Pablo Iglesias quiere que sus ministros, y sobre todo Yolanda Díaz, al mando del departamento de Trabajo, sean más beligerantes en los asuntos sociales. Podemos aspira a aumentar sus exigencias a Pedro Sánchez en un momento trascendental para el Ejecutivo, con un debate abierto sobre las pensiones y otro sobre el mercado del trabajo que “explotará pronto”, según fuentes del partido. Iglesias quiere un equipo que actúe sin fisuras y ya ha avisado a Díaz de que no valdrán las medias tintas.

Fuentes cercanas a la ministra de Trabajo reconocen esas presiones. Oficialmente, la relación entre ambos dirigentes es óptima, aunque en Podemos no todos piensan lo mismo. En sectores relevantes de la cúpula del partido el protagonismo de Díaz crea malestar, y la falta de confianza ha crecido desde que el vicepresidente segundo ha decidido entrar en un duelo con algunos de los ministerios más poderosos del Gobierno de Sánchez, como los de Economía y Seguridad Social.

Durante los primeros meses de la legislatura Yolanda Díaz logró crear la imagen de ministra “pactista”. Luego ha ido endureciendo su perfil. Aunque sus márgenes son estrechos. Sabe que no puede enfrentarse directamente a Nadia Calviño, María Jesús Montero y José Luis Escrivá, porque esa enemistad podría costarle el cargo. Por otro lado, intenta proteger su relación personal con Iglesias para evitar el fuego amigo de Unidas Podemos.

Una ministra sin partido

“Yolanda tiene el firme apoyo de los sindicatos, sobre todo Comisiones Obreras. Pero tiene un problema: no tiene un partido detrás. No es de Podemos, como ella misma afirma, y tampoco de Izquierda Unida. Y cuando se vaya a votar, ¿ella en qué lista irá?”, explican fuentes de Unidas Podemos para resumir el embrollo político que puede ahogar a la ministra.

Entre los socialistas del entorno de los ministerios económicos también comentan que “después de las elecciones catalanas habrá un cambio importante en el Gobierno”, y apuntan a que la ministra de Trabajo deberá tener cuidado con sus movimientos. “Calviño y Sánchez le piden sensatez, otra cosa es lo que puedan hacer los de Iglesias”, abren de manera velada para dejar entender el peligro de conjuras internas en Unidas Podemos.

“Escenarios alternativos” tras el 14-F

Según estos ministerios, el pulso interno de Iglesias con los sectores económicos les ha fortalecido. “Están de moda”, comentan desde las entrañas del Gobierno para deslizar que en Moncloa ya barajan “escenarios alternativos” para después de las elecciones catalanas. El sanedrín de asesores y estrategas de Sánchez mantiene sus planes en la máxima discreción, pero también en el entorno de Iglesias crece el nerviosismo.

Va circulando en Podemos la tesis de que una derrota en las catalanas de 14-F obligará a Iglesias a reforzar su radicalismo político. “Pablo está nervioso porque ve que no todo sale como él quería”, se atreven a explicar algunos miembros del partido. Lo cierto es que en asuntos como el ingreso mínimo vital el partido morado no está satisfecho. Y que lanzará una ofensiva en la derogación de la reforma laboral de Rajoy en la que Yolanda Díaz deberá colaborar.

Podemos y la huelga general

En los últimos debates parlamentarios, Podemos ha lanzado su advertencia directamente a Sánchez. Los portavoces del partido morado han hablado de “huelga general” si no se retoca a fondo la reforma de pensiones propuesta por Escrivá. Los morados están estrechando una relación especial con la UGT, aunque intentan, de momento sin lograrlo, llegar a un pacto con Comisiones Obreras para presionar a Sánchez.

Personas relevantes del mundo morado lo han incluso afirmado públicamente. Es el caso de Manolo Monereo, quien escribió una tribuna en Cuarto Poder en el que apuntó a la intención de Iglesias de cerrar las filas de sus “ministras”. Monereo tiene una relación directa con Yolanda Díaz, y según varias fuentes de Podemos esa alusión revela la preocupación de la ministra sobre su futuro más próximo.

Si Iglesias decide que en los temas sociales de pensiones y empleo su partido pisará el acelerador, para Díaz se abrirá una encrucijada: puede insistir en la búsqueda de un entendimiento con los ministerios económicos o cerrar filas con el frentismo morado. “O dentro o fuera”, ya advierten algunos en Podemos.