El anonimato es uno de los principios sobre los que se sostiene buena parte de la actividad que lleva a cabo el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Y la filtración del nombre de uno de sus máximos responsables -hasta ahora en la sombra- amenaza con suponer una merma en sus capacidades, así como un riesgo en las operaciones que dependen del miembro aludido. Eso es exactamente lo que le ha ocurrido a un alto cargo de los servicios de inteligencia: su identidad se desveló en una respuesta parlamentaria a preguntas del PP. La irritación en la cúpula por el desliz es palpable y analizan las consecuencias del mismo.

Como adelantó La Información, el Gobierno desveló el nombre y apellidos del jefe de Inteligencia del CNI, considerado el número 3 del centro. De hecho, es el máximo responsable en mantener en secreto su identidad, tras la directora Paz Esteban y el secretario general, Arturo Relanzón. Su identidad figuraba en una respuesta escrita del Ejecutivo a preguntas parlamentarias del PP, en la que interrogaban sobre una reunión en Moncloa sobre el coronavirus. Un error que podría deberse a un copia y pega en el que no se eliminó la referencia al alto cargo.

Según fuentes de seguridad consultadas por Vozpópuli, el daño podría ser "irreparable". La respuesta permaneció varias horas colgadas en la página web del Congreso de los Diputados y, por lo tanto, la identidad del alto cargo al descubierto. Una información suculenta para algunos servicios de inteligencia extranjeros de escasa afinidad, una amenaza para la propia seguridad individual del afectado y un riesgo para algunas de las operaciones que él mismo supervisa bajo el anonimato.

La transición en el CNI

El CNI afronta una transición suave tras la marcha del que ha sido su director durante la última década. Paz Esteban, hasta entonces su número 2, tomó el relevo convirtiéndose en la primera mujer que asumía el cargo bajo expresa confianza de Margarita Robles. El nombramiento fue recibido con agrado entre el personal del centro, que lo consideró como "la mejor noticia" en una "línea continuista", lejos de otros nombramientos más políticos del pasado que agitaron las bases de la inteligencia española.

Transición suave, pero en la que la directora necesita estabilidad en su núcleo más cercano para afrontar las principales vías de actuación del centro. Recordemos que cada vez que se elige a un presidente del Gobierno, el CNI redacta unas líneas maestras sobre sus planes, de acuerdo a las inquietudes del máximo responsable del Ejecutivo y sus asesores. La inestabilidad política de los últimos años, con mociones de censura, meses con Gobiernos en funciones y repeticiones electorales, ha obligado a los servicios de inteligencia a redoblar esfuerzos en este sentido.

Semanas de retos para la seguridad

Las últimas semanas, además, han representado un reto para el CNI. La irrupción del coronavirus ha obligado a un despliegue policial y militar sin precedentes, al mismo tiempo que no se podían perder capacidades de investigación de otras amenazas. Prueba de ello son las detenciones de varios yihadistas o miembros afines a Daesh durante la pandemia, con operaciones destacadas en Almería y Barcelona. Las Fuerzas Armadas también se han replegado de algunas de sus misiones de forma temporal, con los consiguientes esfuerzos del centro.

La filtración ha llegado en un "momento delicado" para la seguridad nacional, aseveran las mismas fuentes. El CNI trata de medir las consecuencias del desliz, aunque posiblemente nunca sepa al cien por cien quién ha tenido acceso a una información tan sensible. Una preocupación que fundamenta la irritación de la cúpula del centro con el Gobierno.