Tras las desescalada de la hostelería y el ocio nocturno, se acerca el turno del fin de la mascarilla, al menos en exteriores. El Ministerio de Sanidad ha acordado que, a partir de este sábado, la mascarilla deje de ser obligatoria en exteriores siempre y cuando se pueda guardar al menos un metro y medio de distancia de seguridad.

Además, también se han establecido una serie de excepciones en las que seguirá siendo obligatorio su uso, como en locales, medios de transporte públicos o espacios cerrados de uso público (bibliotecas, farmacias, supermercados, etc.), en eventos multitudinarios donde el público esté de pie, y haya grandes aglomeraciones o esté sentado pero a menos de metro y medio de distancia.

También será obligatoria para los trabajadores de las residencias de ancianos, y para los visitantes, además de para los residentes en el caso de que el centro tenga una cobertura de vacunación menor del 80%.

La nueva normativa también obliga a llevar en el bolsillo una mascarilla para el caso de que sea necesario usarla al no poder respetar la distancia de seguridad con otros grupos de personas no convivientes. Aún así, en ningún momento se deja claro lo que es una "aglomeración", ya que no fija unos criterios objetivos y deja en manos de los ciudadanos la decisión de usar este elemento de protección bucal en estos casos.

Peticiones de la comunidades

Han sido varias las comunidades autónomas que, durante las últimas semanas, habían mostrado su predisposición a relajar el uso de la mascarilla es lugares públicos. Uno de los primeros mandatarios en plantearlo fue el presidente de la Xunta, Alberto Nuñez Feijóo, que solicitó hace unas semanas avanzar en los cambios normativos necesarios y planteó que se pudiera  hacer en aquellas comunidades que presenten buena situación epidemiológica y un porcentaje de vacunación contra la covid elevado.

La idea, añadía, era que aquellas comunidades autónomas que tienen un porcentaje de vacunación más alto y una "situación epidemiológica estable", como es el caso de Galicia desde hace tiempo, puedan ya retirar esa obligación.

Más allá fue el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que hace tres semanas puso fecha (“antes de que acabe el mes de junio”) a la retirada. Desde entonces, poco a poco más comunidades, como Madrid, Cataluña o Navarra, se han ido sumando a las peticiones de llegar a un acuerdo consensuado.

Por su parte, el presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, reiteró que pedirá la relajación del uso obligatorio de la mascarilla al aire libre "en el primer momento en el que haya oportunidad" en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, mientras que el consejero de Sanidad en funciones de la Comunidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, ha defendido que las decisiones sobre el uso de mascarilla en exteriores y la administración de dosis de vacunas se tomen a nivel nacional.

"Si estuviésemos en un horizonte del 50% de la población diana ya sería el momento de pensar en liberar la mascarilla, principalmente en espacios exteriores", ha indicado Escudero, que apuntaba al mes de julio como horizonte para conseguirlo.

Fernando Simón, también a favor

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, también se ha mostrado en reiteradas ocasiones su predisposición a relajar el uso de la mascarilla en espacios públicos “si la situación epidemiológica lo permite”. Avisaba también, eso sí,  de que “habría que hacerlo a nivel nacional”, lo que podría derivar en un nuevo choque entre las comunidades por la disparidad de criterios exhibida este lunes.

Simón puso incluso fecha a una posible retirada del uso de la mascarilla “en algunos lugares”, como los espacios al aire libre, pudiendo “dejar de ser obligatoria a mediados o finales de junio y, desde luego, durante el mes de julio”.