"Sus dirigentes deben atreverse a mirarse al espejo y comprender que en realidad Madrid no ha votado tanto a favor de la derecha, como contra el autismo y la incompetencia del poder central". Con estas palabras, y muchas más, Juan Luis Cebrián ha cargado con dureza contra Pedro Sánchez y su Ejecutivo en una columna de opinión publicada este lunes en El País.

El exdirector de El País y expresidente del Grupo Prisa ha asegurado en su texto que el PSOE, a pesar de que actualmente gobierna, "se acerca al abismo". "Prisionero de la política errática y oportunista del Gobierno, cualquiera podría darle un empujón si se descuida: los demócratas conservadores o el emergente partido verde, que pugna por apartarse de comportamientos sectarios a medida que la dirección socialista se atrinchera en ellos", matiza.

Su tesis es que la desaparición o irrelevancia de la socialdemocracia europea, de la que "Pedro Sánchez acostumbra a presumir de que el socialismo ibérico es el último bastión socialdemócrata del continente", puede llegar a ocurrir del mismo modo en España: "Debiera ser más cauto en sus declaraciones dada la frenética sangría de votos que en las recientes elecciones autonómicas (Galicia, Euskadi, Madrid) ha experimentado; y convendría no sobrevalorar su pírrica victoria en Cataluña, toda vez que el partido más votado en esos comicios fue la abstención".

Cebrián también ensalza las figuras de dos históricos socialistas que han estado en entredicho en la cúpula actual del partido: Joaquín Leguina y Nicolás Redondo. En concreto explica que "la alegación de que lo sucedido en Madrid no es extrapolable revela el miedo y la inseguridad que permea hoy el aparato del partido, sometido hasta la irrisión a las consignas de Moncloa". En ese mismo párrafo continúa explicando que "Sus dirigentes parecen cada vez más alejados de lo que en tiempos del franquismo definíamos irónicamente como la funesta manía de pensar, tan funesta que entonces te conducía a las tinieblas exteriores. Lo mismo que ahora, pues precisamente por pensar quieren expulsar del PSOE a Joaquín Leguina, luchador histórico contra la dictadura, con un pedigrí democrático que para sí quisieran muchos en el banco azul; o a Nicolás Redondo, portador de un apellido mítico en el movimiento sindical socialista, cuyo líder no fue expulsado, que se sepa, cuando se opuso con estruendo a la reconversión industrial del Gobierno González".

Moncloa, apartada de las preocupaciones y anhelos de los ciudadanos

"Al margen las anécdotas, tan repetidas, que ponen de relieve el apartamiento de Moncloa respecto a las preocupaciones y anhelos de los ciudadanos, conviene preguntarse sobre qué debería hacer ese partido para intentar recuperar su antiguo fuste", se pregunta Cebrián, que pone el ojo en la memoria histórica del partido: "La respuesta es fácil de encontrar en su propia memoria histórica. Felipe González anunció la renuncia al marxismo del PSOE veinte años después de que lo hubiera hecho el SPD alemán. Se inauguraba así una etapa de relevancia socialdemócrata en la construcción de la democracia española. Aunque algunos no lo entiendan, este fue un movimiento verdaderamente revolucionario en la medida en que construyó un orden nuevo".

En el mismo párrafo, Cebrián utiliza un árticulo de Willy Brandt, publicado en una revista del partido dirigida por José Félix Tezanos (al que llama mercenario del poder). En el texto "Brandt definía con precisión y acierto la misión del socialismo democrático: proteger los derechos humanos mediante la construcción de una sociedad abierta que combinara el ejercicio de tres derechos fundamentales: la concepción liberal de la libertad, incluida la individual; la participación democrática; y los derechos sociales que garanticen la igualdad (de manera urgente y prioritaria la total equiparación social de hombres y mujeres)".

"El partido socialista ha sido, al menos hasta la llegada al poder de su actual equipo, un elemento esencial para la estabilidad política, el progreso y la justicia social en nuestro país. Su debilitamiento amenaza no solo su futuro, sino el de todo el sistema y el de la izquierda política en general. Sus dirigentes deben atreverse a mirarse al espejo y comprender que en realidad Madrid no ha votado tanto a favor de la derecha, como contra el autismo y la incompetencia del poder central", sentencia Cebrián.