Pepe Reina grita eufórico en un escenario de la plaza de Colón rodeado de banderas de España. Abajo, miles de personas con camisetas y pancartas con la palabra “Podemos”, le contestan con un “Sí, se puede”. Con ojos de 2021, dan ganas de ir marcando el 091 ante un posible altercado, en 2008, era la mayor fiesta de la historia del fútbol español.

Hace 13 años la Selección española de fútbol ganó la Eurocopa y un día más tarde, Reina, portero del Liverpool, habría sido el más votado en la encuesta del preferido de los españoles para tomar unas cañas por su actuación como animador del festejo de Colón.

Antes de aquella victoria, el fútbol ya se había colado en los discursos políticos y Zapatero fue reelegido en el mes de marzo negando la crisis con alusiones balompédicas, “el Gobierno ha situado a España en la Champions League de la economía mundial”, mencionó un 11 de septiembre de 2007.  El presidente del Gobierno había convertido en un tabú la palabra “crisis” mientras medio mundo conocía las “hipotecas subprime”, Lehman Brothers o Blackstone como las primeras fichas de dominó del mayor cataclismo económico desde el crack de 1929.

El último día de junio, Reina atosigaba con sus rimas a un camarero imaginario, mientras una generación entraba en la universidad festejando la primera victoria de España. Lo más parecido a la gloria para ese grupo que sería bautizado como millennial, era un gol en el último minuto de Alfonso contra Yugoslavia y la rabia de lo que pudo haber sido el mundial del robo en Corea.

Esos mismos millennials reían con programas y series que caricaturizaban a pringados mileuristas, que vivían con sus padres pasados los 25 años; y que en el caso de emanciparse no podían permitirse una hipoteca, y se veían obligados a pagar un alquiler de 600 euros por un piso de 70 metros cuadrados. 

Durante aquel mes, España coreó el lema “Podemos”, importado por Cuatro del slogan de un senador negro que tuvo el sueño de presidir Estados Unidos. Como este verano, en el banquillo de la Roja había un entrenador antipático que torcía el gesto a los periodistas, y que como ahora había dejado en casa al capitán del Real Madrid y de la selección española. La hecatombe de vacas sagradas y la discreta clasificación al europeo se cobró en portadas y editoriales que pedían la dimisión de Luis Aragonés. 

Las ruedas de prensa se jugaban a la defensiva mientras que la sonrisa aparecía en el campo, con un plantilla de bajitos que practicaba un juego alegre de toque preciso y presión rápida. Copiando el buen ambiente de la selección de baloncesto, ganadora del mundial en 2006, los jugadores también se mostraban más cercanos que en anteriores torneos, y se prestaban a juegos como el que les propuso Jordi Évole, todavía ‘el Follonero’, de infiltrar una cámara en la concentración.

Esto es de listos. Les digo yo que ya le han echado y le echan otra vez porque se calienta como la madre que le parió

Luis Aragonés, seleccionador nacional en 2008

El torneo que cambió la historia reciente del fútbol español tuvo goleadas, una tanda de penaltis contra la campeona del mundo, Italia, en cuartos en la que volvió a aparecer Casillas, muchos goles de Villa y el de Torres en la final contra la Alemania de Ballack y Schweinsteiger. "El rubio del nombre tan raro” al que Aragonés insistía en provocar para conseguir que le expulsaran:  “Le decimos alguna cosita que no le guste. Esto es de listos. Les digo yo que ya le han echado y le echan otra vez porque se calienta como la madre que le parió".

El show de Reina parecía no tener fin en Colón como el bipartidismo en el Congreso. En aquellas elecciones, PP y PSOE obtuvieron 322 de los 350 diputados del Congreso. El bipartidismo jamás tuvo ni volvería a tener tanta fuerza. Pero en el país que se negaba a estar en crisis, tres treintañeros comenzaban a enfocar sus carreras: un abogado de Barcelona había pescado tres diputados en el Parlament catalán presentándose desnudo en los carteles electorales, y aquel verano reflexionaba sobre el fracaso en su primer intento en las generales y en la cámara andaluza; un diputado vasco del PP registraba una moción en el congreso del partido en Valencia para limitar los acuerdos con los partidos nacionalistas; y un politólogo madrileño conseguía un doctorado en la Complutense.

Finalmente, el 8 de julio de 2008, Zapatero mencionó la palabra crisis. Trece años más tarde,  la generación que entraba en la universidad cuando Reina caía bien a todo el mundo, empieza a tener hijos, vive de alquiler en pisos de 70 metros cuadrados a 1.300 euros de media, y sueñan con tener un contrato mileurista.