Iñaki Arakama Mendia, alias Macario, saldrá definitivamente de prisión este domingo después de haber cumplido casi 24 años de condena y una vida entera dedicada a ETA. Su primer asesinato lo perpetró en 1979 y le siguieron otros seis delitos de sangre más como miembro de los comandos Araba y Madrid. Participó en las llamadas conversaciones de Argel con el Gobierno de Felipe González y fue uno de los pesos pesados de la banda que, ya desde la cárcel, comenzaron a advertir que los atentados no les darían el ansiado objetivo de la independencia.

Según informan fuentes de la lucha antiterrorista, Arakama Mendia tiene que abandonar este domingo la cárcel alavesa Zaballa en la que ha pasado sus últimos días en prisión. El Ministerio del Interior de Fernando Grande-Marlaska le incluyó en febrero entre los terroristas acercados a centros penitenciarios del País Vasco. En su caso le trasladó desde Sevilla hasta su tierra natal. En el comunicado que Prisiones emite cada viernes para anunciar estos movimientos explicaba que “ha presentado escrito en el que hace constar su rechazo a la utilización de medios violentos. Reconoce el daño causado y muestra su deseo de atenuar ese dolor”.

En 2004 firmó una carta junto a otros terroristas en la que alegaban que "la lucha armada no sirve". Desde las cárceles trataban de impulsar un debate interno para que se reconsiderara la estrategia criminal de ETA. Esto les valió su expulsión de la banda, aunque no de su colectivo de presos donde sigue presente a día de hoy. El resto de los firmantes de aquella declaración eran Francisco Mújica Garmendia, Carlos Almorza Arrieta, Kepa Solana;  Iñaki Bilbao Beaskoetxea y Koldo Aparicio. Faltaban todavía cinco años, más atentados y muchas detenciones para que ese debate cobrase fuerza y se acabara imponiendo la apuesta por las vías exclusivamente políticas. 

Negociación con el Gobierno

Arakama Mendia no era un preso cualquiera y sino un referente para otros miembros de la organización criminal por su dilatado curriculum sangriento y por su papel en momentos clave de la banda. Acompañó al histórico Eugenio Etxebeste, Antxon, al menos en una reunión mantenida en Argel con una delegación del Ejecutivo socialista integrada por el ministro del Interior José Luis Corcuera, el secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera y el entonces delegado del Gobierno de Murcia, Juan Manuel Eguiagaray. Corría el año 1989 y esos diálogos no derivaron en el final de la violencia de ETA.

El terrorista ingresó en prisión el 12 de agosto de 1997, por lo que ha pasado en la cárcel 23 años y ocho meses. Hace unos años, el Colectivo de Víctimas del País Vasco (Covite) denunció a este preso y otros por beneficiarse de títulos universitarios falsos otorgados por la Universidad del País Vasco (UPV) para deducirse años de condena. 

Llegó a integrar el comando Madrid de ETA, uno de los más sangrientos de la organización. Allí coincidió con etarras como Belén González Peñalva, Juan Antonio Madariaga Erezuma, Juan Manuel Soares Gamboa o José Ignacio de Juana Chaos. Fueron autores del secuestro en 1983 del financiero Diego Prado y Colón de Carvajal. Por estos hechos Macario fue condenado a 25 años de prisión, 

Sus delitos de sangre

El inspector de Policía Antonio Recio fue su primera víctima. Tenía la rutina de pasar por una empresa familiar que tenían en Vitoria antes de ir a trabajar. Era un negocio de fontanería y el día que lo mataron estaba solo cuando de pronto entraron tres miembros de ETA en el local. Eran del comando Araba, le dispararon once veces. Recio tenía 52 años, dejó mujer y dos hijos adolescentes. 

Lo que no sabía la banda cuando planificó su asesinato es que además de inspector de Policía, era también agente del CESID, los servicios secretos españoles. Macario fue condenado por estos hechos en 1998, casi veinte años después. La Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional le impuso 30 años de cárcel.

Tras el asesinato del espía, el comando Araba tardó menos de un año en volver a matar. Su siguiente víctima fue el comandante de 47 años Jesús Ignacio Velasco. Acababa de dejar a sus hijas en el colegio cuando un taxi ocupado por cuatro terroristas se paró a la altura de su Ford Fiesta en un semáforo. Uno de los etarras se bajó del auto y disparó contra él. 

Velasco era el marido de Ana María Vidal Abarca, un símbolo dentro del colectivo de víctimas que dio el paso de constituir la primera asociación, embrión de la actual Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Eran los tiempos de la soledad y la incomprensión para los que sufrían la barbarie terrorista. Macario fue condenado a otros 28 años de prisión como cooperador necesario. 

Solo dos meses después mataron también en Vitoria al comandante de Infantería Eugenio Lázaro. Le asestaron un tiro en la nuca cuando salía de misa. La Audiencia Nacional impuso a Arakama Mendia otros 30 años de prisión. Sus siguientes víctimas fueron tres guardias civiles, José Luis Vázquez, Ángel Prado y Avelino Palma, asesinados el 4 de octubre de 1980 en Salvatierra (Álava). Iban a participar en el dispositivo de seguridad de una carrera ciclista organizada con motivo de las fiestas patronales. 

Varios miembros del comando Araba se acercaron a cara descubierta y les mataron. Los datos de la hora de la carrera y el trazado se los proporcionó a ETA un sacerdote que fue condenado por ello. La Justicia sumó otros 60 años de prisión para Macario. Su séptima y última víctima fue ya como miembro del comando Madrid en 1985. Se trató del banquero Ricardo Tejero, al que asesinaron tras irrumpir en su vivienda haciéndose pasar por policías. Fue condenado a otros 26 años y ocho meses de prisión.