Madrid

Madrid, 'kilómetro cero' de la debacle económica: el coronavirus asfixia al comercio en el epicentro de la pandemia

Las calles del casco histórico de la capital se están convirtiendo en una sucesión de locales vacíos, persianas echadas y carteles que presagian la crisis que se cierne sobre España  

A las puertas del Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid, confluyen -o divergen- todos los caminos: exactamente, en el kilómetro cero que se ubica en la Puerta del Sol, pocas veces tan sombría como ahora. Desde este corazón -deprimido- de la capital, epicentro de la pandemia, una decena de calles van a parar hasta los confines de uno de los países más azotados por el coronavirus, asfixiando a su paso los comercios, presagiando la debacle económica que se cierne sobre España

El paisaje de las calles del casco histórico de Madrid se está convirtiendo en una sucesión de locales vacíos, persianas echadas y carteles. “Se alquila”. “Se traspasa”. “Se vende”. “Debido al decreto de estado de alarma, nos vemos obligados a cerrar. Esperamos volver a atenderles lo antes posible". “Disponible”. “Liquidación por desesperación”. “¡¿Este también ha cerrado?! Madre mía...”, lamenta un vecino a su paso por las inmediaciones de la Plaza Mayor, que ha pasado de ser uno de los enclaves más arquetípicos y concurridos de la capital a ser un espacio; a secas. Si no estuviera asfaltada, sería un erial. 

La Asociación de Comerciantes de la Plaza Mayor alerta de una caída de la facturación de un 75%. Es el dato “no oficial, aunque sí real” que barajan. “Para el comercio del entorno, es como si estuviera cerrado”, advierte en declaraciones a Vozpópuli el presidente de la asociación, Rafael Molina, algo que achaca “no solamente a la pandemia”, sino también a otras circunstancias la “gravísima destrucción del tejido empresarial” -descosido, más bien- en las inmediaciones. Y a pesar de la mejora de los datos de incidencia del virus en Madrid, el destrozo va en aumento y lo sufren en primera persona quienes cada día se atreven a abrir su negocio con el riesgo de no ingresar ni un euro.

"Liquidación por desesperación", reza el cartel colgado en un comercio de las inmediaciones de la Plaza Mayor de Madrid.
"Liquidación por desesperación", reza el cartel colgado en un comercio de las inmediaciones de la Plaza Mayor de Madrid. L.R.

En la Gran Vía "ya no se vende nada"

Ya no se vende nada… Se van a comprar al Primark, a El Corte Inglés… Pero el pequeño comercio, nada, se ha hundido completamente”, expone Luis, el dueño de uno de los pocos establecimientos -abiertos- dedicados a souvenirs en la Gran Vía, desde donde despotrica contra los gobiernos: el de Zapatero y el actual: "No están haciendo nada". Sus ventas han caído casi al 100%, aunque tiene que "paga y pagar y pagar". “O sea, una mierda”, remacha en el interior de su angosta tienda, entre figuras de flamenca, llaveros de Madrid y todo tipo de objetos con la bandera española.

Luis, propietario de una de las últimas tiendas de souvenirs que permanecen abiertas en la Gran Vía de Madrid.
Luis, propietario de una de las últimas tiendas de souvenirs que permanecen abiertas en la Gran Vía de Madrid. Clara Rodríguez

Donde antes había postales, ahora cuelgan mascarillas. Es el producto que se han visto forzadas a ofrecer muchas de estas tiendas. Algunas es lo único que venden ya. Pero ni las mascarillas salvan a los comercios de esa otra pandemia que es la crisis económica. Los maniquíes sin oficio se agolpan en el interior de los escaparates de los pasajes, en los que Madrid no es un trajín de paseantes. Entre el vaivén de viandantes, resulta raro ver a un turista. Es casi tanto como encontrar a alguien de compras, bolsa en mano. 

Entre el vaivén de viandantes, resulta raro ver a un turista por las calles de Madrid. Es casi tan extraño como encontrar a alguien de compras, bolsa en mano

Llevan ya el abrigo. A falta de casi dos meses para el invierno, todos temen la avenida del frío y un posible confinamiento que sería letal para trabajadores por cuenta propia o ajena. Los empleados de una conocida franquicia que ha clausurado su céntrico local en Gran Vía se conforman con los meses de paro que les quedan. Prefieren conservar el subsidio a perderlo por trabajar unos días en la campaña navideña: "Es lo mejor". 

Multitud de comercios de la Gran Vía de Madrid están cerrando como consecuencia del impacto del coronavirus.
Multitud de comercios de la Gran Vía de Madrid están cerrando como consecuencia del impacto del coronavirus. Clara Rodríguez

La Asociación de Comerciantes de la Plaza Mayor apunta, entre otras razones más allá del coronavirus para explicar este desastre económico, a “la dificultad que genera ir al centro”, “las obras en la calle Bailén o la Gran Vía” o el cierre al tráfico en la Puerta del Sol. “Esta zona está especialmente afectada, no ocurre en otros distritos … El que no está cerrado, está intentando mantener su actividad”, lamenta, preguntándose “si lo temporal se acabará convirtiendo en definitivo”. “La previsión es aguantar lo que se pueda y durante el tiempo que se pueda”, enfatiza antes de pedir a las administraciones un plan con el que no cuentan, pero esperan en las inmediaciones del 'kilómetro cero'.

El 'kilómetro cero' de España, en la Puerta del Sol de Madrid.
El 'kilómetro cero' de España, en la Puerta del Sol de Madrid. L.R.

"La cosa está muy jodida, me ha bajado casi un 100% la clientela"

“La cosa está muy jodida”, reconoce Fernando, uno de los dos limpiabotas a pie de la Gran Vía, donde trabaja desde hace cuatro décadas: “Me ha bajado casi un 100% la clientela”. Cuenta que antes tenía una veintena de clientes al día. Ahora, un par, con suerte. "Se conoce" que su público objetivo son personas mayores que se han contagiado del miedo a la covid-19: "Les ha dado pánico". Y entonces comienzan a reflexionar sobre el posible origen del virus en un laboratorio chino.

Fernando trabaja como limpiabotas en la Gran Vía de Madrid desde hace cuatro décadas.
Fernando trabaja como limpiabotas en la Gran Vía de Madrid desde hace cuatro décadas. Clara Rodríguez

"Lo del coronavirus son cuentos, yo no me los creo", zanja a pocos metros el dueño de una tienda de arte en la calle de los Libreros, donde es el único sin mascarilla. Acata las normas, dice, pero no las acepta "porque hay que vivir"; después de todas las muertes. En la inmensidad de Madrid, casi no queda hueco para el negacionismo: hasta un Don Quijote de la Gran Vía cumple con las medidas de seguridad para protegerse del virus.

En Madrid, hasta Don Quijote lleva puesta la mascarilla para protegerse del coronavirus.
En Madrid, hasta Don Quijote lleva puesta la mascarilla para protegerse del coronavirus. L.R.

Quizás por el afán de guardar las distancias, tampoco se ven las habituales colas para hacerse con un pedazo de ilusión en la administración de lotería Doña Manolita. Su encargada, Concha Corona, cuenta que "la bajada de ventas es muy, muy fuerte" en este momento, "aunque haya mucha falta de suerte". "Antes teníamos fila, y no tenemos", lamenta Corona: “La gente está muy reticente a venir al centro... Lo notas en el resto de las tiendas, es que no hay afluencia de público”. Ni local ni extranjero. 

"La única turista en Madrid"

Las restricciones por el coronavirus han llevado al turismo casi a su extinción en la ciudad de Madrid. Son una minoría absoluta los hoteles que mantienen la actividad, y los que lo hacen se han visto obligados a adaptarse, incluso a ofrecer sus habitaciones para ser alquiladas como oficinas. Todo vale en un sector que se hunde a causa de la pandemia: dos de cada tres establecimientos hoteleros de Madrid se encuentran cerrados

"Me siento la única turista en Madrid en este momento", afirma Teresita, una periodista procedente de Austria, impactada por el contraste entre la ciudad que conoció y la que se ha encontrado en este viaje -por motivos laborales- a España: "Sinceramente, con respecto a la última vez que la vi, está muy vacía... Todo está muy vacío, todo es muy estricto...". A pesar de las limitaciones, esta austriaca considera que "España lo está haciendo bien": "Las cosas están mejor de lo que se escucha en Europa".

La vida se abre paso entre locales cerrados en el centro de Madrid

Prácticamente, solo los grandes almacenes mantienen el brillo de sus luminosos, aguantando una crisis que ha borrado del mapa muchos de los pequeños comercios, a excepción de los que están asentados, y ni eso. Establecimientos míticos como El Tigre o el Museo del Jamón también han desistido. En el centro cierran hasta los clásicos restaurantes especializados en bocadillos de calamares.

El Tigre ha tenido que cerrar uno de sus restaurantes tras la primera oleada del coronavirus.
El Tigre ha tenido que cerrar uno de sus restaurantes tras la primera oleada del coronavirus. Clara Rodríguez

En una ciudad donde lo llamativo es no pasar desapercibido, a nadie se le escapa la pena que inunda el centro. A pesar del fúnebre espíritu que recorre la ciudad, la vida se abre paso entre locales cerrados, negocios que liquidan sus reservas y otros que casi sin público aguantan el impacto económico de las medidas de restricción por un virus que ha puesto en jaque a toda la humanidad.

Las gitanas de Sol aún colocan el romero en manos payas, las parejas se abrazan con más fuerza al atravesar la Gran Vía y las prostitutas siguen esperando en las esquinas de Montera a hombres que tardan más que  nunca. En la nueva normalidad, tampoco todo iba a ser follar

Las gitanas de Sol aún colocan el romero en manos payas, pero ya sin extranjeros a los que leerles el futuro, si es que hay, por un justiprecio improvisado. Las parejas se abrazan aun más fuerza al atravesar la Gran Vía. Los mayores celebran cada reencuentro como una victoria frente al paso del tiempo mientras los pequeños permanecen ajenos al desastre económico que se fragua a su alrededor. Ni rastro del Pato Donald, Mickey Mouse, Bob Esponja, Hello Kitty o el 'Spiderman gordo' de Plaza Mayor, allí donde los caricaturistas ya no pintan nada, porque no tienen a nadie al que dibujar.

La Plaza Mayor de Madrid, prácticamente desierta como consecuencia de la pandemia.
La Plaza Mayor de Madrid, prácticamente desierta como consecuencia de la pandemia. L.R.

Hay cosas que ni una pandemia puede cambiar. Los ‘compro oro’ continúan gritando su oficio a los cuatro vientos, pero cada vez son menos los que están dispuestos a deshacerse de uno de los metales más preciados: “He llegado a la conclusión de que la gente no tiene oro, o lo tiene bien guardado”. Entretanto, las prostitutas siguen esperando por las esquinas de Montera a hombres que tardan más que nunca en llegar, si es que lo hacen. En la nueva normalidad, tampoco todo iba a ser follar.

Una pareja pasea por la Gran Vía de Madrid.
Una pareja pasea por la Gran Vía de Madrid. Clara Rodríguez

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