Más de cien mil personas han desbordado este domingo la Plaza de Colón en Madrid para clamar contra los indultos a los presos del procés que el presidente del Gobierno está a punto conceder. Convocados por Unión78, las cúpulas de PP, Ciudadanos y Vox han acudido al acto aunque se han cuidado de no coincidir en exceso. Andrés Trapiello, uno de los convocantes, ha reivindicado la “utilidad” de la concentración frente a los indultos y ha sentenciado: “Nadie es facha por decir hoy lo que decía Sánchez hace unos meses”.

Las 126.000 personas que se han concentrado en Colón –según la Policía Municipal de Almeida– han desbordado los límites de la plaza y han recibido con gritos de “¡Valiente!” a algunas de las convocantes como Rosa Díez y María San Gil. Trapiello, uno de los acusados por parte del PSOE de “revisionista”, fue el primero en hablar a los manifestantes reclamó la “utilidad” de la concentración: “Basta ya de decir un día que no se indultarán a los sediciosos catalanes y al siguiente lo contrario”.

El acto se desarrolló sin apenas incidentes, más allá del retraso de 45 minutos en el comienzo de los discursos por una avería en el generador de electricidad. La llegada del camión con el aparato de repuesto arrancó la primera gran ovación de la jornada.

Miles de banderas de España pusieron el rojo y amarillo a la plaza. Antes de comenzar oficialmente el acto, uno de los manifestantes que portaba una bandera preconstitucional fue reconvenido por los organizadores.

Otro incidente menor se produjo a las puertas de Génova 13, la todavía sede nacional del PP. Allí, Pablo Casado, a escasos 300 metros de donde se producía la concentración, compareció acompañado por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. Cuando comenzó su discurso previo a desplazarse a la manifestación fue interrumpido por uno de los presentes que le reprochó haber abandonado a los españoles en Cataluña. El resto comenzó a aplaudir y cerró el incidente con gritos de “¡Presidente, presidente!”.

Casado exhortó a Sánchez a dar marcha atrás y a renunciar a los indultos para “no vender” una parte de la soberanía de España mientras que Ayuso iba más allá y exigía al presidente del Gobierno “no comprometer” al Rey y forzarle a firmar los indultos, una parte del discurso de la presidenta madrileña en la que algunos han querido ver su tradicional ‘rebeldía’ con respecto a la oficialidad de Génova.

De hecho, cuando los dirigentes populares se han desplazado Génova abajo hacia la concentración, algunos de los convocados han abucheado al presidente popular mientras aplaudían a Ayuso.

Lo mismo ha sucedido con Inés Arrimadas, la presidenta de Ciudadanos. La líder naranja ha comparecido arropada por la cúpula del partido porque ya anunciaron que no permitirían que "Vox se apropie" de la protesta. Algo que, en vista de los abucheos que ha recibido, estaba sucediendo.

El acto ha concluido con la habitual guerra de cifras: según la delegación del Gobierno, dependiente de Moncloa, el acto solo habría congregado a 25.000 personas, cien mil menos de las que anunciaba la Policía Municipal.

Sánchez, más pendiente de Susana Díaz

La valoración del acto por parte del Gobierno ha tardado en llegar y ha sido a través de la vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Carmen Calvo. "En la plaza de Colón, lanzando proclamas de cartón piedra, no significa más que la impotencia de hacer política de la derecha española, de la ultraderecha española", ha criticado.

También la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha asegurado que la concentración de este domingo en la Plaza de Colón "demuestra la impotencia de la derecha ante la solución de los problemas".

A la misma hora que miles de personas se concentraban en Madrid, Susana Díaz votaba en las primarias andaluzas, en Los Remedios. Sánchez, decidido a aprobar los indultos por mucha manifestación en su contra, se la juega más en esas elecciones y ha movilizado a los alcaldes para evitar el triunfo de Susana Díaz, algo que le complicaría más el corto plazo que muchas protestas más como la de Colón.