Jamal Zougam, condenado a 42.917 años de cárcel como autor material del 11-M, no se sentará en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional por sus vínculos con el frente de cárceles yihadista desarticulado en las prisiones españolas en 2018. El Juzgado Central de Instrucción número 1 archivó las diligencias en su contra en la llamada operación Escribano así como las de Hassan el Haski, condenado también por los atentados de Madrid en 2004.  

El juez Santiago Pedraz decretó el sobreseimiento provisional para ambos en un auto en el que consideraba que ninguno “formaba parte de la estructura investigada”. A la luz de los informes policiales, consideraba que Zougam y El Haski eran “meros destinatarios” de las actividades de esta red de captación en prisión que pretendía “mantenerlos bajo su control a través, entre otros medios, del envío de correspondencia manuscrita”. Por los mismos motivos, cerraba el caso para otros siete investigados, todo ello con el visto bueno de la Fiscalía.

La operación Escribano fue desarrollada por el Servicio de Información de la Guardia Civil e inicialmente ascendió 26 presos implicados. Lo que se investiga es una red que se hacía llamar “Grupo Victorioso” y que captaba a otros presos a través de cartas que se mandaban entre diversas prisiones. En ellas se ensalzaba y se usaba la simbología del Estado Islámico. Las pesquisas arrancaron con unas pintadas en favor del grupo terrorista en las paredes de uno de los módulos de la cárcel madrileña de Estremera: “Nosotros somos los soldados del califato”, “El Estado Islámico es un califato según el método del profeta”.

Pedraz dictó en febrero el auto de procesamiento para los cinco principales investigados: Mohamed Achraf, Karim Abdeselam Mohamed, Lahcen Zamzami, Abdelah Abdeselamn Ahmed y Mohamed el Gharbi. Este miércoles tuvo lugar la vista del recurso contra ese auto de procesamiento, último paso antes de que se celebre el juicio contra ellos por un delito de integración en grupo terrorista.

Mohamed Achraf

Uno de los cabecillas es Mohamed Achraf, un viejo conocido de las fuerzas de seguridad españolas que en 2004 ya estuvo involucrado en otra red de captación y proselitismo en el interior de las prisiones. Fue acusado de planear un atentado en la Audiencia Nacional introduciendo un camión cargado de explosivos. Aquel grupo fue desarticulado en la llamada operación Nova y la acusación estuvo liderada por la actual fiscal general del Estado, Dolores Delgado. 

A finales del año pasado, la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional denegó la puesta en libertad provisional de Achraf apelando al riesgo de fuga ante la posibilidad de una nueva condena. Además, destacaba “su capacidad de movilización y su influencia sobre otros reclusos en orden al llamamiento para la participación en diversos movimientos de protesta y de reivindicación de su modelo de lucha”.

Achraf y Zougam se intercambiaron cartas a las que tuvo acceso Vozpópuli. “¿Cómo estás querido hermano?”. De este modo arranca la misiva que Zougam le escribió a Achraf el 12 de agosto de 2018 desde la cárcel gallega de Teixeiro (A Coruña). Su “querido hermano”, preso en el centro penitenciario de Murcia, es el presunto líder de un entramado llamado Grupo Victorioso.

Zougam se puso en contacto con él para que le facilitase el nombre de una abogada para poder recurrir su caso ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo: “Te escribo querido hermano para que me mandes el número de teléfono de la abogada de Bilbao que conoces”. Según comenta en la misiva, había contratado a un letrado que le estafó. “Cogió el dinero y apagó el teléfono y no hemos vuelto a saber nada de él”. La conclusión a la que llegan los investigadores al analizar esta carta es que “ambos internos se conocen con anterioridad, pudiendo haber coincidido en algún centro penitenciario”.

Este cabecilla radical también se carteó con otro condenado por el 11-M llamado Hassan El Haski, alias Abu Hamza. Marroquí de 55 años, se encontraba recluido en la cárcel de Alicante. Las pesquisas en relación a este frente de cárceles podrían mantener en prisión. En su caso, Achraf le escribió una misiva en la que hace referencia a textos teológicos y le ofrece la ayuda de su familia. Como la otra, esta carta también está encabezada por dos banderas del grupo terrorista Estado Islámico.