España

Comercios que retan a 'Filomena'... a la fuerza: "No podemos cerrar, estamos asfixiados"

Son pocos los pequeños comercios de Madrid que abren la persiana en mitad del temporal. Los propietarios echan cuentas tras la pandemia y afirman: "No podemos perder más clientes".

Una mujer camina por una calle del barrio de Tetuán con los comercios cerrados por la tormenta
Una mujer camina por una calle del barrio de Tetuán con los comercios cerrados por la tormenta G. Araluce

Esquís en Plaza de Castilla. Muñecos, trineos y bolas de nieve. "¡Selfie!". Una arteria urbana libre de coches. Ríen y saltan y disfrutan; la gente se regocija con Filomena en el corazón de Madrid. Una escena que observan tras sus escaparates llenos de vaho unos comerciantes valientes, los pocos que se han atrevido a abrir sus locales en medio de la tormenta, la más violenta en décadas. Valientes, sí, pero a la fuerza. La mayoría de ellos coinciden: "No nos queda más remedio que abrir, estamos asfixiados tras meses de cierre por la pandemia".

La tormenta meteorológica pugna con la económica. Los comerciantes echan cuentas después de haber dejado atrás los cierres decretados por la pandemia del coronavirus y las cuentas que les salen son muy ajustadas. Han resistido a duras penas -"otros no pueden decir lo mismo"- y este sábado, con medio país colapsado bajo la nieve, ellos han levantado la persiana y atendido a sus clientes.

Según los datos de la Confederación Española de Comercio (CEC), las tiendas han perdido hasta el 50% de su actividad en los meses más duros del coronavirus. Una embestida dura que se lleva por delante a uno de cada dos establecimientos entre finales de 2020 y comienzos del 2021, de acuerdo a las estimaciones de la patronal. O lo que es lo mismo, el cierre de 250.000 locales, con la consecuente destrucción de 600.000 puestos de trabajo. Las secuelas son igualmente mortales en la hostelería.

Coches atrapados por el temporal en la calle Mateo Inurria
Coches atrapados por el temporal en la calle Mateo Inurria G. Araluce

"No estamos para cerrar". En Bravo Murillo, Mateo Inurria, la avenida de Asturias o el paseo de la Castellana -todas ellas desembocan en Plaza de Castilla- apenas hay algunas luces de comercios iluminadas. La camarera de un bar próximo al intercambiador -prefiere mantener el anonimato- se da "con un canto en los dientes" de trabajar hoy: "Hemos estado meses en ERTE y ahora abrimos, nos da igual la tormenta".

Hay cuatro personas tomando café en el local. Dos son trabajadores sanitarios y entre sí comentan los servicios realizados durante la jornada: no pocos resbalones que han terminado en accidente. Otro cliente, al fondo, mantiene las manos alrededor de un café humeante. Y el cuarto, en otra mesa, con una copa de balón. "Soñamos durante meses con ver a gente en el bar -afirma la trabajadora-. No podemos arriesgarnos a perder más clientes".

"Siempre abrimos"

Dependientes de otros comercios rechazan hacer declaraciones. Sobrevuela el fantasma del ERE y temen que cualquier comentario fuera de lugar se convierta en su guillotina (laboral). "¿Por qué abren en medio de la tormenta? ¿No han tenido problemas para llegar hasta aquí?". La respuesta es casi unánime: "No nos queda más remedio".

Arif trabaja en el restaurante Indian Bombay
Arif trabaja en el restaurante Indian Bombay G. Araluce

A unos metros de distancia y en una actitud receptiva se encuentra Arif, nacido en Bangladesh hace 20 años. Atiende tras la barra del restaurante Indian Bombay, en Bravo Murillo. Sonríe: "Poca gente abre, así que hoy tenemos más clientes". Esta mañana ha llegado en Metro a trabajar desde Lavapiés. Señala el medio metro de nieve que hay en la calle y afirma: "Ha sido difícil y ha habido muchos problemas". Pero presume de no cerrar "nunca": "Sólo durante la pandemia, como todos, pero desde entonces siempre abrimos".

A esas pocas tiendas abiertas se puede acceder gracias al desempeño de personas como A. y J., del Ayuntamiento de Madrid. Entre los dos cargan con un cubo lleno de sal y con sus palas despejan portales y accesos a locales. Afirman que han empezado la jornada a las siete de la mañana y a las dos del mediodía, respectivamente, y que aún les quedan "muchas horas de trabajo por delante": "Nuestra zona está junto a Plaza de Castilla y hoy hay dispositivo especial para que las calles no colapsen... o no tanto". Y apuntan con la mirada a dos vehículos sepultados por la nieve en mitad del asfalto.

La gran tormenta

Porque Madrid, a pesar de las escenas lúdicas que se viven en sus calles, vive unas jornadas extremas. El alcalde de la localidad, José Luis Martínez Almeida, pide al Gobierno "medios humanos y materiales" para lidiar con la borrasca Filomena; ayuda militar y policial que ya ha solicitado a los titulares de Defensa e Interior, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska.

El aeropuerto de Barajas permanece cerrado a cal y canto, y el temporal ha obligado a cerrar 430 carreteras principales y 50 secundarias en toda España. Pero en Plaza de Castilla, arteria principal de Madrid, unos pocos abren la persiana y ofrecen sus productos y servicios. Valientes a la fuerza frente a las inclemencias.

Una mujer posa en bañador subida a una gran bola de nieve en Plaza de Castilla
Una mujer posa en bañador subida a una gran bola de nieve en Plaza de Castilla G. Araluce

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