Pablo Iglesias se va. Salvo un milagro en las elecciones de Madrid –en el que ahora mismo muy pocos creen dentro de Podemos y los sondeos descartan totalmente- el exvicepresidente de Pedro Sánchez prepara su salida de la política después del 4-M. Eso sí, lo quiere dejar todo ‘atado y bien atado’ tanto en lo personal como en el partido.

En Podemos, con un Vistalegre IV que deje a Irene Montero al frente. Y en lo personal, con una pensión que le garantice la transición hacia el mundo privado sin problemas económicos. Porque cada vez se afianza más la impresión de que Iglesias no piensa ni recoger el acta de diputado regional en Madrid después de las elecciones si, como todas las previsiones indican, no logra llevar a Podemos más allá de la cuarta posición tras Ayuso, Gabilondo y, sobre todo, tras su enemigo íntimo, el Más Madrid de Errejón.

Esta semana que termina ha dejado varias señales del plan de Iglesias –adelantado hace días en las páginas de Vozpópuli por Luca Costantini-: una retirada de la política dejando Podemos en una bicefalia entre Irene Montero y sus fieles al frente del partido y con Yolanda Díaz como peso pesado en el Ejecutivo asumiendo el desgaste de los recortes que han de llegar desde Bruselas.

Iglesias y su reelección

Pablo Iglesias ya ha empezado a verbalizar sus planes. En TVE anunciaba este viernes que no se presentará a la reelección como secretario general de la formación morada y anticipaba la necesidad de “renovar” los equipos y apostar por una dirección "más coral".

En realidad, Iglesias lleva desde hace tiempo dibujando el futuro de Podemos con Juan Carlos Monedero, y este lo anunció hace meses, aunque pocos le hicieron caso. Hace casi un año, en junio, Monedero le propuso crear una estructura doble entre la jefatura del partido y el liderazgo en el gobierno siguiendo el “modelo PNV”.

El sorpresivo anuncio de Iglesias de competir por la presidencia de la Comunidad de Madrid hizo cobrar sentido a todo el plan. En el partido, en Vistalegre IV, dejará a Irene Montero al frente. Ya lleva maniobrando con sus primeros espadas, como Juanma del Olmo o Rafa Mayoral, para ser ungida como la sucesora.

Pablo Iglesias se ha garantizado, además, 15 meses con casi 6.000 euros de sueldo para preparar Vistalegre IV y una “transición ordenada”

En lo personal, el máximo líder morado ya ha solicitado, antes de anunciar que no se presentaría a la reelección en Podemos, la indemnización como exvicepresidente del Gobierno: 5.316 euros al mes durante casi 15 meses, el equivalente al 80% de su sueldo.

Iglesias sólo podrá recibir esta indemnización durante un año, dos meses y 18 días, exactamente el mismo tiempo que ha ejercido como vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030. Lo suficiente, sin embargo, para preparar su transición hacia la vida privada, en alguna fundación con relación con Iberoamérica o su regreso a las aulas.

Pierde el aforamiento

Sin embargo, Iglesias deberá renunciar a esa asignación que acaba de reclamar si toma posesión de su acta de diputado regional de Madrid tras el 4-M. Y aquí es donde entra el nuevo giro de guión: en Podemos cunde cada vez más la idea de que Iglesias no piensa –salvo que se produjera un milagro el 4-M que le dejara por delante de Más Madrid y en posición de gobernar en un ejecutivo con el PSOE- tomar su acta de diputado que le impediría cobrar la pensión de indemnización, incompatible por ley con otro sueldo, público o privado.

“¿Alguien se imagina a Pablo al frente del cuarto o el quinto partido de la Asamblea haciendo oposición a Ayuso y Monasterio?” dicen en el entorno morado. Si se ha garantizado, además, 15 meses con casi 6.000 euros de sueldo para preparar Vistalegre IV y una “transición ordenada” - el partido sigue siendo clave para controlar el dinero y de él dependerán centenares de cargos- el plan cobra todo el sentido.

Solo un escollo se interpone: el horizonte penal por el caso Dina. Al dejar su escaño en el Congreso, Iglesias ha perdido su aforamiento ante el Supremo, ese que se comprometieron a eliminar por ser un “privilegio de la casta”. Ahora, está tan desprotegido como cualquier ciudadano ante una hipotética citación judicial y solo volvería a tener aforamiento ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid si toma su acta de diputado regional tras el 4 de mayo. Algo que, sin embargo, parece dispuesto a asumir porque el perdón de Dina puede acabar por enterrar el asunto y hacer innecesario estar aforado. Y no es Dina, sino Neurona, lo que preocupa en Podemos.