"Ya está pactado". Con estas tres palabras la plana mayor de ERC, empujada por las bases más nacionalistas, asegura que el nuevo Gobierno de la Generalitat será independentista. La nueva coyuntura, que es haber superado por primera vez la barrera del 50% de los votos, ha apuntalado el "nuevo relato" para reeditar y justificar un Ejecutivo con Junts. Y aunque emplacen a otras formaciones, como En Comú Podem, a sumarse a esta "vía amplia" a la independencia y al llamado 'derecho a decidir', los morados ya negaron cualquier posibilidad de dar apoyo en un Gobierno que estuviera conformado por los de Laura Borràs.

Pese a que ERC no dudó en entrar en el cuerpo a cuerpo con Junts en campaña electoral ante el temor de que una gran abstención beneficiara a sus competidores más directos en el eje identitario, nunca rompieron los puentes. Laura Borràs y Pere Aragonès se reunieron en diciembre, con el Ejecutivo de coalición ya roto, pero con la prudencia de mantener el diálogo en vista de lo que reflejaban todos los sondeos: que deberán entenderse sí o sí, y más con el veto explícito al PSC que suscribieron todos los partidos independentistas.

A diferencia de la anterior legislatura, ERC ha logrado imponerse a Junts entre las fuerzas separatistas. En este sentido, la líder de Junts ya ha avanzado que no tienen "ninguna inconveniencia" en respaldar una investidura de Pere Aragonès, pero empuja para que no busque otras alianzas que les dejen fuera de un nuevo Gobierno. Quieren mantenerse en el poder. El nuevo mantra es que "el 50% de votos" obliga a ser "escrupulosos con el mandato de las urnas" y que el Ejecutivo avance hacia la "autodeterminación y amnistía". Sin alianzas que desvíen de este objetivo o abonen el terreno a la "represión".

Esa exigencia de Junts es compartida por la dirección de ERC. Fuentes de la formación, en conversación con Vozpópuli, explican que cualquier otra fórmula es un "sudoku" y que ya "está pactado". Ahora faltará por decidir cómo se reparten las consejerías, el papel de la CUP -si están o no dispuestos a adquirir responsabilidades ejecutivas- y un programa de gobierno y de "cariz social" que los cupaires puedan aceptar. El propio Aragonès dijo en campaña electoral que quiere cerrar la investidura y Presupuestos a la vez, y por eso será necesario que Junts y CUP coincidan en los aspectos menos relacionados con la cuestión independentista como son las cuentas públicas.

División en ERC en Madrid

Pero más allá de esta reválida al Gobierno de coalición independentista, algunas voces en Madrid, del entorno de Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, creen que es más "útil" para lograr los indultos y un referéndum de autodeterminación mantener las alianzas con Podemos y el PSOE. Es decir, orillando a Junts para que sean cada vez más irrelevantes.

Los republicanos han logrado ser el principal apoyo del Gobierno de Pedro Sánchez en el Congreso. Y, pese a que los Presupuestos Generales del Estado estén ya aprobados, se seguirá requiriendo de ERC para sacar adelante leyes y medidas. Este enfoque de medio y largo alcance considera que los datos electorales muestran que hay una mayoría centrada en el "diálogo" y lejos de los "extremos", que se visualiza con el empate a 33 escaños entre PSC y ERC.

A su juicio, para no poner en riesgo la legislatura en Madrid, Sánchez aceptaría cualquier propuesta de ERC en relación a la libertad de los políticos presos y a avanzar hacia algún tipo de consulta o votación en Cataluña tras la reactivación de la Mesa de Diálogo entre gobiernos. En caso contrario, Moncloa lo pondrá difícil y, como ejemplo, ponen la decisión de la Fiscalía de este lunes de pedir la revocación del tercer grado a los presos del 1-O.

ERC podría erigirse como el único partido que ha logrado "sentar al Estado" no solo en una Mesa de diálogo sino con "resultados" evidentes para el movimiento independentista

Con estos mimbres, ERC podría erigirse como el único partido que ha logrado "sentar al Estado" no solo en una Mesa de diálogo sino con "resultados" evidentes para el movimiento independentista. Este papel de negociador les desembarazaría de una vez por todas de la presión que ejercen los posconvergentes sobre ellos. Y, a medio plazo, podría verse reforzados en las urnas sin la necesidad de gobernar con la derecha nacionalista, que con la gestión de la pandemia ya se ha demostrado hasta qué punto están divididos.

Como informó este medio, Moncloa no vería mal cualquier equilibrio que alejara a ERC de Junts y en el que el ala catalana de Podemos adquiriera un papel predominante. E Illa, pese a ser el candidato del PSC más contundente contra el nacionalismo de los últimos años, ha dejado claro que quiere "pasar página" del procés, y que esto pasa por mirar hacia delante y no excluyendo a nadie del "diálogo" a excepción de la "ultraderecha de Vox".

Esta posibilidad que tímidamente existe dentro de ERC, más abierta a aceptar "contradicciones internas" -como dijo Arnaldo Otegi, líder de EH Bildu y principal socio de ERC en Madrid- va en contra de la estrategia electoral que diseñó ERC, aunque no del papel previo a la campaña que llevan desempeñando en Madrid. No obstante, es muy difícil que prospere. El relato del 1 de octubre, explican fuentes de la formación, sigue imperando: "Están atrapados en 2017", remachan.