No pocos miembros del PSOE, entre ellos la actual vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, negaron en numerosas ocasiones cualquier posible pacto con EH Bildu. Llegar a acuerdos con la formación que lidera Arnaldo Otegi suponía una "línea roja" para los socialistas. Ahí está la hemeroteca de tantos años. Pero eso ha cambiado esta semana. Porque el Ejecutivo de Pedro Sánchez necesita socios para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Y uno de esos aliados será Bildu si no hay un cambio de última hora.

El PSOE ha borrado esas líneas rojas. O cuando menos las ha cambiado de sitio. La semana empezaba con el PSE desautorizando y silenciando al líder de sus Juventudes porque se había atrevido a poner en cuestión que se pueda "blanquear" a Otegi y los suyos. "Ninguna necesidad aritmética justifica tratar como un partido más a quienes desde un punto de vista ético no lo son". Cuatro días después, la propia líder de los socialistas vascos, Idoia Mendia, celebraba como un "hito histórico" la incipiente alianza con los bildutarras. 

Por mucho que le pueda pesar a Víctor Trimiño, recién elegido como líder de las Juventudes del PSE, o a otros compañeros de siglas, la realidad es que el PSOE está cambiando su relación con Bildu. Ahora ya pueden ser socios. Las reuniones y los acuerdos entre ambos ya empiezan a ser habituales. El mejor exponente de ese cambio se ha visto también esta semana, cuando la propia Carmen Calvo se reunía con la portavoz abertzale en el Congreso, Mertxe Aizpurua, para negociar las cuentas públicas. 

Acercamiento progresivo

El acercamiento ha culminado esta semana. Pero viene de atrás. Sólo hace unos meses que el PSOE pactó con Unidas Podemos y Bildu la derogación de la reforma laboral. Aquello sorprendió a propios y extraños tanto dentro como fuera del Partido Socialista. Parecía que podía ser una excepción. Nada más lejos de la realidad. Este viernes, en una entrevista a El Mundo, Mendia celebraba como "un hito histórico" la participación de Bildu en la aprobación de las cuentas públicas. 

Tal vez el PSOE pueda aparcar los conocidos vínculos de la izquierda abertzale con ETA. Pero muchas víctimas del terrorismo etarra no pueden hacerlo. Por ello, estos días ha quedado patente el enfado de los colectivos de los afectados por los atentados. El más claro ha sido el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), que reclamó al Gobierno que rompiera la negociación presupuestaria con EH Bildu y que anunció que si el pacto se cierra, el Ejecutivo "nos tendrá enfrente".

No es ético ni digno hacer política como si ETA no hubiese existido nunca, ni ignorar que sus defensores políticos, hoy en Bildu, justifican a ETA y sus crímenes

En opinión de la presidenta, Consuelo Ordóñez, "dar carta de normalidad y aceptar el apoyo de un partido político que se niega a condenar el terrorismo y mantiene vivo el proyecto político totalitario y excluyente de ETA, y que lo único que persigue es que se excarcele a los asesinos de nuestros familiares, es traspasar todas las líneas rojas morales y no lo vamos a consentir". 

Las palabras de Mendia celebrando la negociación con Bildu tampoco han gustado a esta asociación. Así, en sus redes Covite denunciaba que "no es ético ni digno hacer política como si ETA no hubiese existido nunca, ni ignorar que sus defensores políticos, hoy en Bildu, justifican a ETA y sus crímenes; hacer política así es blanquear a la peor organización terrorista que ha actuado en nuestro país". 

En Covite el enfado es aún mayor por varios hechos acontecidos en los últimos días. Por un lado, se han producido varios ongi etorris (actos públicos de bienvenida) a dos etarras que salieron de la cárcel: Ohiane Bakedano en Hernani e Ibon Gogeaskoetxea en Bilbao. Por otro lado, y también en paralelo a la negociación con el Gobierno, desde Sortu, partido heredero de Batasuna que lidera Bildu, se ha vuelto a llamar "presos políticos" a los reclusos de ETA. Su líder, Arkaitz Rodríguez, afirmaba que "no son violadores ni pederastas" y tienen "el apoyo de una parte importante de esta sociedad".