Las plazas de Madrid y Valencia figuran en letras rojas en los despachos de Génova. Todos sus sondeos anuncian un retroceso del PP en las dos circunscripciones, tanto a escala autonómica como municipal. Un horizonte sombrío e inquietante por tratarse de dos de sus bastiones tradicionales y dos puntales simbólicos de la fuerza conservadora en el mapa territorial. Perder Madrid y Valencia sería un batacazo sin precedentes que pasaría enorme factura de cara a las generales.

A falta de un año para los comicios municipales y autonómicos, cunde la preocupación pero no el desánimo. Así se pudo constatar ayer en la fiesta que ofreció el gobierno de la Comunidad de Madrid el día de su fiesta grande, en recuerdo del 2 de mayo. Una encuesta de El país centraba corrillos y conversaciones. Había argumentos para todos los gustos. Del tremendismo a la calma. A algunos se les antojaban insuficientes las seiscientas llamadas telefónicas para averiguar el estado de ánimo de un cuerpo electoral como el de la capital de España. Otros insistían en que falta mucho tiempo y todavía no se ha percibido en la sociedad la positiva evolución de los datos económicos que, dicen en el PP, van a ir mejorando en los próximos meses. Y lo fundamental: el partido en el Gobierno no le ha puesto rostro ni apellido a los candidatos, factor fundamental en este tipo de comicios donde los cabezas de cartel ejercen un tirón decisivo a la hora del voto.

Electorado conservador

La idea general, no obstante, es que, desde las posiciones actuales, el actual esquema de poder va a experimentar una notable mutación en Madrid. Más que en el reparto de escaños, en el color del Gobierno. Se anuncia un final de las mayorías absolutas y la necesidad de pactos. Pero también se sugiere que todo dependerá, finalmente, de los índices de participación. El electorado madrileño es netamente conservador y si acude masivamente a depositar su papeleta podría reforzar el actual 'status'. Todo son cábalas, indicios, pero la tendencia se orienta hacia un mapa de convulsiones.

Ignacio González, el presidente de la Comunidad, aparecía ayer muy tranquilo y hasta sonriente. Es un hombre templado y un gran técnico. Y es consciente de que su retroceso demoscópico no va acompañado de un repunte de su rival directo. En la autonomía madrileña, el PSOE no levanta cabeza, sino todo lo contrario. En el peor de los escenarios, con el apoyo de UPyD, el PP estaría salvado. Antes que las urnas, González tiene que conseguir que Mariano Rajoy le confirme como candidato. En este aspecto, su prudencia está dando resultados. De las tiranteces iniciales entre ambos personajes se ha pasado a una relación mucho más fluida. Y la apreciación entre sus votantes experimenta un crecimiento sostenido, tanto que incluso se acerca al que consigue Esperanza Aguirre, la gran figura totémica del PP en la Comunidad. Si Montoro no se opone, el PP podría dar una sorpresa en su demarcación. Los resultados estrepitosos del líder socialista, Tomás Gómez, le avalan. No le quieren ni los suyos.

Sudoku municipal

El Ayuntamiento es un sudoku envuelto en un enigma. Sin candidato claro, demasiadas cábalas y codazos entre las tres gandes damas aspirantes (¿Botella, Aguire y Cifuentes?), el PSOE mantiene su perfil discreto pero no logra sacar cabeza para aspirar a hacerse con la sede de Cibeles.

Los estrategas del PP ponen en cuarentena los enormes resultados que consiguen en los sondeos las formaciones pequeñas tanto en Ayuntamiento como en Comunidad. Las cifras de PP y PSOE no encajan con ese despegue casi sideral de IU y UPyD. "Aquí algo está fallando, no salen las cuentas", aseguran desde Génova al analizar el sondeo de ayer. Sus trakings particulares reflejan también un avance de los minoritarios pero en forma más prudente y comedida.

Concentrado en la recuperación y económica y en el problema de Cataluña, Mariano Rajoy descree de cuanto anuncian las encuestas. "Es demasiado pronto para eso", comentan que es su respuesta cuando se le plantea esta cuestión. El 'test' de la europeas tampoco resultará muy indicativo, en opinión de estas fuentes, ya que lo que se pone en juego es la 'marca PP' y no la gestión que lleven a cabo los responsables municipales o autonómicos. "Hasta después de Navidades no habrá instrucciones desde Moncloa para abordar los comicios autonómicos", señalan. A partir de entonces, cabrán las inquietudes y se pondrán los remedios. Y, sobre todo, se designarán los nombres, que a la postre, puede ser el factor definitivo. Todo el resto, por el momento, es ruido y fuegos de artificio.