Operación Caronte

“¿Os cargaríais a un infiel?”: las grabaciones de un mosso infiltrado que tumbó a la célula yihadista del peluquero

Un agente encubierto grabó los planes de atentar del grupo Fraternidad Islámica, que será juzgado en la Audiencia Nacional desde este lunes 

“Yo no sé cómo deciros lo que os voy a decir… ¿vosotros seríais capaces de cargaros a un kafir (infiel)?”. La pregunta cortó en seco la conversación y sumió la sala en un silencio durante varios segundos. Ante la reacción de sus acompañantes, Antonio Sáez continuó entre susurros: “Aquí, ahora, mañana, cogemos a uno. ¿Seríamos capaces?”. Lo que no sabía en ese momento Antonio, peluquero de profesión y convertido al Islam bajo la identidad de Alí, es que entre los presentes había un mosso d’Esquadra infiltrado con una grabadora oculta haciéndose pasar como uno más de la célula yihadista llamada Fraternidad Islámica.

Las grabaciones de este policía autonómico a las que ha tenido acceso Vozpópuli fueron determinantes para desarticular en marzo de 2015 esta red en la denominada Operación Caronte. El grupo estaba ubicado principalmente en Terrasa (Barcelona) y se dedicaba a captar jóvenes y fomentar el yihadismo, incluso entre menores de edad. Todos ellos se sentarán desde este lunes en el banquillo de la Audiencia Nacional acusados también de nutrir a Estado Islámico enviando terroristas a zonas de conflicto. Tres de sus integrantes fueron detenidos en Bulgaria cuando intentaban llegar a Siria. También se les imputa el deseo de realizar atentados en España. Todo ello quedó registrado en la grabadora de este mosso d'Esquadra. Estos documentos sonoros permiten conocer ahora cómo funciona por dentro uno de estos grupos islámicos radicales.

Manuscrito con los principios del grupo Fraternidad Islámica
Manuscrito con los principios del grupo Fraternidad Islámica Vozpópuli

Son horas y horas de audios en las que el agente, bajo una identidad ficticia, se convirtió en uno más del grupo encabezado por Antonio Saéz y en el que también había otros españoles conversos. También un brasileño y un menor paraguayo. Tal era la confianza que depositaron todos en este agente encubierto que, en ocasiones, le aconsejaban que tuviese cuidado porque la Policía les seguía de cerca. Se reunían en la peluquería de Antonio Sáez, en casas y en los alrededores de mezquitas locales. 

Allí compartían sus inquietudes como los avances de Estado Islámico en la guerra de Siria y sus presuntas ayudas a las poblaciones que conquistaban. Hacían comentarios sobre política internacional y acusaban a Coca-Cola de invertir su dinero en armas o se deleitaban compartiendo las leyendas sobre jefes históricos de Al Qaeda. Pero también verbalizaban su deseo de pasar a la acción. “Cogemos a uno. Si se hace, a uno. Grabarlo, ponerle el traje que se le pone (...) y entrevistarle (...) Y eso se cuelga (en Internet)”, comentó Alí a sus compañeros.

Ante tales afirmaciones, el mosso, sin perder la calma, le formulaba diversas preguntas para conocer el estado de maduración de sus planes. Le pedía datos sobre un posible objetivo o su lugar de residencia. “Todo, todo, todo, y dónde vive y la edad, todo, todo (...) tu déjame”, le respondía Alí, quien ya tenía pensado hasta el lugar en el que perpetrar la acción terrorista: “una habitación como esta. Con esto negro. Ponte esto. Ponte aquí y ya está, con una cámara”. Antonio Sáez estaba decidido a actuar, pero advertía de que había que pensar bien las consecuencias ("Yo quiero hacerlo, hay que pensar bien") como quedó registrado en otra de las conversaciones internas.

La Fiscalía estará representada durante el juicio por la coordinadora del Ministerio Público contra el terrorismo yihadista, Dolores Delgado. Según su escrito de acusación, Antonio Sáez les propuso a sus compañeros secuestrar a la directora de una sucursal bancaria. Además, la célula recabó información y tomó fotos sobre el Parlamento de Cataluña, la Comisaría de los Mossos ubicada en la Plaza de España de Barcelona y el Hotel Arts, ubicado en el Puerto Olímpico de la ciudad condal. También mostraron interés en una sinagoga y una librería judía. 

Alí llegó a realizar pruebas con material explosivo. En la casa del peluquero los agentes se incautaron de numerosa documentación, libros y escritos de autores radicales (también había comunicados de ETA). En una de las libretas, en una hoja manuscrita, había anotaciones sobre cómo fabricar explosivos caseros. Por su parte, en el domicilio de otro de los integrantes del grupo, el también converso Jacobo Orellana, alias Yacoub, encontraron un total de veinticinco sacos vacíos de productos químicos. El contenido original de los sacos era cal, sulfato amónico, nitrato amónico, sulfato de potasa, cloruro de potasa y azufre. Orellana, cuando pasó a declarar ante el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, alegó que pensaba que eso era para cuidar el campo. 

Durante su declaración ante el magistrado y la fiscal Delgado, Orellana fue mucho más hablador que el resto de sus compañeros, empezando por Antonio Sáez, que sólo contestó unas pocas preguntas de su abogada y dijo que cobraba una prestación de la Generalitat. Orellana, en cambio, aceptó contestar todas las preguntas que le formularon y reconoció ante el magistrado que varios de sus compañeros tenían la intención de acudir a combatir a Siria (luego desde prisión mandó una carta al juez ofreciendo colaboración). De este modo tiró por tierra la coartada de Taofiq Mouhouch, Kayke Luan Ribeiro Guimaraes, converso brasileño rebautizado como Hakimy Mohamed El Gharbi.

Los tres se pusieron de acuerdo para decir que cuando fueron detenidos en Bulgaria camino del califato tenían la intención de montar una tienda de ropa en Turquía. Aunque sobre ellos pesaba una orden de detención internacional cursada por las autoridades españolas, lograron cruzar en un Peugeot gris hasta cinco países. En dos ellos, Hungría y Rumanía, llegaron a ser interrogados por la Policía sin que eso les impidiese seguir su camino.    

Documento con instrucciones para fabricar explosivos
Documento con instrucciones para fabricar explosivos

La Operación Caronte no estuvo exenta de las complicaciones propias de este tipo de investigaciones. Pero además fue el escenario de un enfrentamiento directo entre los Mossos d'Esquadra y la Policía Nacional. Los primeros denunciaron ante el juez que los segundos habían dado el soplo a uno de los miembros de la célula para avisarle de que estaban siendo investigados. A juicio de la Policía autonómica, eso puso en peligro no sólo la integridad del agente infiltrado en el grupo sino el desarrollo de toda la operación. El juez Pedraz archivó por dos veces esta denuncia, pero aquello supuso el principio de una desconfianza entre cuerpos que se apreció con total nitidez tras los atentados de Barcelona y Cambrils del pasado verano. Fuentes de la lucha antiterrorista aseguran que desde la Operación Caronte hay operativos de ambos cuerpos que todavía no se hablan.   

La fiscal Delgado documenta así el episodio: "El día 7 de noviembre de 2014, durante el transcurso de una reunión informal de varios de los miembros pertenecientes a la célula en el local comercial regentado por Taofiq Mouhouch, se personó Rida Hazem acompañado de dos conversos españoles residentes en la localidad de Mataró (Barcelona). Los conversos advirtieron a los asistentes de que un policía les ha abordado y les ha dicho que los Mossos d'Esquadra estaban investigando las actividades de la célula y a sus miembros, y que en el plazo corto les detendrían". El presunto chivatazo no impidió que al final acabasen todos detenidos menos uno, en paradero desconocido y al que se le ubica en Siria o Irak.

La actividad de este grupo se juzgará desde este lunes ante la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. La Fiscalía pide una pena de 19 años de cárcel para los cabecillas de la célula: Antonio Sáez, Rida Hazem y Lahcem Zamzami. Solicita una condena de diez años para los tres arrestados en Bulgaria y siete años para otros cuatro procesados, entre ellos Jacobo Orellana.

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