“Que un pueblo oprimido al que quieren conquistar responda con violencia, no sé hasta qué punto es terrorismo”. Las declaraciones del párroco de Lemoa (Vizcaya) sobre ETA en un documental de Iñaki Arteta desencadenaron una batería de reacciones que difícilmente podría haber imaginado el protagonista. Polémica, debate y una decisión contundente de la diócesis de Bilbao, que optó por apartarle de los oficios. Pero hay más. El nuncio apostólico en España envía ahora al Papa un dossier en el que, en un hecho inédito, rinde cuentas de la relación de la Iglesia vasca con la banda terrorista.

El gesto está cargado de simbolismo. Las víctimas del terrorismo clamaban por un reconocimiento por parte de la Iglesia del dolor que una parte de sus religiosos ha causado en País Vasco y Navarra: por no condenar -o en algunos casos, justificar- la actividad de ETA. E incluso por llegar a dar cobijo a terroristas. Medio siglo de terror cargado de tropiezos que ahora la Iglesia trata de enmendar. Por eso, el envío de este dossier al Papa Francisco no es asunto baladí.

¿Por qué lo hace en este momento? El punto de partida está en la carta que la Asociación Pro Guardia Civil (APROGC) envió al Papa Francisco el pasado mes de diciembre. En ella, lamentaba las palabras del párroco de Lemoa en el documental Bajo el silencio y aseveraba que “la historia de lo que ocurrió en estos años no deja en buen lugar a la Iglesia vasca desde el mismo nacimiento de ETA”.

A juicio de la asociación, las palabras de este párroco no se tratan de “un hecho aislado” y resumen la polémica relación que, durante décadas, ha mantenido la Iglesia vasca con ETA y su entorno. Episodios que han estado marcados por una cierta connivencia, tal y como reconocieron los obispos vascos y de Navarra tras la disolución de la banda terrorista.

Representantes de APROGC depositaron esta carta en la Nunciatura apostólica -legación del Vaticano en España- en diciembre. Y ahora, dos meses después, tienen respuesta. Este lunes se produjo una reunión entre el nuncio, monseñor Bernardito Cleopas Auza, y la presidenta de la asociación de la Guardia Civil, Begoña Uña Cantalapiedra.

Reunión "satisfactoria"

Un encuentro “muy satisfactorio”, señalan desde APROGC. “Queremos mostrar nuestro agradecimiento al Nuncio de Su Santidad en España por la cordialidad en la que ha transcurrido esta reunión y la cercanía mostrada hacia esta Asociación, agradeciendo especialmente la preocupación mostrada por la Guardia Civil y sus inquietudes hacia la institución”.

Pero también porque en la Nunciatura tenían “pleno conocimiento” de las quejas presentadas por APROGC -señala la asociación- y porque ya se habían adoptado medidas. En concreto, el representante del Vaticano les anunció que ya había remitido la carta al Papa Francisco para que pudiera estudiar su contenido. También que había añadido un dossier en el que ofrecía claves relacionadas con la carta de los guardias civiles.

El contenido de este dossier es desconocido, pero va adjunto a la misiva de APROGC que ya ha llegado al Vaticano. Desde la asociación de la Guardia Civil han manifestado su gratitud al nuncio por su proactividad a la hora de informar al Papa Francisco.

Cinco décadas de existencia

A lo largo de medio siglo de existencia, los caminos de ETA y la Iglesia vasca han ido en paralelo en más de una ocasión. Caso destacado es el de Igueldo, religioso capuchino que no había colgado los hábitos cuando mató al guardia civil Félix de Diego en nombre de la banda terrorista. Asimismo son conocidos los episodios en que los pistoleros encontraron refugio en parroquias o dependencias religiosas.

Las víctimas también arremetieron en múltiples ocasiones contra el obispo de San Sebastián José María Setién, quien llegó a afirmar que los terroristas eran unos “revolucionarios” y que para negociar con ETA “no es imprescindible que deje de matar”. Entre los libros más recientes que analizan este fenómeno está Con la Biblia y la Parabellum, de Pedro Ontoso.

Un largo expediente que motivó las quejas de APROGC y que ahora, a través de su carta y del dossier redactado por la Nunciatura, llegará hasta el Vaticano.