Los indultos han volado todos los puentes entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Ciudadanos. La negociación con el independentismo catalán y el perdón a los líderes del proceso separatista encarcelados son una línea roja para el partido de Inés Arrimadas, que da por imposible cualquier alianza estable de legislatura.

Sánchez giró hacia Ciudadanos durante la pandemia tras la persistente negativa de sus aliados de investidura a respaldar el estado de alarma. Pero ha abandonado también esta vía para entregar las llaves de los "32 meses" de legislatura al nacionalismo en una huida hacia delante por sostenerse en La Moncloa tras el hundimiento electoral del PSOE en la Comunidad de Madrid.

Ciudadanos ha convocado una concentración en contra de los indultos, que tendrá lugar el 11 de junio en Barcelona. Y apoya la protesta en la plaza de Colón de Madrid dos días después. Es probable que el partido de Arrimadas no esté representado al más alto nivel para evitar una foto como la de febrero del 2019 junto al PP y Vox.

El canal de confianza, roto

Fuentes tanto de Ciudadanos como del PSOE aseguran a Vozpópuli que siempre están dispuestos a hablar. La formación de Arrimadas insiste en que negociarán todo lo que consideren bueno para España, "venga de donde venga". Pero es evidente que la voluntad del Gobierno de persistir con sus socios de investidura y la puerta que Sánchez ha abierto de par en par a los indultos a pesar de la oposición frontal del Tribunal Supremo complican esa comunicación.

"La excepcionalidad de la pandemia va acabando y con este tipo de mensajes es muy difícil", dicen desde Ciudadanos. "Tampoco hemos encontrado mucha voluntad por su parte (PSOE) de recomponer puentes".

Otro de los problemas es la ruptura del canal de confianza que Gobierno y Ciudadanos abrieron durante la pandemia. El interlocutor del partido naranja con La Moncloa era Carlos Cuadrado, que ha sido apartado por Arrimadas de la gestión política tras el fiasco de la moción de censura de Murcia. Sin Cuadrado, el diálogo se circunscribe a los Grupos Parlamentarios, donde esa confianza ni existe, ni se ha trabajado.

La última prueba de esa falta de sintonía fue el decreto postcovid que el Gobierno llevó al Parlamento. El PSOE se dirigió a Ciudadanos para negociar su apoyo, pero ni siquiera hubo diálogo. La formación naranja siempre ha reclamado al Gobierno que involucre a la oposición en la redacción de los decretos, especialmente los relacionados con el coronavirus, antes de llevarlos al Consejo de Ministros. Pero no es un mecanismo que la coalición utilice habitualmente.

Sánchez, Presupuestos y Murcia

PSOE y Ciudadanos sitúan en la fallida negociación presupuestaria el principio del final de su entendimiento. Sánchez prefería sacar las cuentas con el PNV y los diputados de Arrimadas, pero el exvicepresidente Pablo Iglesias (Podemos) presionó para llevar el diálogo al lado opuesto del hemiciclo. Y lo consiguió. Ciudadanos, que facilitó la tramitación de las cuentas, acabó votando en contra tras constatar que Sánchez se apoyaba en el separatismo.

Sin embargo, y después de aquel episodio, los dos partidos se aliaron en una operación política que resultó una ruina: la moción de censura en Murcia. El PP salvó el envite tras la espantada de varios diputados autonómicos naranjas. La consecuencia inmediata fue la convocatoria anticipada de elecciones en Madrid y la victoria aplastante de Isabel Díaz Ayuso.

Ciudadanos se encuentra inmerso en un proceso de recomposición de su proyecto político tras desaparecer de Madrid y perder estrepitosamente el Gobierno de Murcia. El PSOE, por su parte, da por finiquitado al partido naranja y ha renunciado a conquistar a su electorado, que se ha pasado en masa al PP tal y como se pudo comprobar en las elecciones madrileñas.