Faltan pocas horas para que el estado de alarma llegue a su fin y los españoles afrontaremos una situación que parece inédita después de tantos meses con restricciones en derecho fundamentales. Esta situación, que puede resultar deseable para mucha gente y, en especial, para comercios y hostelería, preocupa a los especialistas en Salud Pública, que creen que en algunas zonas podrían duplicarse los contagios.

Desde la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, Pablo Aldaz lo tiene claro: "Vamos a aumentar los contagios y el traspaso de variantes de una comunidad a otra". Aldaz pone el ejemplo de País Vasco, donde "los tribunales han tumbado la intención de perimetrar Euskadi, como pidió el presidente Íñigo Urkullu".

Este comunidad presenta, en estos momentos, la incidencia acumulada de casos de coronavirus más alta de toda España, 462 contagios por 100.000 habitantes los últimos 14 días. Según fuentes cercanas al Servicio de Salud vasco (Osakidetza), la proliferación de nuevas variantes, especialmente la brasileña, puede estar detrás de estos datos.

"Con el fin del cierre, mucha gente del País Vasco viajará a Navarra y Cantabria. Se puede duplicar la incidencia en estas zonas perfectamente. Estamos hablando de variantes nuevas y jóvenes, que tienden a expandirse más rápido. El cierre perimetral es clave", continúa este médico de Familia. Esta situación implica que va a haber que "secuenciar más. Hasta ahora estábamos más seguros porque estábamos cerrados, pero ahora puede haber mucho cambio con las transmisión de variantes".

Fuentes oficiales de la Consejería de Salud vasca apuntan que "en Euskadi en el entorno del 50 por ciento de las muestras de covid se identifican las variantes de preocupación, es decir, la británica, la brasileña y la sudafricana". Según Aldaz, "mucha gente de Bilbao tiene casa también en Cantabria" y estima que el aumento de contagios en España se notarán en dos semanas.

Rafael Ortí, presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva (Sempsph), apunta que lo más preocupante del fin del estado de alarma es "el levantamiento del cierre perimetral". "Esperar a junio sería tener vacunados a los mayores de 50, prácticamente todos los vulnerables, lo que se asemejaría bastante a la nueva normalidad que no tuvimos el año pasado", añade.

Ortí considera que el orden de desescalada debería haber seguido el siguiente esquema:

  • Primero, relajar medidas como el toque de queda y horario de bares y restaurantes.
  • Si no aumentan los casos tras un período de 15 días, podría haber levantamiento de cierres perimetrales.

Eso sí, este especialista en Salud Pública cree que se debería "tener en cuenta a quién ha hecho los deberes y a quién no. Murcia, Baleares, Comunidad Valenciana, con situación bastante controlada como la actual, sí se pueden permitir retrasar el toque de queda, abrir más tarde y que se reúnan más personas". "El aumento de casos se notará en 2-3 semanas. Se duplicará la incidencia dependiendo de la zona. En el País Vasco donde ya es tan alta lo veo difícil. En general, creo que mantendremos un estado de meseta gracias a la velocidad de vacunación".

Contagios en domicilios

Álvaro Torres, especialista de Salud Pública de Canarias, explica que de las medidas que afectan a derechos fundamentales, el toque de queda es el que menos eficacia probada tiene. "El toque de queda es de las medidas más difíciles de evaluar. En noviembre del año pasado, se llevó a cabo un estudio en la región de París y se comprobó que el toque de queda era eficiente para contagios en mayores de 60, curiosamente. Sin embargo, el nivel de evidencia es muy bajo".

Limitar reuniones y cierres perimetrales "está más constatado que sirven para controlar contagios. En Canarias, además, al tratarse de islas, los cierres son mucho más fáciles de controlar". De los derechos fundamentales que protege la Constitución, los más difíciles sobre los que actuar para controlar la pandemia son, según expertos en Derecho que asesoran a equipos de Salud Pública, los que protegen el culto religioso y las reuniones en domicilios. En cambio, limitar aforo en espacios cerrados como restaurantes o bares parece más sencillo.