OPINIÓN

La Batalla de Almansa y el Corredor del Mediterráneo

Al final, desde la inteligencia de todos, podemos recuperar nuestra vocación fenicia e industrial.

Obras del corredor mediterráneo en su enlace con el AVE Barcelona-Madrid en Perafort (Tarragona).
Obras del corredor mediterráneo en su enlace con el AVE Barcelona-Madrid en Perafort (Tarragona). EFE

Cuenta la historia que hubo un tiempo en el que los valencianos fuimos una potencia comercial, quizá la más importante del Mediterráneo; que luego, en los Siglos XIX y XX, Valencia se convierte en una próspera y feliz potencia agrícola. Y en la España de hoy, del éxito turístico parece que queremos limitarnos a ser lugar de vacaciones y de descanso de quienes visitan nuestro país. Es obvio, y de agradecer, que el turismo represente una muy importante fuente de ingresos para las arcas españolas. Es cierto, también, que tras el estallido de la “burbuja inmobiliaria”, nuestra industria turística ha sabido recoger el testigo del ladrillo y aportar más de 75.000 millones de euros (2106) a nuestro deprimido PIB de los años duros de la crisis económica reciente. Nadie, con dos dedos de frente, puede cuestionar ese logro. Ocupamos, y sería necio renunciar a ello, la primera posición del mundo en materia de competitividad turística. Mimemos ese “vellocino de oro” que son nuestra cultura, nuestra gastronomía, nuestras costas. Pero, siendo ello compatible, no aceptemos convertirnos solo en un gigantesco parque de atracciones para esos millones de turistas que nos visitan año a año.

Intencionadamente, el título de este Blog, obedece a mí preocupación de muchos años por ver a España, y Europa, convertidas en ese preocupante “parque temático” de chinos y americanos.

La batalla de Almansa

Hace más de trescientos años, en el marco de la Guerra de Sucesión a la Corona española, las tropas que defendían la opción austracista del Archiduque Carlos, sufrieron, en Almansa, una determinante derrota que iniciaba el desenlace de la contienda a favor del legítimo heredero de Carlos II y la instauración de los Borbones en la figura de Felipe V, Duque de Anjou. Según un prestigioso historiador valenciano Antonio Furio, con el que estoy de acuerdo en esto, la Guerra de Sucesión, fue, y cito textualmente “…una guerra territorial, del centro contra la periferia, de Castilla contra la Corona de Aragón, y una guerra política, del absolutismo contra el parlamentarismo, ocultos baja la apariencia de un conflicto dinástico”.

En la España de siempre, y en la Valencia de hoy, nos encontramos de nuevo con un tablero de ajedrez en el que otros, el poder, mueve sus fichas decidiendo nuestro futuro de los próximos siglos

Salvando todo tipo de distancias, pero enlazando las consecuencias de aquella guerra y sus efectos sobre la cuenca mediterránea -entre otros, la liberalización del comercio, derivada de las medidas adoptadas por el nuevo Rey encaminadas a favorecer y hacer más eficientes las rutas con las colonias– en la España de siempre, y en la Valencia de hoy, nos encontramos de nuevo con un tablero de ajedrez en el que otros, el poder, mueve sus fichas decidiendo nuestro futuro de los próximos siglos.

El Corredor del Mediterráneo

Me estoy refiriendo al tan manoseado, en las últimas semanas, Corredor del Mediterráneo. Esa suerte de prometedor futuro para el desarrollo de nuestra industria y nuestras exportaciones. La “madre de todas las rutas”, que aspira a conectar perimetralmente, por el este de España, algunos de nuestros principales puertos del Mare Nostrum por ferrocarril, desde Algeciras hasta la frontera francesa. Su recorrido cubre las comunidades autónomas de Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía. Y aquí se produce otra contradicción “in terminis”, al, intencionadamente, limitar su indudable interés para Cataluña y Valencia. Lo cual no es en absoluto verdad por dos obvias razones. La primera, por que el proyecto trata de comunicar a cuatro Comunidades, y, la segunda, y quizá más importante, porque  supone un importantísimo estímulo para el crecimiento de España al incrementar la productividad ferroviaria, y en concreto, -y hago míos los argumentos de los empresarios valencianos-, al permitir:

  • Reducir a casi la mitad los tiempos de transporte entre las ciudades del litoral mediterráneo.
  • Mejorar la competitividad de la economía del arco mediterráneo, fuertemente proyectada al mercado europeo.
  • Incrementar el turismo y la creación de empleo.
  • Potenciar el comercio internacional.
  • Contribuir a un desarrollo económico más sostenible a través de la reducción de la contaminación y de las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Mejorar las conexiones de los puertos y aeropuertos del Mediterráneo español y sus zonas logísticas e industriales con sus respectivas áreas de influencia en la Unión Europea y con los países vecinos. 

En resumen, promover el uso inteligente de las infraestructuras españolas, constituyendo uno de los ejes ferroviarios más importantes, a nivel económico y comercial. 

La historia de Europa ya tiene antecedentes de este corredor, pues como nos recuerda Germà Bel: Aníbal desembarca en el sur de Hispania y desde la península llega a Roma atravesando los Alpes

La historia de Europa ya tiene antecedentes de este corredor, pues como nos recuerda Germà Bel: Aníbal desembarca en el sur de Hispania y desde la península llega a Roma atravesando los Alpes. Más tarde, y recorriendo el camino inverso, lo hace Escipión y desde entonces, la “Vía Augusta” representó una de las rutas más transitadas entre los Pirineos y Cádiz.

La recuperación del proyecto, contradicho por algún ministro de Fomento que lo calificaba de “obra faraónica”, olvidándose de los muchos disparates que se han hecho con rentabilidad nula en inversiones ruinosas en infraestructuras, en nuestro país. Sirvan de ejemplo un sinfín de despropósitos como la construcción de aeropuertos que luego no se utilizan, las obras monumentales completamente abandonadas, estaciones de tren y trayectos de dudosa eficacia, etc.

Pero dejemos las musas y pasemos al teatro pues son muchos los empresarios españoles, más de quinientos, y cito como mero ejemplo, a Juan Roig, Vicente Boluda, Marc Puig, Artur Carulla, Tomas Fuertes, José Ignacio Goirigonzarri, García Carrión, Carlos Egea, Eduardo Baamonde etc., y muchas las organizaciones empresariales como AEV, COEPA, CROEM, o el propio Instituto de la Empresa Familiar, que reunidos en Murcia recientemente reivindicaban la puesta en marcha del Corredor del Mediterráneo y se avance, de forma decidida, en la construcción de una doble plataforma que permita viajar de forma más sostenible y eficiente a más de 22 millones de personas y a las mercancías de los clúster industriales y agroalimentarios de la cuenca mediterránea, que contribuirá a generar un desarrollo económico muy importante para nuestro país.

Desde la inteligencia de todos, podemos recuperar nuestra vocación fenicia e industrial

Las últimas informaciones, y las inequívocas manifestaciones del presidente Rajoy y del ministro de Industria, Íñigo de la Serna, en tal sentido, y el nombramiento de un coordinador en el Ministerio para ese tema, me invitan a ser más optimista. A creer en la sólida idea de que aquello que nos enseñaron los romanos de que la comunicación es vital para el desarrollo de los pueblos, puede estar más cerca. Que quizá mi visión de España como simple “parque temático” puede, todavía, modificarse. Que al final, desde la inteligencia de todos, podamos recuperar nuestra vocación fenicia e industrial. Que los Presupuestos Generales del Estado, den respuesta a una necesidad y no a una componenda de pago de favores políticos.

Que Dios reparta suerte y que se cumplan de verdad los compromisos que los políticos asumen, por el bien de España, de los españoles y sobre todo de una Europa unida, próspera y no “temática”.


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