El debate sobre la experimentación con animales en los laboratorios ha resurgido recientemente por el polémico caso de Vivotecnia, la empresa que actualmente está bajo investigación por la Comunidad de Madrid tras registrarse supuestamente casos de maltrato animal en sus instalaciones.

A nivel europeo, nuestro país sigue siendo el tercero que más experimenta con animales, solo por detrás de Alemania y Francia. De los utilizados, el 80% son roedores, especialmente ratones y ratas. En cuanto a los procedimientos que se les aplican, el 5,13% son mortales, un 8,21% son severos, el 34,97% moderados y algo más de un 50% son leves.

La experimentación con animales es una práctica cada vez menos extendida: en 2019 los laboratorios españoles los utilizaron más de 800.000 veces, casi un 42% menos que diez años antes, cuando esta cifra superaba el millón. Sin embargo, todavía es necesario recurrir a ellos en determinados casos como a la hora de estudiar enfermedades raras, neurodegenerativas o para el desarrollo de terapias génicas.

Aunque la legislación vigente en nuestro país, la europea, es la más estricta y no permite hacer ensayos con animales si existen otras opciones para obtener la información, en opinión de Guillermo Repetto, presidente de Red Española para el Desarrollo de Métodos Alternativos a la Experimentación Animal (REMA) y profesor de Toxicología de la Universidad Pablo Olavide, "hace falta que desde las administraciones y las empresas se promueva el desarrollo de otros métodos que puedan utilizar los investigadores y que se dé difusión a las opciones disponibles".

Alternativas a la experimentación con animales

La primera de las alternativas encaminada a reducir la utilización de animales es que la información de los laboratorios esté disponible para que otros no tengan la necesidad de repetir experimentos. "En el ámbito regulador eso ya se está obligando a hacer. Cuando las empresas presentan un dossier para la autorización de un determinado producto ya se les obliga a que compartan la información que hayan obtenido con animales", explica Repetto en conversación con Vozpópuli.

La segunda opción consiste en utilizar modelos predictivos computacionales que permiten prever cuáles serían los efectos que las sustancias provocan en las personas. Aunque no son totalmente exactos, dan una información "bastante válida". "Incluso en el caso de que fuera necesario hacer experimentos con animales ya se parte de mucha información. Sería utilizar el animal para confirmar cosas, no para empezar a ver qué es lo que ocurre”, apunta Repetto.

También los ensayos 'in vitro' son una alternativa a esta práctica. Estos se realizan con células u órganos de animales o de humanos y en bacterias. "También se pueden incluir algunos invertebrados, como gusanos o moscas. Son unos organismos completos que nos permiten obtener mucha información", señala el presidente de REMA.

Que no existan modelos experimentales que dan el mismo resultado no significa que no haya modelos disponibles para conocer muchas partes concretas de cómo se desarrollan las enfermedades"

Estas opciones podrían emplearse antes de llegar a experimentar con animales, "incluso en los ámbitos más complejos", defiende Repetto: "Que no existan modelos experimentales que dan el mismo resultado que se obtendría con un animal no significa que no haya modelos disponibles para conocer muchas partes concretas de cómo se desarrollan las enfermedades y de cómo se pueden tratar".

Por su parte, Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología y presidente del Comité de Ética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) subraya en declaraciones a Efe que existen aspectos de la investigación en los que no se sabe sustituir a los animales. "No habría vacunas contra la covid-19 si no hubieran pasado los análisis preclínicos en modelos animales", apunta.

Además, incide en que el empleo de animales está "estrictamente regulado" mediante un proceso de varias instancias que evalúa y autoriza la investigación. "No hay ningún animal que esté aprobado cuyo uso sea redundante, gratuito o no esté justificado. Hay que razonar su uso y aportar pruebas de que no existen métodos alternativos que estén validados", asegura.