“Yo tengo necesidad de saber. La he tenido siempre y ahora no me van a parar. Voy a ir al pueblo, no quiero que me entierren sin saber quién te mató”. Así le habla el personaje de Bittori a la tumba de su marido Tatxo, asesinado por ETA, en una de las primeras escenas de la celebrada serie Patria, basada en la novela de Fernando Aramburu. Esa necesidad de conocer la verdad se convierte en el motor que da sentido al resto y su recia protagonista en el espejo en el que se miran más de 300 familias siguen sin saber quién apretó el gatillo o activó la bomba que destrozó sus vidas. 

A pesar de ser una ficción, Patria se apoya en episodios reales que dieron forma a la pesadilla. El mismo paraguas de color rojo, presente desde la portada del libro a la cabecera de la serie de Aitor Gabilondo, evoca al paraguas del mismo color que quedó tendido en el suelo junto a una bolsa de periódicos el día que mataron a José Luis López de Lacalle. Le asestaron cuatro disparos un día de lluvia a pocos metros de su casa en Andoain hace 20 años.       

Si Bittori tuviese que saltar de la ficción a la realidad, perfectamente podría ser Juana Román. A su marido, Manuel López Treviño, lo mataron un 18 de octubre de 1975 en Zarautz. Tenía 48 años cuando varios miembros de ETA le siguieron en plena calle y le acribillaron a balazos. Una monja salió de un asilo cercano en su ayuda, pero nada se pudo hacer por él. Aún con el cuerpo sobre la acera, un joven pasó por delante con su bicicleta. Era su hijo. La banda reivindicó tres días después el atentado a través de un comunicado, pero nunca se supo quiénes lo llevaron a cabo.  

Juana y María Dolores

Juana murió hace tres meses sin resolver la duda. Su hija María Dolores habla para Vozpópuli y dice que no quiere ver Patria: “Los que hemos vivido eso, cada escena es un puñal. Han pasado 45 años pero sigue siendo muy doloroso”. Admite que le falta por cerrar un tramo de su duelo al no saber quién mató a su padre y reivindica que tan importante es saber el quién como el por qué. “En esa época no se informaba de por qué mataba ETA, qué quería. Yo siento que aquel día perdí a mi padre y a mi madre, aunque siempre la vi una mujer dura. Tenía 38 años cuando mataron a su marido”, dice.

María Dolores tenía 21 años cuando se produjo el atentado. Dice que de manera extraoficial logró hacerse con el sumario de la investigación sobre el asesinato, pero no ha tenido fuerzas para leerlo. Recuerda que cuando le mataron, en uno de sus bolsillos encontraron una carta de ETA en la que la banda le anunciaba que era uno de sus objetivos. “Nunca dijo nada a nadie”. María Dolores se despide al otro lado del teléfono celebrando que la gente joven vea la serie o lea el libro “para que sepan lo que pasó”. 

Maite también enviudó por decisión unilateral de ETA cuando los terroristas vaciaron sus cargadores sobre el cuerpo de su marido, Juan María Araluce. Ocurrió en 1976 en San Sebastián. Tres horas después, la organización criminal reivindicó la acción con varias llamadas a los medios de comunicación. Tampoco se conoce quién disparó. Maite abandonó el País Vasco y se instaló en Madrid junto a sus nueve hijos. El año pasado, el Ayuntamiento donostiarra honró la memoria de su esposo con una placa a su nombre en la calle Libertad, punto exacto del asesinato. Varios meses después, desconocidos la sabotearon y amaneció cubierta de pintadas. 

Maite y su madre

Una de sus hijas es hoy la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Se llama Maite como ella y teme resolver algún día la duda de quién mató a su padre: “Creo que me puede hacer más daño, o hacerme focalizar un odio hacia alguien”. Recuerda que su madre hablaba constantemente de su marido en casa, pero nunca habló del atentado. 

'Patria' me hace daño, sé que es ficción, pero es que hay tantas Bittoris...”

No obstante, la presidenta de la AVT es consciente de que la mayoría de las víctimas prefiere saber. Por ello reivindica, no solo el derecho a la Justicia, sino el derecho a la verdad para las víctimas. Defiende que desde la asociación se trabaja para recuperar documentos, atestados, sumarios y fomentando la investigación en la Audiencia Nacional. Ella tampoco tiene ganas de ver Patria, aunque leyó el libro. “Me hace daño, sé que es ficción, pero es que hay tantas Bittoris”. “A lo mejor si en otro momento me siento más fuerte… cuando leí el libro de Aramburu, volví al pasado, a aquel tiempo. Desde este puesto que ostento ahora prefiero centrarme en el presente y ver cómo puedo ayudar”, dice.

Un tercio de los atentados sin autor conocido

La cifra de atentados sin resolver como el que mueve a la Bittori de Patria supone más de un tercio de los asesinatos cometidos por la banda terrorista. Cuando decretó el cese definitivo de sus atentados, el contador de muertes superaba las 800 tras cinco décadas de terror. Hubo años, como en 1980, en los que se celebraba un funeral cada 72 horas. Veteranos periodistas de aquella época relatan que en ocasiones tenían que abandonar el sepelio a la carrera por el siguiente disparo en la nuca unas calles más allá. Tal fue la espiral de violencia que ni siquiera hay consenso en torno a la factura de vidas humanas que generó la organización criminal: 829, 849, 858… la cifra varía en función de la institución donde se pregunte.  

Con esos mimbres comenzaron hace años a recopilar sentencias y a sacudir el polvo a sumarios olvidados fiscales, fuerzas de seguridad y abogados de víctimas. El objetivo era elaborar un listado de atentados sin resolver y arrojar luz sobre ese terrible porcentaje de la actividad de ETA. Salieron hasta 324 asesinatos sin autor conocido, muchos de ellos ya prescritos o cerca de estarlo. El dato vio la luz en diciembre de 2011, apenas dos meses después de que ETA anunciase su final. Cuando había quien ya pensaba en acercar a presos etarras al País Vasco y pasar página, las víctimas reivindicaron su lugar en el relato.

Ahí estaba la abogada de la AVT, Carmen Ladrón de Guevara: “Hablamos de casos que no tenga ningún autor material condenado”. Hace ese matiz porque hay atentados en los que sí hay condenas para colaboradores, pero nadie que llevase a cabo la acción. Recuerda que todo surgió tras una visita a la Audiencia Nacional de una representación de la Fundación de Víctimas del Terrorismo que presidía Maite Pagazaurtundúa. Carmen había leído el libro ‘Vidas Rotas’ del periodista Florencio Domínguez, que repasa todos y cada uno de los asesinatos de ETA. 

Los casos sin resolver no son siempre errores del sistema. El último atentado en España fue en 2009 y no se sabe quién fue

A ojo de buen cubero, la abogada calculó entonces que un 20 por ciento de ellos permanecía sin autor conocido. “Muchos me parecen”, le contestó el entonces presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, quien se comprometió a comprobarlo. Resultó que eran el doble. “Al principio teníamos la duda de si las familias querrían saber. Hemos tenido que decirle a víctimas quién mató a sus allegados, pero que no se puede hacer nada porque el caso está prescrito. Algunos lo asumen con resignación, pero otros no lo aceptan. La conclusión a la que llegamos, y tras consultarlo con los psicólogos de la AVT, es que es mejor saber. La mayoría quiere saber”.

“Los casos sin resolver no siempre son errores del sistema. No todos, al menos y hay que tener en cuenta el contexto. Hay casos en los que no se hizo todo lo que se tenía que hacer, pero hay que recordar que el último atentado mortal en España fue en 2009 y sigue sin resolver. No es por errores, sino porque sencillamente no hay datos”, lamenta Ladrón de Guevara. A lo largo de casi diez años se han logrado esclarecer ya 15 atentados por medio de condenas a autores materiales. 

“Desde 2011, la Fiscalía de la Audiencia Nacional se puso las pilas. Yo he estado en despachos con fiscales con legajos por el suelo porque estaban revisando casos”. El fiscal a la cabeza de este trabajo es Marcelo Azcárraga. La semana pasada culminó el juicio contra la histórica etarra Carmen Guisasola. Volvía mucho tiempo después al banquillo de los acusados por un caso olvidado durante tres décadas que los investigadores salvaron de la prescripción in extremis. La etarra lleva años presentándose ante los medios de comunicación como arrepentida de su pasado.  

El fiscal Azcárraga le echó en cara que durante el juicio hubiese mantenido silencio y se hubiese negado a asumir su responsabilidad pese a la cantidad de indicios en su contra. “El verdadero arrepentimiento es el que se muestra en sede judicial , y no en un plató de televisión", le espetó. El fiscal hizo extensible este falso arrepentimiento a otros miembros de la banda que dicen romper con su pasado y se acogen a beneficios sin colaborar con la Justicia en el esclarecimiento de casos. Las víctimas del terrorismo reivindican este requisito cada ver que el Ministerio del Interior que dirige el exjuez Fernando Grande Marlaska decir acercar a un preso de ETA al País Vasco. Van 74 desde que llegó al Gobierno. 

Las redes sociales se llenaron de comentarios sobre el estreno de Patria, en su mayoría elogiosos. Uno de esos mensajes resumía en una frase el sentir de tantas familias víctimas del terrorismo: “Si tenéis un nudo en el estómago después de dos horas de serie, imaginaos tenerlo toda la vida”.