El Senado francés tumbó el pasado lunes el plan para la 'desescalada' del presidente Emmanuel Macron. Su partido, la República en Marcha (LREM), solo tiene 23 escaños en la Cámara, pero la derrota refleja el desgaste del jefe del Estado galo, que prepara al país para volver a la calle a partir del 11 de mayo. El cierre de filas frente al coronavirus ha dejado paso a las críticas abiertas a las medidas de la nueva fase tras el pico de la pandemia y deberá recurrir a sus poderes en la Asamblea Nacional para extender sus poderes extraordinarios hasta julio. La oposición ve excesivas las intenciones de alargar un estado de emergencia que le dota de poderes extraordinarios y no ha dejado de recordarle la falta de mascarillas o la elevada cifra de muertos. 

Algo similar a lo ocurrido en España, donde el Gobierno de Pedro Sánchez ha reclamado desde el principio unidad y colaboración a todos los partidos para hacer frente a la escalada de contagios. Sin embargo, a este lado de la frontera la pelea dentro del bloque de la derecha ha hecho que las críticas al Ejecutivo hayan subido de nivel, con ataques muy duros y directos al Gobierno, que esta semana culminaron con un frustrado intento de bloquear una nueva prórroga del estado de alarma, que PSOE y Unidas Podemos quieren seguir extendiendo en el tiempo bajo amenaza de que las ayudas aprobadas hasta ahora podrían decaer. 

La arena política en Italia, el primer país europeo azotado por el coronavirus, tampoco se ha librado de las discrepancias entre si el desconfinamiento debe ir más rápido o más despacio. El país se encuentra desde el 31 de enero en estado de emergencia por un período de seis meses. Pero el apoyo inicial a Giuseppe Conte se ha dinamitado con el lento proceso de rebaja de las restricciones. Las críticas abarcan a todo el espectro político; desde la Liga de Matteo Salvini, hasta el ex primer ministro Matteo Renzi, que ha amagado con romper el equilibrio que sostiene a Conte al frente del Gobierno.

Otros países no han alcanzado el nivel de crispación que vive la política española en estos momentos, como resaltaba el Financial Times en un reciente editorial. En Alemania, donde no se ha aprobado ningún estado de alarma o emergencia, la confrontación con el Gobierno no ha sido tanto por la gestión interna de la pandemia, sino por la posición en la Unión Europea y los denominados 'coronabonos' de los que son partidarios Los Verdes, que a su vez participan en los gobiernos de algunos estados federados con los que la canciller Angela Merkel ha tenido que pactar el proceso de 'desescalada'. Y algunos lander han abogado por acelerar la relajación de las medidas.

Los casos de Reino Unido, Holanda o Portugal

En Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson ha logrado vencer al coronavirus pero no se ha librado de las críticas a su vuelta a la Cámara de los Comunes. "¿Cómo es posible que usted mismo diga que hemos tenido un aparente éxito en la lucha contra la epidemia cuando somos el primer país europeo por número de muertes y el segundo del mundo?", le espetó el nuevo líder de los laboristas, Keir Starmer. Incluso hay quienes piden ya, como el líder de los Liberal Demócratas, Ed Davey, una investigación independiente sobre los posibles fallos del Ejecutivo británico en la gestión de la pandemia. 

Por su parte, Portugal es el caso paradigmático de oposición que ha respaldado la actuación de su Gobierno. El conservador Rui Rio ha apoyado en todo momento al primer ministro socialista Antonio Costa, que también se ha convertido a nivel internacional en un ejemplo de buena gestión y pudo levantar hace una semana su estado de emergencia para volver poco a poco a la normalidad.

En Holanda han sido los partidos de la ultraderecha quienes han criticado el denominado "confinamiento inteligente" de Mark Rutte, mediante el que los ciudadanos tienen libertad para elegir si se quedan en casa o no. En Austria, Grecia o los países nórdicos, en general sí ha habido un cierre de filas por parte de la oposición respecto a las medidas decretadas por los respectivos ejecutivos.