Las negociaciones entre los partidos catalanes han empezado y cada formación quiere dejar claras sus condiciones y no mostrar debilidad ante el resto. ERC, que finalmente se impuso a Junts en el espectro nacionalista, decidió empezar la ronda de contactos con la CUP y no con los de Carles Puigdemont. Según explican las fuentes consultadas por Vozpópuli, esta decisión generó "malestar" en Junts, pero lo enmarcan dentro de la estrategia de ERC y aseguran que aguantarán la presión: "Nosotros no nos vamos a autoexcluir".

"Donde coincidimos todos es en que el Govern debe ser más sólido y nos tenemos que ahorrar las peleas públicas", añaden estas fuentes. Y es que uno de los argumentos que se utilizan para frenar una nueva entente entre ambas formaciones son las malas relaciones y discrepancias que exhibieron en la anterior legislatura.

Sin embargo, Junts no quiere quedar fuera de la principal institución catalana. Aunque Laura Borràs también amaga con no aceptar un Ejecutivo que no avance hacia la independencia, en Waterloo tienen claro que hay que insistir en el relato del "mandato" de las urnas, donde más del 50% del electorado ha votado, por primera vez, a partidos independentistas (eso sí, con apenas un 54% de participación).

La candidata de Junts viajó hasta Bruselas para reunirse con Puigdemont para preparar las negociaciones de cara a la reunión con ERC. El exmandatario catalán ha dejado claro que tendrá un papel protagonista en estos contactos con el fin de revalidar un gobierno de signo independentista.

Dentro del partido lo resumen así: "No queremos un gobierno con independentistas, sino un gobierno independentista", para advertir de que en la próxima legislatura deberán producirse acciones concretas que demuestren el compromiso con el plan rupturista, más allá de que, de palabra, todos se autodefinan como "independentistas".

Choque por la vicepresidencia

En este sentido, aunque Junts también intente hacer valer sus cartas, no está dispuesta a renunciar a formar parte del próximo Ejecutivo. Tampoco quieren renunciar a una vicepresidencia potente que les permita tener mucha visibilidad.

Como informó este medio, la CUP es quien pondrá las condiciones más difíciles para conformar el nuevo gobierno: con el compromiso de poner fecha a un referéndum unilateral y forzando a que haya cambios importantes en Interior y las unidades de antidisturbios de los Mossos.

En Moncloa son conscientes de ello, que ya asumen que perderán la Generalitat pese a que su candidato, Salvador Illa, ganó las elecciones. El escenario menos malo es ahora que ERC se imponga a Junts, ya que consideran que está más abierta al "diálogo" y a mantener los acuerdos en Madrid.

Precisamente este último punto es el que desde Junts intentan torpedear: como condición para el nuevo Ejecutivo quieren que ERC se comprometa a llevar a cabo una "estrategia coordinada" en la capital. El papel del portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufirán, irrita a Junts.

El dirigente de ERC se mostró partidario de priorizar un acuerdo con En Comú Podem y la CUP, en detrimento de Junts. No obstante, Oriol Junqueras ha salido al paso ante todas las voces internas que discrepan de reeditar una nueva alianza ERC-Junts. El líder republicano asegura que es imposible un acuerdo con el PSC -incluso una abstención, como avanzó este medio- y apuesta por ampliar la base independentista con una alianza a cuatro: ERC, Junts, comuns y CUP.

Los vetos cruzados entre Junts y comuns, sin embargo, complican esta operación. Aunque el ala más soberanista de Podemos ve con buenos ojos sumarse a un gobierno catalán con estos socios, Ada Colau cree que sería contraproducente para el partido a medio plazo pactar con la "derecha" que representa el partido de Carles Puigdemont.

"Aceptarán lo que sea"

Ante esta coyuntura, fuentes de En Comú Podem no muestran dudas de que los de Junts, a la hora de la verdad, "aceptarán lo que sea" con tal de mantenerse en el poder. A su juicio, tienen "decenas de miles" de cargos medios que no están dispuestos a renunciar a sus puestos. No se trata solo de la Generalitat, sino de fundaciones, organismos y demás instituciones que controlan los posconvergentes.

La carrera por las negociones acaba de empezar. La estrategia es marcar perfil propio, reivindicar las posiciones más maximalistas -que en el caso de Junts pasa por pedir un cambio en la política de ERC en Madrid y comprometerse con el plan rupturista- y llegar a un acuerdo antes de que se produzca una repetición electoral. "Si con 72 escaños llegamos a hacer las leyes de desconexión del 6 y 7 de setiembre, no se entendería que con 74 vayamos a elecciones", concluyen desde Junts.