Que los más pacatos no se lleven las manos a la cabeza antes de tiempo: estos vídeos no contienen nada más pornográfico que lo que lo que cada uno quiere ver en ellos... porque, como bien sabemos todos, el mayor órgano sexual del cuerpo humano es el cerebro. Simplemente, unas burbujas dibujadas sobre las imágenes generan en nuestras mentes la creencia de estar viendo algo que en realidad no está ocurriendo.

Toda esta locura que se está volviendo viral en Internet tiene como origen las frustraciones de un joven estadounidense de religión mormona que buscaba el modo de excitar sus más primarios instintos sin caer en la pornografía. El bubbling comenzó con imágenes estáticas y ahora ha llegado al mundo del vídeo. Esta pieza, de poco más de un minuto, es el mejor ejemplo.