Enrique Herreros, al igual que José Luis Garci, habla de un mundo que ya no existe más que en su memoria. O en los libros y películas donde la Gran Vía era una sucursal de Hollywood, con 14 cines, 50 cafeterías, librerías y vendedores callejeros de plumas estilográficas y grifa. Un tiempo donde podías encontrar a la estrella futbolística del momento, Alfredo Di Stéfano, tomando cañas en la cervecería de correos.

Las estrellas de cine, fútbol, toreo o del mundo del arte y la novela estaban en el firmamento, como hoy, pero también en la calle Gran Vía. Por allí correteó durante muchos años Enrique Herreros hijo, abogado, periodista, responsable de publicidad y productor de cine. Su padre, también llamado Enrique Herreros, le enseñó todo lo que sabe, de la vida y de la profesión, como repite varias veces con su voz de Vito Corleone.

A su lado consiguió una vida de repuesto en un momento en que Míster Jordan -como bautiza a la muerte a raíz de la película 'El difunto protesta' (1941)- estuvo a punto de llevárselo. Tenía 23 años y estaba enfermo de sarampión en el Hospital de Segovia.

Afortunadamente, Herreros hijo salió de aquello y pudo dibujar una vida que da para muchas películas de esas que le gustan. Conoció a Sara Montiel, a la que descubrió su padre y quien fue su amante; a Elizabeth Taylor, que no le dejó dormir una noche por sus gemidos apasionados mientras hacía el amor a su pareja de entonces; congenió con Camilo José Cela, su "tío de provincias"; compartió huevos fritos y jamón con Pablo Picasso y Luis Miguel Dominguín; y vio el futbol con Alfredo Di Stéfano.

Vamos, que vivió a su manera como diría Sinatra. Sus 93 años de edad dan para mucho. En 'Los dos Herreros. Cuando Hollywood brillaba en la Gran Vía' (Modus Operandi), Enrique Herreros repasa algunas de sus mejores anécdotas vitales. Casi siempre acompañado de su padre, que falleció hace más de 40 años y al que recuerda todos los días de su vida. Un mundo, en definitiva, donde el cine es en blanco y negro, pero los recuerdos, para Herreros, van a todo color.

Este libro es un gran canto de amor por tu padre...

En septiembre hace ya 44 años que falleció. Todo lo que sé, lo aprendí de él. Cuando hacía la preparación universitaria cogí sarampión, tenía 23 años y casi me muero. Estuve en un hospital en Segovia y estuvo a mi lado todo el tiempo. Mi padre murió con 73 y yo tengo 93. Es raro eso de superar la edad de tu padre. Cuando alcancé los años en que murió yo seguía con mucha energía y volaba de California a Madrid, trabajando. No deparaba en mi edad porque tenía mucha fuerza.

¿Cómo fue la relación de Sara Montiel con tu padre? Fue su descubridor y amante...

A mi padre y a mí nos gustaban los mismos restaurantes, las mismas películas y los mismos amigos, pero nunca las mismas mujeres. Yo la miraba como si fuera la máquina de escribir. Además, luego se portó mal con mi padre. Mintió sobre él y según su biografía se ha tirado a todo el mundo, cosa que es mentira.

En el libro cuentas que fuiste a casa de César González Ruano y Camilo José Cela cuando eran compañeros de piso, ¿allí poco te aburrías no?

César y celopatra, los llamaban. Yo fui a entrevistar a Camilo porque era el corresponsal del canal 12 de la Habana. Pasó una cosa muy buena. El operador, Enrique Torán, estaba conmigo para grabar la entrevista con Cela. Nos quedamos sin sonido, y hubo que repetir. Camilo dijo: "Niño vete a por otro sonido, porque si no fueras hijo de tu puñetero padre os mandaba a tomar por culo". Yo le llamaba “mi tío de provincias”.

¿Es cierto que Ruano se llevaba los libros de las casas en las que estaba?

Y tanto. Luego lo confesaba en sus columnas. Ponía: "He estado en casa de fulano y me he llevado tal cosa". Yo hablaba con él con un respeto muy grande. Él preguntaba muchas veces en cartas a mi padre "cómo está el chico".

Hay un episodio en el libro en el que cuentas cómo tu padre le gastó una broma a Picasso. Estabais comiendo con Luis Miguel Dominguín unos huevos fritos con jamón y tu padre comenzaba siempre la misma frase pero sin acabarla. "Pablo, te quería pedir una cosa...". Al final Picasso pierde los estribos y pregunta que qué narices quiere tu padre y él dice: "Tocarte los muslos. Así podré decir que toqué los muslos de un gran artista".

Don Pablo se creía que mi padre le quería pedir un cuadro. Le preguntó con mala hostia andaluza. Cuando supo de qué se trataba se tronchó de risa. Luis Miguel también era genial, gran amigo nuestro. Le llamaba Pablito. Don Pablo tenía devoción por Luis Miguel. A su hijo, Miguel Bosé, lo conocí de chiquito.

Los dos Herreros con Luis Miguel Dominguín.

Una inquietud personal. Hablas de los 3 galanes del Hollywood clásico y te refieres a Clark Gable, Robert Taylor y Tyrone Power. ¿Por qué no incluiste a Humphrey Bogart?

La película que más veces he visto en mi vida es Casablanca. Bogart era actor. Estos eran figuras. Bogart era un tío feo y ellos eran guapos.

¿Cómo era Wenceslao Fernández Flórez? Fue amigo de tu padre y coincidió con él en 'La Codorniz'.

Un genio. Inventó el cachondeo del fútbol. Le he visto de lejos, quien le conocía bien era mi padre. Vivía cerca de casa. Mi padre le tenía un gran cariño.

En el libro comentas lo mal que te lo hizo pasar Elizabeth Taylor una noche...

Yo fatal. No podía dormir de los gemidos que daba mientras hacía el amor con su pareja de entonces, George Hamilton. Me llevaba maravillosamente con ella. Estuvimos con el empresario saudí Kashoggi en la finca que tenía en Marbella. Me iba a hablar con ella y hablábamos de cine. Se conocía a todos los grandes. Me habló de Rock Hudson y dijo que se acostó con él durante el rodaje de 'Gigante'.

Pero era homosexual...

Yo lo descubrí de una manera rara. Fui a cenar con Hudson en la Puerta del Sol durante la promoción de una película en España. Después de que lo dejara llamaron a mi casa diciendo que se ha puesto malo, que está fatal y que no quiere que le mire el médico del hotel. Llamé a Torroba, el médico que usábamos para las películas. Hudson había venido con un ayudante. Me fije en que la cama de él estaba desecha y la otra impoluta. Habían dormido juntos. Yo le he visto borracho y no tenía ninguna pluma. No es como los mariquitas que beben y pierden los estribos.

Dedicas varias páginas a la Gran Vía. ¿Qué tiene la Gran Vía que la hace tan especial?

Ahora mismo es como si fuera un chino y me llamas a China: no conozco esta Gran Vía. No la he pisado en 5 años. Me moriré sin verla. De todas formas, esa Gran Vía que hay ahora no va conmigo. Yo soy de la Gran Vía con 14 cines, 50 cafeterías, librerías, vendedores de plumas estilográficas y grifa. La última vez que vi la Gran Vía el Palacio de la Música estaba cerrado. Lloré. Yo ahí he visto Lo que el viento se llevó, Las cuatro plumas, La diligencia... he conocido el cine.

¿Eres un adicto a la nostalgia como José Luis Garci o Pedro García Cuartango?

Vivo en el pasado y en el presente. Con la pandemia no salgo de casa por el bicho chino ese de las narices. Trabajo aquí. Ahora estoy dedicado a sacar y ordenar los 37.000 documentos tanto míos como de mi padre que hay en nuestro archivo. Procuraré seguir vivo hasta que se acabe el archivo. Pero Míster Jordan es muy inquieto. Noto su aproximación.

Enrique Herreros hijo, con Cary Grant y Sophia Loren.

Otro elemento del pasado es cuando comentas que era fácil encontrar a Di Stéfano tomando cañas en la cervecería de Correos. Hoy los futbolistas no tienen esa cercanía...

Mi padre y yo lo conocimos y lo tratamos bastante. Una vez invité a Di Stéfano a un hotel que inauguraba en la Manga. Era una final europea entre el Inter y el Celtic. Di Stéfano iba adelantando las jugadas. Sabía lo que iba a hacer cada jugador a cada momento. Allí nos dijo que quería que el Celtic fuera el equipo contra el que jugara en su homenaje. Mi padre le veía a veces en la cervecería y le decía: "Vete Saeta, que mañana tienes que jugar". Es el mejor jugador del mundo y no el enano ese que anda por ahí -refiriéndose a Messi-. Antonio Valencia escribió una cosa preciosa: Cruyff era un buen solista, y Alfredo era director de orquesta.

Di Stéfano es el mejor jugador del mundo y no el enano ese que anda por ahí (Messi)

¿Echas de menos también el cine clásico?

El que mandaba en la Paramount me llamó porque tenía que estrenar Tiburón y El padrino 2. Tuve que ver Tiburón 20 veces. También vi la cosa esa de La guerra de las galaxias… El otro día pasaron Tiburón en la 2 como cine clásico y cambié de canal. Steven Spielberg y George Lucas se han cargado el cine.

¿Qué películas te gustaría ver antes de la llegada de Míster Jordan?

Lo que el viento se llevó, Casablanca, El bazar de las sorpresas, Los mejores años de nuestra de vida y Con faldas y a lo loco.

¿Cómo se aprende a no temer a Míster Jordan?

Qué voy a hacer. No me queda otra. Aquí estoy como en el anuncio de “o lo tomas o lo dejas”. Cuando tenía 29 años, como tú, lo último que yo pensaba era en Míster Jordan. Era tan tonto que me veía fuerte, con dinero ganado en el bolsillo. Pensaba que era inmortal. Con 29 trabajaba en la prensa ilustrada y hacía entrevistas. Fue cuando recibí a Tyrone Power en Madrid. Le hice una foto en Plaza España con Don Quijote y Sancho. Se la mandé por correo pero Míster Jordan llegó antes que la carta.