PSOE y PP han empezado ya a disputarse bajo mano la herencia de Ciudadanos: los 1,6 millones de españoles que siguieron votando contra viento y marea a Albert Rivera en las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019, más otro millón que se quedó en casa sin apostar por alternativa política alguna.

El exlíder del partido naranja y quien fuera su número dos, José Manuel Villegas, retirado de la políticaapuestan claramente por el PP, uno desde su bufete privado y el otro apuntándose a la fundación Propósito, pero Pedro Sánchez tampoco va a quedarse parado. No quiere que la desbandada naranja -están registrándose fugas de cuadros y afiliados- beneficie sobremanera a Pablo Casado y ponga en riesgo su actual hegemonía, según coinciden diversas fuentes socialistas consultadas por Vozpópuli.

De ahí que Moncloa y el Grupo Socialista mantengan la ficción de que Ciudadanos todavía puede acabar apoyando los Presupuestos Generales del Estado 2021, por más que Inés Arrimadas insista en no estar dispuesta a votar unas cuentas públicas como acompañante de Podemos, Bildu y ERC, decisión que podría precipitar una crisis interna en el partido naranja.

A ella le conviene esta respiración asistida que le está suministrando el ala socialista del Ejecutivo y que Pablo Iglesias combate por tierra, mar y aire; por lo menos hasta las elecciones catalanas del 14 de febrero, en las que se prevé una fortísima caída de Ciudadanos. Pero también le conviene a un PSOE en plena ebullición por la indigesta foto presupuestaria con Arnaldo Otegi, que amenaza con causar al Ejecutivo tanto daño como a Rivera aquella otra de Colón, según sospechan muchos dirigentes territoriales y cuadros de la Ejecutiva socialista.

El "estigma" de Bildu

A partir de aquella instantánea con Vox en febrero de 2019, Ciudadanos empezó un paradójico descenso a los infiernos: primero tocaría el cielo con 57 escaños en las elecciones generales del 28 de abril, tras lo cual, seis meses más tarde y en un escenario de máxima polarización, perdió 2,6 millones de votos y cayó a diez diputados porque se le culpabilizó de que no hubiera Gobierno (180 escaños sumaban PSOE + Ciudadanos).

Sánchez tendrá dos o tres años para recuperar votos una vez aprobados los presupuestos 2021, en enero próximo, se dicen a sí mismos los asesores del líder socialista en Ferraz y la Moncloa. No obstante, a medida que uno sale del primer círculo de poder socialista, los barones y bastantes cuadros creen que el "estigma" (sic) de la foto con Bildu les va a perseguir, más allá de que el PP y Vox la usen como ariete de oposición como ellos hicieron contra Rivera y Casado con la foto de Colón.   

El PSOE aprendió la lección el 10 de noviembre: 800.000 votantes de Rivera volvieron al PP y más de 600.000 se fueron a Vox; Solo 200.000 acabaron en el PSOE y otras formaciones de izquierda

Casi un millón de votantes de Ciudadanos castigaron a Rivera quedándose en casa hace ahora un año, mientras que otro millón y medio votó a la derecha: 800.000 volvieron al PP y más de 600.000 se fueron a Vox. Solo 200.000 pasaron al PSOE y, en menor medida, a otras formaciones de izquierda. Esa es la "gran lección" que aprendió Sánchez y que no quiere que se repita cuando sean las elecciones porque, si los 1,6 millones que conserva Arrimadas más los abstencionistas (en total 2,6 millones) se decantan mayoritariamente por el PP, tendrá que decir adiós a los "diez años de gobiernos de izquierda" que vaticina Pablo Iglesias para la coalición PSOE-Podemos.

Por eso, admiten a este periódico fuentes de Ferraz, al presidente del Gobierno le interesa "mimar" a la sucesora de Albert Rivera para que no se desmorone; y a Podemos también le debería interesar. De lo contrario, el roto muy importante a los socialistas pondría a Casado en disposición de convertirse en la primera fuerza política en las próximas generales en detrimento del PSOE.

Incluso Casado, dice una fuente de La Moncloa, "se dará cuenta más pronto que tarde" que en este escenario de "fragmentación" absorber a Ciudadanos igual no es tan buen negocio si no logra sumar con Vox los 176 escaños de la mayoría absoluta, algo muy difícil hoy por hoy. Por la misma regla de tres que el nuevo PSOE necesita a Podemos, nunca va a sumar más del 32% del voto -frente al 40% de los gobiernos de Felipe González-, el nuevo PP va a necesitar a Arrimadas aunque ahora esté en la lógica de fagocitarla.  

Dicho lo cual, Moncloa no disimula su contrariedad con tanta "sobreactuación" de Pablo Iglesias para dar sensación de que manda más de lo que manda, "cuando quedan tres años para que los españoles vayamos a votar". Se vio con su tuit incorporando a Otegi y los suyos a "la dirección del Estado" (sic) y luego con la enmienda a traición en los presupuestos, dicen críticos socialistas, para forzar la paralización de desahucios "sin atender al daño" que hace a la coalición.   

"Lo de Bildu quedará en nada"

De momento, el presidente del Gobierno contiene la respiración para que nada se le tuerza y en la última semana del año tenga los presupuestos en la mano. Luego, dicen sus asesores, tres años por delante y tres objetivos: la vacuna contra el covid-19 cuanto antes; la recuperación económica; y la gestión de los 72.700 millones en transferencias que va a recibir España del fondo de recuperación europeo. "Y el tiempo hará que todo esto que estamos viviendo (Bildu) quede en nada", señalan fuentes socialistas.

La campaña interna ya ha empezado con una carta de Pedro Sánchez a la militancia restadno importancia a ese apoyo de los abertzales a las cuentas públicas. Y va a seguir con sus visitas a las diferentes autonomías para poner en valor el dinero de la UE que va a llegar a los territorios: recientemente ha estado en la Comunidad Valenciana y Navarra y la próxima parada será La Rioja.