Madrid, 2021. Casi 7 millones de personas recorren cada día varios de los más de 3 mil kilómetros de calles que tiene la capital española. La mayoría haciendo recorridos que van desde su casa al trabajo o viceversa, o desplazamientos por motivos educativos, médicos, de ocio o diversión, etc., ya sea en coche o a pie, de día o de noche.

Todo un mundo de contrastes, luces, sombras, colores y olores se dan a nuestro alrededor, pero podrían pasar desapercibidos debido a todas las ideas y asuntos que copan nuestra mente. En fin, son tantas nuestras ocupaciones que, a veces, no nos percatamos de lo que sucede a nuestro alrededor. Y si es así ¿se atrevería a imaginar qué es lo que pasa bajo las calles de Madrid? Eso ya es otra historia.

Por debajo de la ciudad hay una inmensa red de colectores y galerías subterráneas, de aproximadamente 4500 km de longitud. En este escenario podrían ocurrir muchas cosas, algunas de ellas al margen de la ley, como por ejemplo el acceso a entidades bancarias por parte de los butroneros o robo de material de conducción. Este último considerado como el delito más cometido desde el subsuelo. Fue precisamente por el incremento de este delito, que se registró en 1958, que se decidió crear la Unidad de Subsuelos: al inicio fueron 37 personas, ahora son 205 en toda España. La gran mayoría hombres, pues son muy pocas las mujeres las que solicitan ingresar a este grupo.

“La intención es cubrir el servicio todo el día, los 365 días al año. Se ejecutan servicios en relación con la seguridad del jefe del Estado, se participa en dispositivos de seguridad y protección a edificios de la Administración, a personalidades, principalmente políticos, y de la Judicatura, pero también si hay testigos protegidos. Básicamente, es un trabajo de prevención”, asegura Tomás, jefe de la Sección de Subsuelo y Protección Ambiental de Madrid, a Vozpópuli.

Orificio realizado por butroneros para acceder a una entidad bancaria - Foto Unidad de Subsuelo

Para Tomás, “la delincuencia relacionada con el subsuelo es una delincuencia especializada”, pues considera que nadie se aventura ahí sin saber en dónde se está metiendo. Normalmente estos delincuentes hacen un trabajo de investigación previa. Ellos inspeccionan el potencial que tiene esa red para atacar un determinado inmueble, como un banco, por ejemplo. Para intentar evitarlo, esta unidad realiza una actividad preventiva: para eso van hasta las zonas en donde están los bancos con cajas fuertes para revisar las posibles fallas de seguridad que pudieran existir. Esta actividad puede ser de intervención. Cuando suena la alarma de un banco, los policías del subsuelo se desplazan hasta el sitio para constatar si los delincuentes permanecen todavía bajo tierra; en ese punto, su apoyo también consiste en descubrir si han quedado huellas o vestigios que hayan usado los antisociales.

1992 fue un año importante para todos los españoles que difícilmente olvidarán: Barcelona fue la sede de los Juegos Olímpicos y Sevilla, de la Exposición Universal. Estos megaeventos sirvieron también para potenciar el trabajo de las unidades de subsuelo, que ya era considerable si también se tiene en cuenta la gestión de prevención antiterrorista que se realiza desde los tiempos en que la banda ETA acechaba todo el territorio nacional. Desde el 2002 se le asignaron a esta unidad atribuciones en materia de protección ambiental para la detección y control de vertidos en las redes de saneamiento.

La presencia de este grupo especializado también puede ser común en caso de catástrofes naturales, dentro y fuera del país. Estos policías ya han participado en operativos en Argelia, Lorca, Badajoz, entre otros lugares.

Ser bajito ayuda para trabajar en el subsuelo

Para Tomás, el trabajo en el subsuelo “no es para tanto”. El olor a humedad, las ratas, los insectos, los gases tóxicos que podrían aparecer, etc., son asuntos a los que ya está acostumbrado y con los que tiene que vivir día a día. Para esto, los uniformados se preparan desde que piden el ingreso y pasan las pruebas respectivas para entrar. “Para trabajar en el subsuelo lo único que se requiere es que no tengas lesiones previas y claustrofobia, tener cierta fortaleza física, también beneficia ser bajito. Mientras más bajito seas, mejor te desenvuelves. La mayor parte de los colectores no miden más de 1,75 m, así que los que medimos más tenemos que ir doblados”, explica el jefe, quien resalta que bajo tierra existen riesgos reales dentro de su labor, como los relacionados con los espacios confinados: deficiencia de oxígeno o presencia de gases tóxicos o atmósferas explosivas, riesgos biológicos y mecánicos, como las caídas de altura o al mismo nivel, punciones, atropellos…

“Dentro de la Policía Nacional somos los que más riesgos potenciales tenemos, más variedad de riesgos. Otra cosa en la casuística. Nuestra casuística de accidentes es baja o muy baja o casi despreciable porque tenemos un protocolo de prevención de riesgos laborales muy estricto. La Policía no se puede permitir tener accidentes”, asegura Tomás.

Mientras todo esto sucede bajo tierra, arriba la vida continúa con sus altibajos, pero lo cierto es que la tranquilidad que disfrutamos en la superficie depende mucho de la efectividad del trabajo preventivo bajo tierra que realizan estos gendarmes, que son parte de una unidad que pocos conocen, pero que afortunadamente está ahí.