. ¿Pero qué ocurre? Pues que la mayor parte de estos últimos están concentrados en las pensiones, la educación y la sanidad. Son “sagrados” para todos con independencia de que podamos atenderlos o no. Ajustarlos sería atentar directamente contra al “Estado de Bienestar”. Algo tan necesario como ambiguo en su propia definición. Tan legítimo como difícilmente sostenible en Estados como el nuestro en el que las cuentas no cuadran. Nada hay en ellos que podamos financiar con el “gratis total”. Restringir otros gastos como los coches oficiales, las retribuciones de los cargos políticos y similares son “pecata minuta” y no resuelven el problema. Son meras soflamas populistas cargadas de intencionada ideología, tan de moda en estos tiempos de “cambios revolucionarios” en que se confunde la estética con los problemas de fondo.

Las rentas de la clase media son rentas cautivas, difíciles de ocultar o deslocalizar

Si convenimos que tenemos poco margen para la reducción apreciable de los gastos, sin renunciar a la obligada eficiencia en la administración de los recursos que lo son de todos los ciudadanos, no nos queda otra salida que la subida de los impuestos para sostener ese “vellocino de oro” que es el Estado de Bienestar al que nadie quiere renunciar. Y es con esta receta con la que nuestros partidos políticos pretenden seducirnos y cautivarnos. Craso error, porque cada vez que se suben los impuestos su repercusión recae siempre sobre las pymes y sobre la clase media que es la pagana de un irracional “gratis total”.

Lo más fácil es acudir a la máquina de recaudar. Poner en marcha los mecanismos tributarios, en ocasiones confiscatorios, del IRPF, Patrimonio e Impuesto de Sucesiones y Donaciones, que, en general, tienen, una y otra vez, el mismo destinatario: la clase media que es la que menos problemas va a dar, porque no tiene tribunas desde las que reflejar su rechazo y “generar opinión” que pueda poner en riesgo las ambiciones de los políticos y sus partidos que los acogen. No nos engañemos. Es falaz pensar que en sí mismos, los impuestos afectan por igual a los que más y a los que menos tienen. Los adinerados, y las grandes empresas, salvan de mil formas diversas su cuota impositiva y cuentan con una muy importante capacidad de movilización de los capitales financieros. Las rentas de la clase media son rentas cautivas, difíciles de ocultar o deslocalizar. Ya tributan, y por lo que finalmente habrán de hacer desde el propio origen de su percepción a través de la retención a cuenta, son, principalmente, rendimientos de trabajo.

Conclusión

¡Basta ya! La clase media está harta de ser expoliada constantemente cuando es la que sostiene, en gran medida, el crecimiento de los países y de su riqueza.

Recordemos que los problemas de crecimiento y de consumo en China proceden de la ausencia de una clase media bien estructurada socialmente. Los graves desequilibrios sociales que amenazan al gigante chino son, también, un enorme factor de inestabilidad para el resto de los países íntimamente interrelacionados con la evolución de aquel, hoy segunda potencia económica mundial.

Se ha optado por llamar ricos a los que más impuestos pagan: la clase media y las pymes

Las pymes son las mayores creadoras de empleo. Hemos de proteger e incentivar su desarrollo y con él su competitividad, que habrán de favorecer su crecimiento y expansión tanto en el mercado nacional como en su expansión internacional.

Se ha optado por llamar ricos a los que más impuestos pagan: la clase media y las pymes. Siguiendo a Angel Vizcarrondo como dijo Jean Baptiste Colbert, ministro de Luis XIV: “el arte de los impuestos consiste en desplumar al ganso de forma que se obtenga el mayor número de plumas con el menor ruido posible”.

Si Colbert hubiera vivido en nuestros días con la misma lógica habría recomendado, además, coger al ganso en la granja y no entre los que gozan de libertad.


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