Ya es habitual que en las citas electorales demasiados presuman de haber ganado. En las apretadas elecciones catalanas de este 14 febrero sólo hay una ganadora real desde el punto de vista televisivo: Pilar Rahola. La periodista, que dejó por un día TV3 para sorpresa del público, fue la estrella indiscutible del especial de Televisión Española sobre los comicios autonómicos.

La tertuliana tal vez no convenció a los espectadores pero sin duda venció en las redes sociales. Sus continuas apelaciones a que "España no es una democracia" por la "represión" padecida por los políticos independentistas, por un lado, y sus constantes choques con Javier Sardá, por el otro, desataron los comentarios en Twitter. Muchos se preguntaban qué hacía en La 1 la principal defensora mediática del fugado Carles Puigdemont.

Pero ahí estaba, utilizando su total libertad de expresión para decir lo que le viniera en gana en la cadena pública de un país que a su juicio roza el totalitarismo. Algo así como ver a un defensor de Richard Nixon escribiendo en el Granma o a una fanática de Donald Trump en la televisión donde pronuncia sus homilías Nicolás Maduro.

El especial de TVE de este domingo era algo así como un espacio mixto, con Ana Blanco y Carlos Franganillo como intermitentes presentadores de la parte informativa pero con Gemma Nierga y Xabier Fortes como dobles conductores de la parte de debate

La presencia de Rahola era obviamente extraña aunque fuera por poco habitual. A buen seguro que la audiencia de TV3 la echó de menos. Incluso ella se sentía rara, porque en uno de los momentos delirantes de la noche llegó a bromear con que "me habéis traído como saco de boxeo". En todo caso, a todos aquellos que legítimamente se ofenden por la presencia de la periodista en TVE habría que recordarles que, les guste o no lo que dice, Rahola no engaña a nadie y defiende lo mismo allá donde la llaman, ergo la culpa será de quien la llama.

No obstante, el protagonismo de Rahola es casi anecdótico dentro del caos reinante en Televisión Española. Cuatro presentadores para un programa que en realidad eran dos. Porque el especial emitido este domingo era algo así como un espacio mixto, con Ana Blanco y Carlos Franganillo como intermitentes presentadores de la parte informativa pero con Gemma Nierga y Xabier Fortes como dobles conductores de la parte de debate.

¿En realidad hacen falta dos personas para presentar un debate así? No, pero todo es susceptible de ser visto en esa corporación que gobierna la administradora única, Rosa María Mateo, que llegó para unos meses y ya lleva dos años y medio en el cargo. Al igual que no le tembló el pulso para despedir a los hacedores del famoso rótulo sobre la monarquía, quizás ahora debiera plantearse seriamente qué hacer con los responsables del extraño programa de TVE en el que, por ejemplo, veíamos a las nueve en punto de la noche, cuando muchos podían conectarse en busca del telediario, un surrealista paseo por el Parlament de la citada Nierga y el humorista Juan Carlos Ortega. Al menos TVE acertó en la parte técnica con los juegos virtuales en el plató de Torrespaña cuando hablaban Blanco y Franganillo. Pero todo eso palidecía ante el verbo irrefrenable de Rahola.

Entretanto, el especial de Al Rojo Vivo presentado por Antonio García Ferreras en La Sexta volvió a tener más ritmo y más sentido que ese caótico especial de TVE. O, dicho de otra manera, los programas emitidos este domingo son el mejor argumento para entender por qué la cadena pública ha dejado de ser el referente informativo para las grandes ocasiones como este 14-F.