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Rubén Arranz

El dardo de Arranz

También hay que pedir perdón porque nieve en Madrid

En un lugar donde casi nunca se cubren las calles de blanco, ha habido críos que han conocido hoy el hielo

Madrileños disfrutando de la nevada este sábado en el centro de la capital.
Madrileños disfrutando de la nevada este sábado en el centro de la capital. Rubén Arranz

Como casi cualquier cosa que sucede en Madrid provoca recelos, hay quien ha aprovechado el paso de 'Filomena' por la capital para criticar a la prensa por destacar la nevada que ha caído en la capital. "Si nieva allí es noticia, pero en mi pueblo nieva más y nadie dice nada". Lo típico: cainismo patrio en su más pura esencia.

Pero más allá de las fobias enfermizas, lo cierto es que un paseo por las calles de cualquier barrio este sábado por la mañana recordaba al inicio de Cien años de soledad, salvando las distancias, claro. Porque en un lugar donde casi nunca se cubren las calles de blanco, ha habido críos que han conocido hoy el hielo.

Quizás ha llegado España al ojo el huracán de la pandemia y se ha demostrado en forma de precipitación, pues esta mañana los madrileños paseaban con una despreocupación que no se apreciaba en las calles desde hace muchos meses. Es cierto que algunas decenas de conductores han pasado la noche atrapados en la carretera y que se han producido los incidentes asociados al paso de temporales, como la caída de árboles y alguna víctima por accidentes desafortunados. Pero también lo es que cientos de personas han salido esta mañana de sus casas para observar una postal de Madrid que para algunos era insólita.

Que Madrid parezca Minsk por un día equivale a que una sequía afecte a Venecia o a que llueva una tarde en el desierto de Atacama

Porque sí, nieva casi todos los años, pero nunca con esta intensidad. Por eso, no es habitual ver a pocos metros de Cines Callao a un tipo ataviado como si fuera a visitar Sierra Nevada. O una muchacha con un gorro de colores y con los dos pies situados encima de una paellera, que le servía de trineo. Se deslizaba calle abajo mientras una decena de fotógrafos improvisados captaban la imagen, entre sonrisas ocultadas por las mascarillas.

Un día raro

Que Madrid parezca Minsk por un día equivale a que una sequía afecte a Venecia o a que llueva una tarde en el desierto de Atacama. Por eso, había un niño dominicano, en la calle de Francos Rodríguez, que le preguntaba a su padre el porqué se echaba sal en la carretera. Su progenitor respondía entre dudas, pues en el Caribe suelen ser más especialistas en el merengue y las mosquiteras que en el tiempo gélido.

Otros, como quien escribe esto, observaban con sorpresa el hecho de que tantos madrileños hayan recorrido esos pasillos de Decathlon inexplorados en los que se vende la ropa invernal. 

Dicen los expertos que ha caído la mayor nevada desde 1971 y eso ha dejado algunas imágenes insólitas, como la de un par de esquiadores deslizándose por la Puerta del Sol o la de tres muchachas construyendo, entre risas, un muñeco de nieve. Mientras una moldeaba la cabeza y el peinado, la otra, palo en mano, definía los abdominales; y la tercera, reía a carcajadas.

Como suele ocurrir, el lunes volverán las malas noticias y a buen seguro que las autoridades sanitarias hablarán de los cientos de contagios y de fallecidos que se han registrado en España por covid durante estos días. Ese día, se vivirá el inicio de un período glaciar de unos cuantos días que dejará temperaturas por debajo de los 10 grados bajo cero en unas cuantas capitales españolas y volverá a registrarse la paradoja de que los días soleados sean más desagradables que los de temporal.

En El Corte Inglés harán cuentas del agujero que les habrá generado el cierre obligado de sus grandes almacenes en el primer fin de semana de rebajas y los periódicos volverán a reflejar debates como el relativo al incremento del precio de la luz. Pero este sábado los madrileños han tenido al fin una tregua moral, tras varios meses de inquietud, y eso se ha debido a que las calles han amanecido con la apariencia que describía la canción de Frank Sinatra: “En el carril, la nieve brilla / Estamos felices / Caminando en el paraíso invernal / Se fue el pájaro azul (blue, depresión) / Y aterrizó uno nuevo”.

Desde luego, quienes han dormido en la M-30 tendrán una visión distinta de las cosas, pero quienes han paseado este sábado por el centro de Madrid, habrán visto una ciudad con luz blanca. Blanca y de la marca Quechua, todo hay que decirlo.

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