España

El constitucionalismo catalán se desangra entre fichajes y acusaciones cruzadas

Las incorporaciones en el PP, la probable sangría de votos de Ciudadanos, la irrupción de Vox en la región o el 'revulsivo' del nombramiento de Illa por el PSC agitan la política catalana

Carlos Carrizosa, Lorena Roldán y Marina Bravo en un reciente acto en el Parlamento catalán.
Carlos Carrizosa, Lorena Roldán y Marina Bravo en un reciente acto en el Parlamento catalán. Pedro Ruiz (Cs)

El constitucionalismo catalán no atraviesa su mejor momento. A las puertas de una nueva convocatoria electoral, la competencia entre partidos ha empezado antes del inicio de la campaña del próximo 29 de enero. El fichaje por parte del PP de Lorena Roldán (Cs) y de Eva Parera (Manuel Valls) ha originado una serie de reproches y acusaciones cruzadas entre los dos partidos que hasta hace poco pretendían concurrir juntos a los comicios. 

El ganador de las últimas elecciones catalanas, Ciudadanos, busca atajar la sangría que sus propios sondeos internos vaticinan: con mantener 15 de los actuales 36 escaños sería todo un éxito, admiten en privado desde el partido. Pero ven en este movimiento del partido liderado por Alejandro Fernández un riesgo añadido para mantener la hegemonía en el centroderecha constitucionalista en la región.

Fuentes del partido aseguran a Vozpópuli que Inés Arrimadas no quiso cometer el error de las pasadas elecciones municipales al incorporar independientes -como el propio ex primer ministro Manuel Valls- a su candidatura. "Es sorprendente que el PP meta a su número dos en las listas y que Valls no pida el voto para ellos", argumentan.

Además de Parera, dos de los fieles de Valls, como son Carlos Rivadulla, presidente de Empresaris de Catalunya, y Albert Guivernau, se unirán también a las listas del PP, aunque con pocas posibilidades se salir elegidos. 

Desde Barcelona pel Canvi, en cambio, aseguran que Valls dio "libertad a todos" sus miembros para que apoyaran o se integraran a las candidaturas constitucionalistas que quisieran. Pero que el partido "no iba a dar apoyo ni se coaligará con ninguna".

El objetivo del entorno del político francés fue siempre la de unir a las principales fuerzas del constitucionalismo en una gran coalición que desbancara a los independentistas: "Intentamos que Cs se pudiera sumar, pero Cs no estaba por la labor. Pese a lanzar un mensaje por la unidad no la practicaban", explican.

Concordia 'popular'

En paralelo, el PP catalán, bajo la tutela de Fernández, basará su campaña en la "concordia". Por la derecha les acecha Vox, a quien algunas encuestas le dan casi los mismos escaños que a los populares. Cargos del partido creen que alentar la polarización solo beneficia a los "extremos" y que deben priorizar su perfil de "partido de gobierno". 

Los conservadores buscarán de este modo ser la fuerza de referencia del constitucionalismo de centroderecha y atacarán también al PSC por allanar el terreno a una nueva suerte de gobierno "tripartito" con ERC al frente. 

La visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a Barcelona para apoyar el castellano y el sector de la restauración fue toda una declaración de intenciones. En este sentido, creen que la gestión del Gobierno de coalición de la crisis sanitaria y sus consecuencias económicas les sitúa otra vez como alternativa. Por esta razón, consideran que "recuperar" parte del voto perdido en Cataluña es el primer paso.

Por su parte, Vox juega con la ventaja de la "novedad" que despierta. En esta campaña no dudará en usar los símbolos autonómicos como la senyera y señalar la "tibieza" de PP y Cs con el nacionalismo. Y el PSC ha logrado agitar la campaña con el nombramiento de Salvador Illa como presidenciable. El ministro de Sanidad tiene un perfil menos contemporizador que Miquel Iceta con el nacionalismo e irá a la caza de parte del voto que obtuvo Cs en las últimas elecciones catalanas.

Preocupación por la abstención

El otro gran 'adversario' de los partidos no independentistas es la abstención. Todos los pronósticos señalan una desmovilización del voto constitucionalista. En gran parte, se debe a que el riesgo de secesión unilateral que se vivió en el otoño caliente de 2017 ha quedado atrás, pero también a algunas decisiones de los partidos, como el hecho de que los principales activos de Cs -como Albert Rivera e Inés Arrimadas- abandonaran las instituciones catalanas. 

El contexto de pandemia tampoco ayuda. Además de estos trasvases de dirigentes, también está abierta la posibilidad de que las elecciones se aplacen si la crisis sanitaria no mejora. La campaña se antoja larga.  

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