Nueve familias de terroristas yihadistas afincadas en España cuentan sus historias. Narran cómo viven el proceso de radicalización de sus familiares. Hablan de cuáles son sus reacciones y las posteriores secuelas para todos los miembros del hogar. Todo ello se recoge en un exhaustivo informe publicado por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en colaboración con la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.

Estas historias han sido recopiladas por alumnos de Periodismo de la UNAV bajo la dirección de la profesora María Jiménez, periodista y doctora en Comunicación. En conversación con Vozpópuli, la directora del estudio, que lleva por título “Nueve testimonios sobre la radicalización yihadista: la perspectiva del núcleo familiar”, cuenta que en siete de los casos las familias tienen una perspectiva crítica hacia los familiares radicalizados pero en otros dos presentan una mirada comprensiva hacia ellos. Todos los testimonios se han dejado en el anonimato por motivos obvios.

Ninguno de los nueve casos tiene desperdicio. Habla el hermano de un terrorista que abandonó de súbito a su familia para unirse a las filas del Estado Islámico en Siria. Cuando en 2017 una bomba mató a su segunda esposa y su hijo, anunció a sus familiares que volvía a casa, pero nunca más han sabido qué le ocurrió. Se cuentan los casos de dos mujeres, hijas de inmigrantes marroquíes instalados en España, a las que sus progenitores radicalizados concertaron matrimonios forzosos. Ambas tuvieron que huir. Una de ellas detalla que "cogí el primer tren que salía del municipio en el que vivía y me colé hasta la siguiente parada, en la que había un revisor y bajé". La otra recuerda que consiguió marcharse gracias a la ayuda de una profesora del instituto.

"¿Mi padre es un yihadista?"

Uno de los entrevistados no podía creerse quién era en realidad su padre. "Me dije: '¿O sea, que mi padre es un yihadista?'. Esa gente mala que yo veo en la tele, pensar que mi padre es uno de ellos… fue bastante impactante. De hecho, lo pasé bastante mal". También aparecen dos jóvenes que exponen cómo el hombre al que querían les intentó adoctrinar. Uno de ellos narra que un día su madre lo encontró descompuesto. El motivo es que el progenitor le había enseñado vídeos del Estado Islámico en los que “degollaban a los infieles y los mártires se inmolaban porque los musulmanes tenemos la obligación de hacer la yihad”.

"Yo decía que no lo quería ver porque era pequeño y tenía pesadillas. Él me decía: 'Da igual, cállate, siéntate y mira'. Luego me preguntaba: '¿Qué te ha parecido?'. Yo le decía que no me parecía bien. 'Pues te lo tiene que parecer porque esta gente es buena' .Yo respondía que cómo iba a ser buena si mata-
ban. Él me convencía y al final yo decía: 'Bueno, si tú lo dices…'”
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También aparecen quienes mantienen la fe ciega en su familiar aunque haya sido condenado por terrorismo. Como la esposa de uno de ellos que no sólo lo comprende, sino que lo justifica con palabras como estas: "También hay cristianos que salen a la calle, violan, matan, asesinan y también son terroristas. Así los llamamos nosotros, pero el Gobierno, no: los llama 'dementes', o que tienen problemas mentales o alguna falta de cariño de nacimiento… Siempre le ponen algún tipo de nombre a estos actos".

Miedo o más radicalización

Jiménez agrega que "en el fondo son historias de cómo se desmorona una familia porque uno de sus miembros ha abrazado una visión extremista o salafista de la religión que ha tenido consecuencias en la vida cotidiana de todos los demás". Lo más común que han detectado los hacedores del estudio entre las familias donde son críticos con la radicalización es el miedo. "Miedo a represalias, a que salgan de prisión o a que las puedan encontrar en el caso de las mujeres que han huido". Y también temor a lo que les ocurra a los yihadistas, como en el citado caso del desconsolado hermano del hombre que de repente se esfumó para irse a luchar con el Estado Islámico. Las secuelas cobran formas muy distintas. Por ejemplo, una de sus hijas dejó de hablar de forma tan repentina cuando él se marchó.

En los casos donde adoptan una postura comprensiva hacia el terrorista las cosas son bien distintas. Explica Jiménez que estos parientes "consideran que su familiar está encarcelado de forma injusta, dicen que es un montaje y se radicalizan ellos también, porque, por ejemplo, en uno de los casos la esposa tiene un discurso que se parece mucho al de su marido encarcelado".

El informe señala que los individuos radicalizados "parten de un desconocimiento doctrinal del islam y de una vivencia de la religión limitada hasta entonces al ámbito cultural"

¿Cómo se radicaliza en el yihadismo alguien en España? Este estudio señala en sus conclusiones como uno de los factores decisivos la aparición de un agente de radicalización. Alguien relevante en la comunidad musulmana, como un imán o un líder comunitario, impone su visión radical a algunos de sus seguidores. Para ello, se aprovecha de su ignorancia. El informe apunta que los individuos radicalizados "parten de un desconocimiento doctrinal del islam y de una vivencia de la religión limitada hasta entonces al ámbito cultural".

También es común que una persona se radicalice a raíz de un punto de inflexión en su vida como la muerte de un familiar o la llegada a una edad adulta. Y otro comportamiento habitual detectado por este informe del Centro Memorial y la Universidad de Navarra es que el radicalizado se convierte a su vez en agente radicalizador en su entorno más cercano. Es el caso citado de ese padre que ponía vídeos a sus hijos.

Jiménez añade que el trabajo de recopilación de estos relatos no ha sido sencillo pero ha servido a los estudiantes porque "se han enfrentado a historias complicadas que eliminan prejuicios". "Cuando escarbas las historias más allá de un titular encuentras que las cosas son más complicadas de lo que parece".