No será una Conferencia de Presidentes de puro trámite. La última tuvo lugar hace cinco años. Mariano Rajoy acababa de aterrizar en la Moncloa, aupado por una neta mayoría absoluta y pretendió dar continuidad a esta fórmula de encuentro de jefes de gobiernos regionales ideada por Rodríguez Zapatero. No hubo más. Las ausencias, los desplantes de los dirigentes nacionalistas aconsejaron al líder del PP optar por la prudencia a la hora de repetir la iniciativa.

Soraya Sáenz de Santamaría, además de vicepresidenta, ahora ministra de Administración Territorial, prepara esta ‘resurrección’ del cónclave autonómico con enorme cuidado y suma delicadeza. Necesita que el presidente de la Generalitat se sume al encuentro, pese a que Puigdemont ya ha anunciado con insistencia que no piensa participar en el evento. La vicepresidenta no desiste. No tira la toalla. Está organizando una Conferencia con gran contenido político. No serán sólo unas fotos con el Rey, un almuerzo y unas palabras vanas. Según comentó durante la fiesta del Día de la Constitución, Santamaría está incorporando cuestiones de ‘calado’ a este encuentro para que evitar decepciones. Y, al tiempo, para intentar atraer al presidente de la Generalitat. Si lo logra, lo considerará un éxito. La relación de la vicepresidenta con el jefe del Ejecutivo catalán funciona en forma positiva, de acuerdo con lo que ella misma confesó a los periodistas. Charlan telefónicamente con cierta frecuencia y mantienen un trato respetuoso y aún afable.

Abrir el camino

El primer paso será la entrevista que habrá de mantener con Oriol Junqueras, vicepresidente de la Generalitat y líder de ERC. Quizás se celebre antes de Navidad. Ahí se abordaría ampliamente el plan de la Conferencia de presidentes. Sáenz de Santamaría trata de seducir al equipo del gobierno catalán a pesar de las enormes dificultades que se cruzan en el camino. Puigdemont tiene que sacar adelante su paquete de presupuestos y depende del voto de la CUP para lograrlo. Los antisistema no verían con buenos ojos que se anunciara la presencia del titular de la Generalitat en en una reunión en el que aparecería como un presidente regional más.

De ahí los esfuerzos de la vicepresidenta para transformar una reunión que hasta ahora apenas tuvo contenido, en una cita en la ‘cumbre’ en la que se abordarán los asuntos que a todo el mundo le interesan. Incluido el presidente catalán. Financiación, infraestructuras, reforma de la Constitución. Cuestiones de primer nivel.

En sus mensajes hacia la Generalitat, Moncloa ya ha hecho saber que de los 46 puntos que conforman el ‘dossier’ de cuestiones pendientes del Ejecutivo catalán con el Gobierno central, al menos 45 pueden ser objeto de negociación y quizás de solución. Tan sólo queda fuera el asunto del referéndum, precisamente el que utiliza la CUP como chantaje contra Puigdemont a la hora de avalar sus presupuestos. El referéndum es inconstitucional e innegociable, ha dicho Rajoy con insistencia. 

En el equipo de la vicepresidenta se trabaja estos días con intensidad. El delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, se entrevistó el viernes pasado con Puigdemont y parece que las cosas resultaron medianamente bien. Sáenz de Santamaría pretende que el cónclave de los presidentes autonómicos abra el año político. De ahí que haya situado el listón muy alto. De ahí la imperiosa necesidad de que Puigdemont dé su brazo a torcer. Incluso Urkullu estaría dispuesto a acudir a la cita de Madrid. Pero el presidente catalán necesita tiempo. Y carece de libertad de movimientos. Al menos, hasta ahora. En enero, todo es posible.