España

La relación con la Policía divide el movimiento de las cacerolas: “¡Los defendimos en Cataluña!”

Frente a los insultos en las redes y en la calle, otras voces de la protesta piden respetar su trabajo y les consideran de los suyos

Manifestación contra el Gobierno de Pedro Sánchez en Núñez de Balboa, en imágenes
Manifestación contra el Gobierno de Pedro Sánchez en Núñez de Balboa, en imágenes Clara Rodríguez

Las protestas antigubernamentales que tuvieron su epicentro en la madrileña calle de Núñez de Balboa se han extendido ya por muchos barrios, pueblos y ciudades. Lucen banderas de España, cacerolas y un mensaje unánime contra el Ejecutivo socialista de Pedro Sánchez. Sin embargo, hay un concepto en este fenómeno ciudadano que aún está por definir y que tiene que ver con el trato a los policías que velan a pie de calle por que las concentraciones cumplan con las medidas de confinamiento. Hay vítores a los agentes, pero también insultos o faltas de respeto.

El pasado jueves, tras cinco días de aglomeraciones en el barrio de Salamanca, el Ministerio del Interior que dirige Fernando Grande Marlaska desplegó por primera vez un dispositivo policial contundente. El ministro fue objeto de toda clase de insultos por parte de los presentes, algunos graves como el de “¡Marlaska al paredón¡”. Parte de estos improperios también fueron dirigidos contra los uniformados a pie de calle. Principalmente se les acusa de estar “vendidos” al Gobierno socialista y se les recuerda el apoyo que recibieron cuando el desafío soberanista de Cataluña.    

“¡Los defendimos en Cataluña! Les hemos defendido”, le reprochaba un joven a los miembros de la Unidad de Intervención Policial el mismo jueves en Núñez de Balboa. Él y otra joven permanecían retenidos contra un portal. Eran las 21.15 horas y los agentes habían fracasado en su misión de evitar las aglomeraciones. Ella se dirigió en actitud desafiante y a gritos a otro de los agentes: “¿Me vas a poner una multa por estarte defendiendo a ti?, ¿de verdad?”. Uno de los policía le pidió que se pusiera la mascarilla: "¡No, póngase la máscara mis cojones!”, le replicó ella. Unos segundos antes, cuando el agente no miraba, le hizo un corte de mangas.

En los balcones de Núñez de Balboa abundan las banderas de España, muchas de ellas con los crespones negros en recuerdo de las víctimas de esta pandemia. Conviven con otras más desgastadas y ya comidas por el sol. Están ahí desde el referéndum de Cataluña de 2017. A aquello se le llamó "la España de los balcones". Desde el independentismo se le tachó la España del “a por ellos”, frase que el relato secesionista ha adjudicado de forma general a la despedida que se brindaba a los policías que iban a Barcelona a evitar la consulta ilegal.

"Respeto la labor de las fuerzas de seguridad"

En la céntrica calle madrileña se ha erigido como líder un hombre de mediana edad llamado Joaquín Ariza. Porta un megáfono y sus arengas sirven de pistoletazo oficioso a las protestas. Además de cargar contra el Gobierno, pide a los presentes que respeten la distancia entre personas y cumplan la ley. En declaraciones a este periódico afirma que a él no le supone ningún problema la Policía. “Respeto absolutamente la labor de las fuerzas de seguridad. Si no se respetan las medidas de seguridad, hacen bien en disolverla”, decía el pasado viernes.  

En este discurso se aprecia un cambio si se tiene en cuenta que, días antes, esta misma persona difundió en sus redes sociales diversos mensajes que daban pábulo a la teoría de que los policías se habían personado el domingo 10 en Núñez de Balboa para impedir una protesta contra el Gobierno. Esa denuncia corrió como la pólvora y fue la chispa que encendió las concentraciones. Lo que cuentan otros vecinos del barrio de Salamanca es distinto.

Según su versión, respaldada por fuentes policiales, las fuerzas de seguridad recibieron el aviso de que había personas concentradas en actitud festiva bajo el balcón de un joven que desde el inicio del confinamiento había amenizado las tardes con música a través de unos altavoces. El sábado 9 de mayo, el chico había anunciado que el domingo sería el último día y sus seguidores quisieron darle una despedida. La motivación no era tanto política ni pretendía ser el origen de ningún movimiento ciudadano. “Yo no buscaba esto”, dice en una entrevista a El Español.  

En este movimiento anida también un sustrato entre nostálgico y antisistema como reconoce otro de los habituales en Núñez de Balboa, también llamado Joaquín: “Bueno, es que yo parto de la base de que este sistema no me gusta. Yo soy franquista, y como yo mucha más gente. No creo ni en la Constitución ni en los borbones. Soy, por así decirlo, un antisistema".

Los agentes antidisturbios, entre pasivos y desbordados, no lograron el jueves impedir las aglomeraciones. A pesar de ello, la protesta se saldó con apenas una sola denuncia por incumplir las medidas de confinamiento establecidas en el decreto de alarma. Se escucharon insultos y se vieron faltas de respeto como un hombre aporreando una cacerola a escasos centímetros de la cara de un agente.

La Ley de Seguridad Ciudadana contempla como una falta leve (sanciones de hasta 600 euros) las faltas de respeto y consideración cuyo destinatario sea un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el ejercicio de sus funciones de protección de la seguridad. También hubo mensajes de apoyo a los uniformados. “¡Sabemos que sois de los nuestros!”, les gritaba un encendido manifestante.

Protestas en Castellana

Esta división se ha mantenido los días siguientes cuando la movilización se ha expandido a otros puntos de la ciudad como el Paseo de la Castellana. Este domingo, una multitud ovacionaba a los furgones que a duras penas avanzaba por la calle ante la gran afluencia de gente. En el mismo escenario, un hombre provocaba a uno de los agentes dando vueltas a su alrededor. Prácticamente la única indicación de las fuerzas de seguridad ante estas protestas es que nadie se quede parado en la vía.   

Esta actitud contraria a los policías ha tenido también su eco en las redes sociales. Estos días se han podido leer calificativos como “vendidos” o “los soldaditos de Marlaska”. La semana pasada también circuló un vídeo en el que se apreciaba a varios policías entrar en un casa en Palma de Mallorca donde estaban celebrando una fiesta. En las imágenes se ve cómo uno de los jóvenes que estaba en la casa se niega y echa a los policías del domicilio. El vídeo sirvió de munición a los discursos contra el exceso del estado de alarma por parte del Gobierno.

Entre los partidos más críticos contra el Ejecutivo está Vox, que ha apoyado las caceroladas diarias contra el Gobierno. Sin embargo, una de sus voces más autorizadas, la diputada Macarena Olona, terció en la polémica con un mensaje en defensa a la actuación policial en Palma: “Circula este vídeo hoy en Twitter. Se habla de una supuesta violación de un domicilio particular por parte de la Policía. Yo escucho al agente afirmar que previamente le habían autorizado entrar. ¿Hay algún motivo para dudar de su palabra?”. 

El comentario no logró el consenso entre sus seguidores en la red social. Muchos insisten en cargar contra los agentes. “No puedo entender cómo la policía se deja manipular por el Gobierno”,  “No se puede defender lo indefendible...La inviolabilidad domiciliaria es un derecho”, “Un profesional no actúa de esa manera”...

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