El Ministerio de Asuntos Exteriores sigue sin tener un plan de vacunación para sus diplomáticos en el extranjero, algunos de ellos destinados en zonas del planeta donde la pandemia del coronavirus está descontrolada. El malestar con la ministra Arancha González Laya se ha disparado estos días en las embajadas. Defensa ha empezado a citar a sus agregados militares destinados en el exterior para vacunarlos, mientras los diplomáticos siguen sin saber cómo y cuándo se les vacunará.

Fuentes de Exteriores explican a Vozpópuli que el Ministerio "trabaja incesantemente en buscar una solución". Y confía en "tener avances en breve". "El Ministerio es plenamente consciente de la situación que plantea la vacunación de los funcionarios destinados en el exterior", dicen estas fuentes. "En ningún caso se ha ignorado la legítima solicitud de este colectivo. Más bien, al contrario".

Sin embargo, las gestiones de Exteriores no están dando sus frutos. Y los diplomáticos ven ahora cómo sus compañeros agregados militares de las embajadas, que dependen del Ministerio de Defensa, están siendo convocados a Madrid para vacunarse.

El departamento que dirige Margarita Robles cuenta con su propio protocolo para vacunar al personal dependiente del Ministerio, tanto civil como militar. En concreto, tal y como indicó la ministra en una comparecencia reciente en el Congreso de los Diputados, "la Inspección General de Sanidad de la Defensa realizará las acciones necesarias para el cumplimiento de las disposiciones previstas en el Real Decreto-Ley [de medidas urgentes contra el coronavirus], dando cuenta al Ministerio de Sanidad".

El IGESAN dictó el 5 de enero la estrategia de vacunación contra el coronavirus para las Fuerzas Armadas, que contemplaba un proceso por fases y grupos de riesgo; desde el personal del ámbito sanitario en primera línea hasta el resto de miembros de los cuerpos militares. Poco después estalló la polémica por la vacunación del JEMAD, de acuerdo a un protocolo interno del Estado Mayor de la Defensa (EMAD) del que, según Robles, ni ella ni nadie de su equipo más cercano tenía conocimiento.

El personal de Exteriores se queja de que ellos y sus familias están "igual de expuestos o más que los agregados" y lamentan la falta de respuesta de la ministra González Laya

Así las cosas, entre el personal militar a vacunar también se priorizó a aquellos efectivos que iban a desplegarse en misiones internacionales, al tener un mayor riesgo de contagio por el contacto frecuente que surge en este tipo de escenarios, a pesar de las medidas sanitarias adoptadas en todos ellos. "Les puedo decir que en el Ministerio de Defensa, la autoridad sanitaria competente -el IGESAN-, ha priorizado siempre aquello que era más esencial y más importante", aseveró Robles.

En el caso concreto de los agregados militares destinado en las embajadas españolas en el exterior, este diario ha tratado de obtener más información a través de fuentes oficiales de Defensa, sin lograrlo.

Las quejas de los diplomáticos

El personal de Exteriores se queja de que ellos y sus familias están "igual de expuestos o más que los agregados" por las continuas reuniones que mantienen a diario. Y lamentan la falta de respuesta de la ministra González Laya.

Este diario ha informado de la carta que UGT dirigió la semana pasada a la Comunidad de Madrid. El sindicato pidió al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso que defienda la vacunación contra el coronavirus de todo el personal del servicio exterior y que este colectivo sea equiparado al de los militares en misiones internacionales.

"Le escribimos en nombre de decenas de funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación destinados en el extranjero para ponerle en antecedente y rogar una solución al grave problema derivado del abandono de nuestro Ministerio respecto a la vacunación contra el COVID-19", decía la carta.

Muchos diplomáticos y sus familias han optado por organizarse dentro de sus posibilidades. Algunos de los destinados en América han optado por viajar a Estados Unidos, que vacuna a cualquier turista a un precio que oscila entre los 50 y los 90 euros. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, vende la vacunación como un elemento más de su oferta turística de ocio y cultura.