El mayor despliegue militar en la historia reciente de España se libró dentro de nuestras fronteras. La lucha contra la pandemia dio pie a la Operación Balmis, bajo la que se desarrollaron más de 20.000 intervenciones relacionadas con la desinfección, seguridad, protección de infraestructuras y apoyo sanitario o logístico. Un contexto en el que la aceptación de la población civil era el principal variable en el planeamiento de la misión. Por eso, las Fuerzas Armadas recurrieron a todos los medios a su alcance para estudiar el impacto de sus intervenciones entre la población civil, incluido el rastreo de las redes sociales.

El Informe Operación Balmis, escrito por el Mando de Operaciones -encargado de planear y ejecutar el despliegue contra el coronavirus en los peores compases de la pandemia- da cuenta de esta actuación en redes sociales. El documento destaca “la gran utilidad” de la información pública contenida en las redes, tanto en sentido positivo como negativo, para planear los despliegues en determinadas regiones o localidades.

La monitorización corrió a cargo del Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE), órgano responsable del “planeamiento, la dirección, la coordinación, el control y la ejecución de las acciones conducentes a asegurar la libertad de acción de las Fuerzas Armadas en el ámbito ciberespacial”. Orgánicamente depende del Estado Mayor de la Defensa, cuya jefatura ostentaba entonces el general del Aire Miguel Ángel Villarroya.

“Desde el inicio de la operación, en sus informes semanales, el MCCE ha remitido información muy relevante con respecto a la actividad en redes sociales relacionada con la Operación Balmis y la intervención de las Fuerzas Armadas en tareas circunscritas a la misma”, señala el informe. Una información que permitió “comprender el apoyo general de la población española”, por un lado, y por el otro, “identificar narrativas contrarias al desarrollo de la operación”.

Las Fuerzas Armadas en las redes

El informe no cita casos concretos en un sentido o en el contrario. Basta con echar un vistazo a las redes durante esas fechas para encontrar que la mayoría de los mensajes eran positivos, aunque también hubo sonoras excepciones; principalmente, por colectivos antisistema o por partidos independentistas. Como ejemplo, los mensajes que difundía EH Bildu en Twitter en los que protestaba contra la presencia del Ejército en Pamplona, con vídeos en los que se escuchaban pitidos o caceroladas.

“La contribución del MCCE desde esta perspectiva, proporcionando alerta temprana sobre la difusión de mensajes negativos a actividades particulares en algunas localidades o regiones, permite modular la construcción de narrativas propias cuya diseminación se puede efectuar a través de redes sociales o las múltiples entrevistas que se realizan al personal militar”, analiza el informe. Un esfuerzo del personal del MCCE que se detrae de otras funciones habituales, aunque el “beneficio operativo de la información extraída no es desdeñable si es convenientemente explotada”.

Como contó Vozpópuli, este informe de 500 páginas desglosa las intervenciones que se llevaron a cabo en los primeros compases de la pandemia, con un análisis pormenorizado del despliegue en cada región. El Mando de Operaciones establece un promedio nacional de 5,05 intervenciones por cada 10.000 habitantes. Cataluña y País Vasco, con una media de 0,6 y 0,18, están en la parte más baja de la tabla: el protocolo dictaba que eran las autonomías las que debían pedir el apoyo de las Fuerzas Armadas para hacer frente al coronavirus.

En el análisis de la información pública también se determinó las “vulnerabilidades” derivadas “del mundo cibernético o la influencia de las campañas de desinformación o engaño a la población”: “Todos estos factores adelantaban que la lucha contra este adversario era un reto para las Fuerzas Armadas”.

Por eso, el informe señala la necesidad de “ser más eficaces” en la “defensa de nuestras redes” y en la vigilancia de las “acciones de desinformación”: “Existe margen de mejora en el análisis de redes sociales con el objetivo de saber qué mensajes y narrativas por parte de las Fuerzas Armadas están teniendo acogida positiva o negativa para ser capaces de adaptarnos y conseguir el máximo beneficio de la percepción de la misión”.

Análisis de medios

No sólo redes sociales. En un apéndice, el documento desglosa el impacto que tuvo el despliegue de las Fuerzas Armadas en la prensa-en sus diferentes formatos. En total se detectaron 8.036 “ítems” en los medios de comunicación. De acuerdo a las estimaciones ofrecidas, las diferentes publicaciones acumularon un total de 918.600.586 lectores, oyentes o espectadores: “En valor económico, este impacto se traduce en 60.131.432 euros”.

Durante las primeras semanas del despliegue se registró el mayor impacto en la prensa: “La presencia de las Fuerzas Armadas en medios de comunicación ha ido descendiendo progresivamente coincidiendo, de forma aproximada, con el fin de las comparecencias del JEMAD, general del Aire Miguel Ángel Villarroya, en rueda de prensa diaria”.

El documento concluye que ha habido una “amplia presencia” de los miembros de las Fuerzas Armadas en los medios, trasladando a la sociedad a través de entrevistas y reportajes la labor diaria de la operación: “La valoración general de esta presencia ha sido muy positiva”.