España

Retrato robot de un presidente republicano

En función del modelo de jefatura del Estado, los perfiles varían en el panorama comparado. En el tipo parlamentario, se premia una amplia trayectoria intachable y capacidad para forjar consensos

Una diputada durante una votación en el Congreso.,
Una diputada durante una votación en el Congreso., EP

Una persona ecuánime, de una trayectoria amplia e intachable, capaz de forjar consensos en momentos complicados y que no genere un rechazo frontal en la mitad del electorado. ¿Sería España capaz de encontrar un remplazo relativamente estable a Felipe VI en caso de adoptar un modelo republicano?

La precipitada salida de España del rey emérito ha agitado el debate sobre el futuro de la monarquía parlamentaria. Y aunque un cambio en la forma de Estado está lejos de salir adelante con la actual relación de fuerzas, los partidos (Italia o Alemania) o los ciudadanos (Francia, Portugal, Irlanda) deberían elegir periódicamente al jefe del Estado.

En un modelo de república parlamentaria -si se mantuviese la tradición reciente española- serían las fuerzas políticas las encargadas de designarlo, al estilo de la confianza que brinda el Congreso al presidente del Gobierno. ¿Por qué perfil podrían decantarse? 

Para el consultor Luis Arroyo, "lo ideal sería que no perteneciese a ningún partido o que, siendo de partido como en otros países, fuera capaz de desarrollar una labor 'apartidista' y neutral". Necesita ser "buen embajador", con cualidades de representación en los eventos nacionales y "respetado" por el conjunto de los ciudadanos. Pone como ejemplo el talante del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa,(71 años), que ocupa el puesto desde 2016. Antiguo presidente del socialdemócrata, fue diputado en la Asamblea Constituyente en 1975. 

"Necesitaría generar confianza entre los interlocutores de las distintas fuerzas a la hora de tener que formar un gobierno o de gestionar una crisis", añade Paloma Román, directora de la Escuela de Gobierno de la Universidad Complutense de Madrid. La clave sería encontrar "una figura con crédito amplio y más o menos respetada por todos los partidos", gracias a "una trayectoria política intachable y sin picos". 

Bloqueo en los órganos constitucionales

Aunque vista la actual polarización del tablero político, es difícil no dirigir la mirada a órganos como el Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial. Si las negociaciones entre los grandes partidos parecen por fin estar en marcha, la renovación de sus miembros ha permanecido bloqueada desde hace tiempo por la incapacidad de las fuerzas del Parlamento de acordar los nombramientos en un panorama de inestabilidad de política como el vivido en el último lustro. 

"Con un sistema de partidos tan complicado como el nuestro actualmente, necesitaríamos una persona capaz de involucrarse mucho más que lo que puede hacerlo, por ejemplo, el presidente de Alemania", añade Román. Allí ocupa el puesto Frank-Walter Steinmeier (64 años), exministro de Exteriores y miembro destacado del Partido Socialdemócrata. En caso de haber pasado por las filas de la política, la profesora cree que debería llevar un tiempo prudencial "separado de la primera línea". 

El presidente de la república italiana, Sergio Matarella (79 años) fue elegido como diputado 1983 y ocupó varios puestos en el Gobierno italiano. Hasta que sustituyó a Giorgio Napolitano (95 años) en 2015 -tras tres votaciones fallidas- ocupó un puesto en la Corte Constitucional. Desde entonces, ha visto pasar a tres primeros ministros: Matteo Renzi (2014-2016), Paolo Gentiloni (2016-2018) y el actual Giuseppe Conte. En su mano tiene el poder de aceptar un nuevo gobierno o convocar elecciones.

"La dinámica confrontativa de las dos últimas décadas hace difícil encontrar una figura ecuánime percibida como alguien medianamente neutral"

En cualquier caso, dice Román, "la dinámica confrontativa practicada en España en las dos últimas décadas hace muy difícil encontrar una figura ecuánime que sea percibida como alguien medianamente neutral". Y lo extiende no sólo al ámbito político -donde hay decenas de exministros socialistas y populares- sino también al jurídico o al académico. 

Aunque rostros menos conocidos quizás sí fueran capaces de generar consenso, "en seguida vendrían las dudas de los nacionalistas, etc...", remata Arroyo. Así que, "puestos a buscar un perfil que meramente represente al Estado, que haga de embajador, de consuelo en momentos de crisis y de árbitro en momentos excepcionales, mi elegido -aunque no soy sospecho de defender la monarquía- sería un perfil como Felipe VI".  

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