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María José, la pianista y pintora que no pudo sostener el vaso que le quitó la vida

La Policía ha detenido a su marido, Ángel Hernández, por ayudarla a morir dignamente. Llevaban años pidiendo que se regulase la eutanasia para no tener que enfrentarse a problemas legales. Lo han dejado todo grabado en vídeo

Ángel Hernández Pardo, detenido este miércoles por ayudar a morir a su mujer María José Carrasco
Ángel Hernández Pardo, detenido este miércoles por ayudar a morir a su mujer María José Carrasco Europa Press

“Cuanto antes, mejor”. María José Carrasco, de 62 años, quería morir. En su cama, en su casa, porque ya no podía hacerlo en ningún otro sitio. La esclerosis múltiple que la acompañaba desde hace 30 años la llevó a asentir hasta once veces ante la pregunta de su marido, Ángel Hernández, de si quería que la ayudase a suicidarse. Acto seguido, y con la ayuda de las manos de él y una pajita, María José ingería una mezcla de agua y pentobarbital sódico, un barbitúrico que en grandes cantidades provoca la muerte.

María José no podía moverse. Su marido la ayudaba a desplazarse, con ayuda de una pequeña grúa instalada en su habitación que la suspendía en el aire para que él pudiese asearla. Antes de perder la movilidad por completo, ella misma encargó el sedante que ha acabado con su sufrimiento este pasado miércoles.

A María José le gustaba pintar y tocar el piano. Desde hace años la enfermedad se había convertido en la única vida que conocía

A María José, secretaria judicial de profesión, le gustaba pintar y tocar el piano. Desde hace años, la enfermedad se había convertido en la única vida que conocía. Esas manos que tantos buenos ratos le habían dado no le han dejado ni coger el vaso con el que ha podido respirar por última vez. “Dámela, que quiero notar la ausencia definitiva de tu sufrimiento”, se despedía él en un vídeo grabado por ambos instantes antes de que María José cumpliese su último deseo.

"Él no tiene miedo, pero yo sí"

En una entrevista en El País concedida en octubre, la mujer ya manifestaba su deseo de morir lo más pronto posible y de manera digna. Los tenía claro y no había marcha atrás. “Él no tiene miedo, pero yo sí”, dijo entonces, consciente de los problemas judiciales que acarrearía a su marido por ser el cómplice de su anhelo. No se equivocaba.

Cuando ella terminó su mezcla suicida, Ángel llamó a los servicios médicos del Summa madrileño. Los efectivos se presentaron en su vivienda acompañados de la Policía. No esquivó las preguntas y les contó que le había ayudado a quitarse la vida. Los agentes, acto seguido, procedieron a su detención.

La noche del miércoles al jueves Ángel la pasó en el calabozo, a la espera de que un juez le tomase declaración y decidiese ponerlo en libertad. “A ver si así puede empezar el duelo, que está hecho polvo”, ha manifestado su abogada, Olatz Alberdi.

Ángel hizo todo lo posible para hacer que la vida de su mujer fuese lo más cómoda posible, conscientes de que la enfermedad degenerativa que la acompañaba terminaría por dejarla sin respiración

Ángel hizo todo lo que pudo para hacer que la vida de su mujer fuese lo más cómoda posible, conscientes de que la enfermedad degenerativa que la acompañaba terminaría por dejarla sin respiración, algo que no ha sucedido al final. Con los años y el deterioro, empezaron las obras en casa. Barandillas en los pasillos, tabiques tirados para facilitar su movilidad. Las puertas se convirtieron en barreras infranqueables para su silla de ruedas y el baño era un inmenso plato de ducha donde Ángel la limpiaba.

La esclerosis múltiple ataca a todos los órganos. María José estaba prácticamente ciega y sorda al morir, por eso las pulgadas de la televisión del salón crecieron para hacerle compañía junto a su marido.

Atenuante

Al igual que hiciese Ramón Sampedro, la pareja ha decidido dejar el testimonio de María José en vídeo. El fin de su calvario quedará para la posteridad. El gallego, que se quitó la vida en 1998, exculpó en su confesión a quien le había puesto los medios materiales para suicidarse. Ramona Maneiro terminó siendo absuelta por la prescripción del delito.

En España, la cooperación necesaria para el suicidio es delito, aunque puede considerarse atenuante si la persona se encuentra en un estado muy grave de salud. El artículo 143.4 del Código Penal apunta a una horquilla entre los seis meses y los dos años de cárcel, por lo que Ángel Hernández no entrará en prisión.

En España, la cooperación necesaria para el suicidio es delito, aunque puede considerarse atenuante si la persona se encuentra en un estado muy grave de salud

Las asociaciones concienciadas con situaciones como la de María José llevan años luchando por regularizar actos como el de Ángel. “Sólo puede entenderse como un acto de amor que no debería recibir ningún reproche penal. La asistencia a las personas más vulnerables es una medida de la calidad humana de una sociedad civilizada”, ha manifestado la Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente. “Exigimos a los futuros diputados que regulen y despenalicen la eutanasia urgentemente. Hacerlo se ha vuelto ya un imperativo moral”.

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