El centro de Barcelona se ha convertido en una ciudad fantasma. A la falta de turistas debido a la pandemia se le unen las duras restricciones que ha impuesto la Generalitat al sector de la restauración y la hostelería. Camareros, pinches, chefs y propietarios miran a Madrid desde la distancia y, aunque tampoco defienden abiertamente el modelo de Isabel Díaz Ayuso, sí tienen claro que el de Cataluña no ha funcionado: "Aquí tenemos la cabeza, por desgracia, en otro tema. Aquí no se lucha solo por la covid, para qué nos vamos engañar. Aquí se preocupan más de los presos, de la estelada... Nos estamos haciendo el harakiri".

Quien habla es Toni Vita, del restaurante Salsalada, en el corazón de Las Ramblas. Vita fue testigo del atentado yihadista del 17 de agosto de 2017 y tras la barra ha afrontado situaciones de toda índole. En diciembre pasado también recibió en su local a la presidenta de la Comunidad de Madrid durante su visita a Barcelona: "En Madrid ha luchado por los restauradores, también porque tiene familia en el sector, se quiso poner en la piel. Esta empatía falta aquí".

Desde que empezó todo, el 14 de marzo de 2020, el flujo de negocio ha descendido drásticamente. "Estamos en Semana Santa, hace un par de años en plantilla éramos 24 o 26 y se contrataban a extras, y actualmente por la mañana estamos dos: yo y el cocinero. El resto con ERTE en casa", abunda. El restaurante tiene una entrada por Las Ramblas y la otra, con terraza, en el Mercado de La Boquería.

En verano les dejaron montar una terraza en la céntrica vía, pero poco después les obligaron a cerrarla. "La gente de aquí viene el sábado a dar un paseo en Las Ramblas, a dar una vuelta por la Boquería, pero al ver una terraza se asustan. Los precios no son ni la mitad de lo que era antes. Aquí no teníamos ni menú, ahora sí, para la gente de aquí. El 96% de nuestro cliente era turismo de fuera de España".

Restaurante Txapela Paseo de Gracia
Restaurante Txapela Paseo de Gracia VP

Para Vito el planteamiento actual es "pan para hoy y hambre para mañana". "En el Paseo de Gracia están poniendo pivotes y a algunos restaurantes, heladerías o bares les dejan tener cuatro o cinco mesas para la gente de aquí, pero en el centro no hay nada".

Precisamente en el emblemático paseo, un poco más arriba de Plaza Cataluña, algunas tiendas permanecen abiertas, pero tampoco es lo de antes. Ni los turistas pudientes visitan las lujosas tiendas de Gucci, Versace, Rabat o Max Mara. Las únicas tiendas donde se forman colas son Stradivarius y Apple. Los bares y restaurantes que su ubican en la parte final del Paseo, que desemboca con la Plaza Cataluña, como la taberna vasca Txapela, se encuentra cerrada un miércoles al mediodía.

Pero, sin duda, la parte más golpeada por la crisis sanitaria ha sido la del centro de la Ciudad Condal. Bajando por Las Ramblas, el restaurante Maccabi, de comida judía, tiene la persiana bajada en una estampa inédita en vísperas del puente.

Restaurante judío Maccabi, en Las Ramblas
Restaurante judío Maccabi, en Las Ramblas VP

En la Plaza Real, Joana, de la Cervecería Canarias explica que las "restricciones afectan porque aquí en el centro no viene nadie": "Ya no solo los turistas, sino la gente de comarca que se acercaba a dar una vuelta los fines de semana". Y es que los confinamientos perimetrales decretados por el Govern -sin posibilidad durante semanas de salir del propio municipio- han acentuado su crítica situación.

Hostelería del ocio

Admite que "es mejor el horario continuado hasta las cinco de la tarde", aunque no soluciona el problema de "la hostelería del ocio". "De cara a la tarde y noche nosotros podríamos facturar algo... pero así no".

Inmuebles como en el que ella trabaja generan pérdidas mensuales. "La ley que pusieron, no se adapta a negocios como el nuestro. Ya no estamos hablando de que no ganamos, sino de que hay pérdidas. No han contemplado que era una zona que venía mucha gente".

Plaza Real de Barcelona
Plaza Real de Barcelona VP

Joana, prudente, dice que a "nivel de negocio" el modelo de la Comunidad de Madrid es mejor, pero que "ella no es médico". Lo que sí que pide es valentía a los políticos para que tomen decisiones: "Dos más dos son cuatro. Lógicamente, si estamos encerrados en casa no va haber contagios... Pero entonces los políticos deben asumir los costes de dejarnos cerrados, y sino dejarnos abrir. Si no se posiciones, si no asumen la responsabilidad ni dan pasos adelante, la economía se hunde".