Se les considera “un peligro para la seguridad nacional”. Aprovechando su condición de líderes religiosos, explotaron vectores de radicalismo tratando de captar a personas afines con argumentos próximos al Estado Islámico y Al Qaeda. Los tribunales decretaron la expulsión de varios imanes a lo largo de 2020, pero las medidas no se llegaron a ejecutar en el transcurso del año. Un escenario que contrasta con las cuatro expulsiones que se llevaron a cabo a lo largo de 2019. El motivo que frustró la adopción de estas medidas fue la irrupción de la pandemia y los cierres de frontera que se decretaron con motivo del coronavirus.

A lo largo de 2020 se registraron tres episodios destacados con imanes radicalizados como protagonistas. El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo discurre sobre estos sucesos en su Balance del terrorismo en España, que edita de forma anual: “Son el reflejo nacional del debate abierto en Europa acerca del papel de algunos imanes en la extensión de interpretaciones radicales del islam que chocan con los valores en los que se asientan las sociedades europeas”.

El primero de ellos tuvo lugar en febrero, poco antes de que estallase la pandemia, cuando la Audiencia Nacional acordó la expulsión de España por un periodo de diez años de un imán de origen pakistaní que residía en Lleida. Detenido en 2016 junto a sus dos hermanos, el tribunal avaló su expulsión por suponer una amenaza para la seguridad nacional. Se consideró probado que desde que se asentó en España había realizado actividades de “adoctrinamiento y captación” de “manera continua”.

Los informes de la Guardia Civil detallaban que el imán aprovechaba su condición de líder en una mezquita de Lleida para difundir contenidos yihadistas y publicaciones en las que animaba a “realizar la yihad armada”. También “realizaba labores de autoadoctrinamiento” y “almacenaba contenido” de Al Qaeda, Estado Islámico y grupos terroristas pakistaníes.

Imanes de Ceuta y Getafe

El segundo episodio sucedió en julio. La Audiencia Nacional ratificó la expulsión de otro imán -también por diez años- de nacionalidad marroquí y asentado en Ceuta. Las pesquisas demostraron que el líder religioso predicaba en la mezquita At Tauhid de la Ciudad Autónoma mensajes extremistas y que la sharia debía cumplirse por encima de la legislación española.

El fallo judicial de la Audiencia Nacional destaca que el imán se mostró “detractor” de la “igualdad entre hombre y mujer”. Ellos tendrían derecho a controlar a sus esposas y a imponerles el uso de la “vestimenta tradicional”. Ellas tendrían prohibido realizar determinadas actividades. Marruecos le había prohibido predicar en su territorio, pero en Ceuta reunía a jóvenes ceutíes y marroquíes a los que difundía sus mensajes. Los jueces determinaron que su expulsión se basaba en “motivos imperiosos de seguridad pública”.

El tercer caso fue en Getafe, el 3 de diciembre de 2020, cuando la Policía Nacional detuvo a un imán que enseñaba en una madrasa y al que señaló como afín al Estado Islámico. Entre otros delitos relacionados con el terrorismo, se le acusó de ayudar a instalarse en España a un individuo que se había marchado a Siria para combatir en las filas de las organizaciones terroristas.

Las expulsiones

Ninguno de ellos fue expulsado de España en 2020 a causa de la pandemia, pese a las decisiones judiciales que avalaban tal decisión. Como contó Vozpópuli, en 2019 se expulsó a cuatro imanes que trataban de captar adeptos desde las mezquitas en las que predicaban, ubicadas en Ceuta, Valencia, San Agustín (Almería) y Navalmoral de la Mata (Cáceres).

El informe del Centro Memorial incide en que la expulsión de los imanes radicalizados centran un debate abierto en la Unión Europea. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, instó a crear un instituto europeo para la formación de imanes y evitar mensajes radicalizados entre sus fieles. Por el momento no existe registro comunitario sobre líderes religiosos que hayan incurrido en estas prácticas.